Paisaje después de la batalla
LA HABANA, Cuba, octubre, www.cubanet.org -A comienzos de la década
pasada fue implementada en Cuba una gran operación de hipnosis política masiva y
terapia ocupacional. Esta operación se llamó “Batalla de Ideas”.
Las circunstancias parecían propicias para la euforia. El petróleo venezolano fluía hacia la Isla, el turismo estaba en ascenso y la Unión Europea guiñaba el ojo cómplice. En ese periodo fueron establecidas las Escuelas de Instructores de Arte en cada provincia, las Sedes Universitarias Municipales y las cacareadas Escuelas de Trabajadores Sociales y de Maestros Emergentes.
En 2002, fue realizado el Censo de Población y Viviendas, para lo cual adiestraron a miles de jóvenes. Luego, fue realizada la operación de cambio y sustitución de equipos eléctricos de diversos tipos. Esta formó parte de otra tarea voluntarista del “máximo líder”, denominada “revolución energética”. También se instalaron las Unidades Locales de Generación Eléctrica, conformadas por plantas micro generadoras o grupos electrógenos.
Entre 2000 y 2002, todos los sábados, se celebraba en un municipio distinto del país una concentración pública denominada “Tribuna abierta”. Para esos eventos se movilizaban todos los recursos posibles, y eran rigurosamente televisados para toda la nación.
El espacio radio-televisivo Mesa Redonda se convirtió en el estrado habitual de Castro para sus largos y sinuosos monólogos.
Cuando, a inicios de 2002, el chavismo venezolano sufrió uno de sus primeros “terremotos políticos”, el cielo se encapotó para la “batalla del derroche”. Poco tiempo después, cesaron las concentraciones públicas de los sábados. Sin embargo, fue creado un cuasi-ministerio de la “Batalla de Ideas”, y Otto Rivero Torres, un directivo proveniente de la UJC, fue designado para dirigirlo.
El principio del fin comenzó en la primavera de 2003, cuando Castro ordenó el encarcelamiento de más de setenta opositores pacíficos. Luego, firmó la sentencia expedita de muerte de tres jóvenes detenidos que intentaron secuestrar, en la rada habanera, una lancha de transportación de pasajeros.
A inicios de agosto de 2006, Fidel Castro estaba entre la vida y la muerte. También su último experimento personalista comenzaba la fase terminal.
Las Escuelas de Instructores de Arte, construidas a la carrera y con materiales de tercera o cuarta categoría, comenzaron un ciclo de depauperación. Muchos de los graduados en estas escuelas comprendieron desde hace rato que les estafaron un tiempo precioso de sus vidas.
Los trabajadores sociales se montaron en la cresta de la ola de la corrupción generalizada, y convirtieron la “revolución energética” en el gran negocio de sus vidas.
El plan de formación de maestros emergentes resultó uno de los más estrepitosos fracasos educativos en nuestra historia. El depauperado sistema educacional tuvo que llamar a las aulas a miles de profesores jubilados para cubrir el déficit. El acceso masivo a los estudios universitarios fue eliminado de raíz, llegándose al absurdo de limitar con pruebas de ingreso, incluso, la modalidad de educación a distancia.
Las facultades municipales universitarias comenzaron un proceso de cierre y fusión entre sí. Nunca estuvo garantizada la dotación de libros para las diferentes carreras en esos centros; ni siquiera llegó a completarse el claustro.
En 2009, durante la purga llevada a cabo por Raúl Castro y José Ramón Machado Ventura, en el Consejo de Estado, Otto Rivero Torres se las ingenió para salir por la puerta trasera y en “piyama”. El cuasi-ministerio de la “Batalla de Ideas”, que él dirigió para complacer la megalomanía del “comandante”, dejó pérdidas calculadas en millones de dólares. La institución fue totalmente liquidada en 2010. Sus archivos están declarados bajo el acápite R (restringido). No pueden ser revisados ni consultados. El museo de la Batalla de Ideas, ubicado en la ciudad matancera de Cárdenas, es un delirante monumento al fracaso.
El programa televisivo Mesa Redonda posee uno de los más bajos porcentajes de audiencia para un espacio de su tipo en Cuba. De manera gradual han sido eliminados los horarios y espacios en que era retransmitido. Hace unas semanas fue reducida en una hora su duración.
Por otra parte, se espera la eliminación de más subvenciones y el aumento de los impuestos para el área de la cultura, lo cual afectará a escritores y artistas.
