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El 23 de Octubre en la Historia de Cuba
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• 1897 -
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- Encuentro de Soroa en el
barrio Loma, Candelaria,
entre las tropas de Antonio
Maceo y las españolas del coronel Segura.
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• 1895 -
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- La Invasión Libertadora en Oriente: Avanza de
Júcaro (distrito de Santiago de
Cuba) a Guayacán (Santiago de Cuba), en total 6 leguas
recorridas.
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- En San Juan y Martínez, Pinar del Río, se levantaron en armas
para secundar la Revolución un número selecto de sanjuanenses dirigidos por el
Licenciado Lorenzo Guerra y Puente, los cuales sostuvieron fuego con las fuerzas
españolas en la loma Capitana.
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- Entraron en Martí, Matanzas, las fuerzas cubanas del general
Clotilde García destruyendo la estación del ferrocarril.
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• 1823 -
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- La Espada del Libertador.
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Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial
Trópico, 1946, páginas 599-600 nos describe los acontecimientos del 23 de
Octubre de 1823 en la Historia de Cuba:
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“Aunque la constitución de Cádiz regía en España y sus
dominios -en todas las Españas-, el estado político de Cuba en 1823 era
deplorable por todos conceptos. Para los que pensaban en la independencia de
esta Antilla la situación era caótica. Trastornos y reveses graves obstruían el
progreso. En extremo fuertes habían de ser aquellos que se sintiesen con
alientos para bregar.
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“En tanto los libertadores residentes en Cuba sufrían
persecuciones otros en tierras extrañas no daban reposo ni tregua a sus
aspiraciones. Hijos de la valentía y de la generosidad fueron los que, reunidos
en Nueva York para celebrar las victorias de Simón Bolívar sobre los ejércitos
españoles en Colombia y Venezuela, concibieron la idea de partir en busca del
Libertador, a fin de solicitar de él la ayuda necesaria para emancipar a Cuba.
El destierro, reaccionando enérgicamente sobre los individuos, había logrado
compenetrarlos. La suerte de Cuba era norte y guía de los patriotas que vagaban
por el extranjero.
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“En 23 de octubre de 1823 salieron de Nueva York, a bordo de
una goleta, entre otros, el argentino José Antonio Miralla y los cubanos Gaspar
Betancourt Cisneros, José Aniceto Iznaga, José Agustín Arango y Fructuoso del
Castillo. La empresa resultaba digna de la causa a que estaba consagrada.
Aquellos claros varones iban a impetrar el auxilio poderoso y eficaz del
Libertador. Juzgaban que la obra de emancipar a América no se hallaría completa
mientras Cuba continuase siendo preciado florón de la corona de
Castilla.
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“Miralla y sus compañeros pasaron a Venezuela. En La Guaira
encontraron al cubano Francisco Javier Yanes, hijo de Camagüey y personaje del
gobierno independiente. El se sintió conmovido, y les prometió hablar con
Bolívar y con Santander de Cuba, de su cautiverio y de la necesidad de ayudarla
a sacudir las cadenas que la ataban a la tiranía. Mucho y muy tenazmente
laboraron, a trueque de sacrificios sin cuento, los generosos patriotas. Pero
todo era inútil en la hora fatal que para Cuba corría. La cruzada, noble y
trascendental en su esencia, resultó baldía, como baldías resultaron las
gestiones posteriormente realizadas en torno al Congreso de Panamá y ante el
propio Bolívar, imposibilitado de volar en auxilio de las
Antillas.
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“De lo más complejo en la vida y obra del Libertador fue su
pensamiento acerca de la situación políticosocial de Cuba o, como el repetía, de
La Habana. Su condición de estadista lo constriñó a ver con extremada cautela
este asunto americano, sobre el que, a mayor abundamiento, pesaba la política de
las grandes potencias. La espada del Libertador era necesaria para acelerar la
emancipación de Cuba, pero el uso de ella no dependía de la sola voluntad de su
egregio dueño.
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martes, 23 de octubre de 2012
POR: GUIJE CUBA
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