Hershey: de pueblo modelo a pueblo fantasma

El central azucarero Hershey fue construido por Milton Hershey en los años 20 del siglo pasado, con el objetivo de garantizar el suministro de azúcar para su fábrica de chocolates en Pennsylvania. La legendaria “Hershey” es la compañía fabricante de chocolates más grande de Estados Unidos, y su sede matriz está situada en la ciudad homónona.
Para la construcción del batey, el propietario recreó en este territorio cubano sus experiencias traídas de Pennsylvania. Allí había fundado una ciudad, a partir de criterios urbanísticos establecidos por el movimiento de “Pueblos Modelos”. Este movimiento entró en auge a finales del siglo XIX. Entre sus premisas se planteaba una serie de facilidades comunitarias, así como el carácter autosuficiente de los conjuntos urbano-industriales. Se considera que el Hershey fue el primer central en el mundo que usó la tracción eléctrica para llevar caña a la fábrica y para transportar el azúcar hasta los puertos de embarque.

Se definieron dos zonas de viviendas: el Batey Norte, con las residencias de las clases sociales más privilegiadas, además de los servicios públicos principales; y el Batey Sur, donde estarían las viviendas de los trabajadores de menor rango.
Después del triunfo de la revolución, con la llegada de la confiscación, el Central Hershey fue rebautizado como “Camilo Cienfuegos”. Desde su fundación, este central siempre se colocó en los primeros puestos a nivel nacional, en cuanto a volumen de producción de azúcar crudo y de azúcar refino.
En 2002, como parte de la llamada “Tarea Álvaro Reynoso”, fueron paralizados el central azucarero y la refinería. Comienza así el desmantelamiento de sus edificaciones y de la casi totalidad de su equipamiento técnico. Sin embargo, sobrevivieron algunos de sus elementos más antiguos, entre los que se destaca la Casa de Carbón, construida en el año 1925, posiblemente la más antigua conservada en toda América.

Cuando estuve, recientemente, revisitando el lugar, la historiadora yo no era la misma. Tampoco lo eran el pueblo y sus gentes. Los vecinos que un inicio estuvieron más involucrados en las tareas de rescate, ya se han cansado de luchar contra la desidia e ineptitud de las autoridades. Según dicen, se han presentado proyectos de inversionistas, para la posible restauración del pueblo, así como para estudiar la viabilidad de convertirlo en una atracción turística. Sin embargo, tales propuestas han sido ignoradas. La historiadora y su familia sienten que han agotado todas las vías de soluciones posibles a su alcance.
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