El paisaje sociocultural de la Isla después de esta “Batalla…” es tan desolador como el que puede observarse al concluir una guerra.
Las circunstancias parecían propicias para la euforia. El petróleo venezolano fluía hacia la Isla, el turismo estaba en ascenso y la Unión Europea guiñaba el ojo cómplice. En ese periodo fueron establecidas las Escuelas de Instructores de Arte en cada provincia, las Sedes Universitarias Municipales y las cacareadas Escuelas de Trabajadores Sociales y de Maestros Emergentes.
En 2002, fue realizado el Censo de Población y Viviendas, para lo cual adiestraron a miles de jóvenes. Luego, fue realizada la operación de cambio y sustitución de equipos eléctricos de diversos tipos. Esta formó parte de otra tarea voluntarista del “máximo líder”, denominada “revolución energética”. También se instalaron las Unidades Locales de Generación Eléctrica, conformadas por plantas micro generadoras o grupos electrógenos.
Entre 2000 y 2002, todos los sábados, se celebraba en un municipio distinto del país una concentración pública denominada “Tribuna abierta”. Para esos eventos se movilizaban todos los recursos posibles, y eran rigurosamente televisados para toda la nación.
El espacio radio-televisivo Mesa Redonda se convirtió en el estrado habitual de Castro para sus largos y sinuosos monólogos.
Cuando, a inicios de 2002, el chavismo venezolano sufrió uno de sus primeros “terremotos políticos”, el cielo se encapotó para la “batalla del derroche”. Poco tiempo después, cesaron las concentraciones públicas de los sábados. Sin embargo, fue creado un cuasi-ministerio de la “Batalla de Ideas”, y Otto Rivero Torres, un directivo proveniente de la UJC, fue designado para dirigirlo.
El principio del fin comenzó en la primavera de 2003, cuando Castro ordenó el encarcelamiento de más de setenta opositores pacíficos. Luego, firmó la sentencia expedita de muerte de tres jóvenes detenidos que intentaron secuestrar, en la rada habanera, una lancha de transportación de pasajeros.
A inicios de agosto de 2006, Fidel Castro estaba entre la vida y la muerte. También su último experimento personalista comenzaba la fase terminal.
Las Escuelas de Instructores de Arte, construidas a la carrera y con materiales de tercera o cuarta categoría, comenzaron un ciclo de depauperación. Muchos de los graduados en estas escuelas comprendieron desde hace rato que les estafaron un tiempo precioso de sus vidas.
Los trabajadores sociales se montaron en la cresta de la ola de la corrupción generalizada, y convirtieron la “revolución energética” en el gran negocio de sus vidas.
El plan de formación de maestros emergentes resultó uno de los más estrepitosos fracasos educativos en nuestra historia. El depauperado sistema educacional tuvo que llamar a las aulas a miles de profesores jubilados para cubrir el déficit. El acceso masivo a los estudios universitarios fue eliminado de raíz, llegándose al absurdo de limitar con pruebas de ingreso, incluso, la modalidad de educación a distancia.
Las facultades municipales universitarias comenzaron un proceso de cierre y fusión entre sí. Nunca estuvo garantizada la dotación de libros para las diferentes carreras en esos centros; ni siquiera llegó a completarse el claustro.
En 2009, durante la purga llevada a cabo por Raúl Castro y José Ramón Machado Ventura, en el Consejo de Estado, Otto Rivero Torres se las ingenió para salir por la puerta trasera y en “piyama”. El cuasi-ministerio de la “Batalla de Ideas”, que él dirigió para complacer la megalomanía del “comandante”, dejó pérdidas calculadas en millones de dólares. La institución fue totalmente liquidada en 2010. Sus archivos están declarados bajo el acápite R (restringido). No pueden ser revisados ni consultados. El museo de la Batalla de Ideas, ubicado en la ciudad matancera de Cárdenas, es un delirante monumento al fracaso.
El programa televisivo Mesa Redonda posee uno de los más bajos porcentajes de audiencia para un espacio de su tipo en Cuba. De manera gradual han sido eliminados los horarios y espacios en que era retransmitido. Hace unas semanas fue reducida en una hora su duración.
Por otra parte, se espera la eliminación de más subvenciones y el aumento de los impuestos para el área de la cultura, lo cual afectará a escritores y artistas.
El paisaje sociocultural de la Isla después de esta “Batalla…” es tan desolador como el que puede observarse al concluir una guerra.
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