miércoles, 19 de diciembre de 2012


ALEJANDRO RIOS: De Camajuaní al cielo

 
 

Artists Isabel and Ruben Toledo, posed in the gallery with some of their dressess during the opening of their show titled " Full Circle" at The Freedom Tower Museum at Miami Dade College in downtown Miami.. Wednesday, December 05, 2012.
Artists Isabel and Ruben Toledo, posed in the gallery with some of their dressess during the opening of their show titled " Full Circle" at The Freedom Tower Museum at Miami Dade College in downtown Miami.. Wednesday, December 05, 2012. 
PEDRO PORTAL / EL NUEVO HERALD
Cuando el Presidente Barack Obama asumió su primer período presidencial la nota informativa colateral, en medio de tantas otras relevantes, era aquella que informaba sobre la autoría del vestido verde limón usado por la Primera Dama.
Isabel Toledo era el nombre de la diseñadora y hubieran sido otros 15 minutos de fama, pero sucedió que la joven era cubanoamericana, nacida en un lugar tan remoto de Washington como Camajuaní, y había arribado al sur de la Florida con sus padres a la edad de 8 años, antes de seguir viaje al norte y establecerse finalmente en Nueva York.
En el año 2011, la muestra más visitada del Museo Metropolitano de Nueva York fue la que dedicó a un ícono malogrado de la alta costura Alexander McQueen quien había cometido suicidio en el 2010.
Un año después, la misma venerable institución dio a conocer otra exhaustiva muestra sobre el arte de la moda. Schiaparelli y Prada: una conversación imposible, donde eran confrontadas las poéticas de dos vacas sagradas italianas del buen vestir, Elsa Schiaparelli y Miuccia Prada.
La información viene a colación porque aquella refugiada de Camajuaní terminó por descollar junto a su esposo, el artista Rubén Toledo, como una de las grandes promesas del desafiante mundo de la moda y ostenta, ahora mismo, una espléndida muestra de su quehacer en la exposición Toledo/Toledo: Full Circle, abierta al público en la Torre de la Libertad de Miami Dade College hasta el mes de febrero.
El día que los conocí daban los toques finales al despliegue de vestidos, patrones para hacerlos y obras de la desbordante imaginería de Rubén en dibujos y otros géneros de las artes plásticas, que lo han hecho acreedor de numerosos premios y del respeto de la industria de grandes firmas de la moda.
La primera impresión fue de una impactante cubanidad, donde los Toledo tendieron, al instante, un puente cordial y de espontánea simpatía, sin un momento predecible, y sazonado con el español cubano tan caro a mis oídos.
Confieso que no lo esperaba y así se los hice saber. La respuesta fue como una andanada de legitimidad: nacieron en Cuba, entraron por aquella misma Torre como exiliados, con sus respectivas familias, donde ahora eran tributados y están absolutamente convencidos de que el éxito en sus carreras tiene sus cimientos en nunca haber olvidado de dónde llegaron.
“Mi padre tenía una ferretería —me dijo Isabel— y yo me maravillaba al entrar y ver todas esas cosas de utilidad en la vida cotidiana. Es una filosofía que he trasladado a mis diseños. No me interesan mucho las apariencias sino toda la hechura interior, la ingeniería del buen vestir”.
“Mi madre, por su parte, me instaba a que me vistiera bonito, era su punto de vista conservador y correcto, cuando en realidad se trataba de una mujer muy independiente en su época, pues le gustaba jugar pelota”, subrayó la Toledo.
El matrimonio lleva años casados. Son ese tipo de parejas en total sintonía, donde uno comienza una frase y el otro la termina. La exhibición de la Torre de la Libertad resulta relevante por dilucidar, ante los ojos del espectador, una perseverancia estética que comienza con copias de los pasajes que trajeron aquellos niños de Cuba a la incertidumbre de una nueva vida, hasta llegar a una sección donde figuran los vestidos hechos a la Primera Dama de los Estados Unidos, entre otros éxitos alcanzados dentro del competitivo mundo de la moda donde lo importante, como dice Rubén, es insertarse.
Los Toledo aseguran que la idiosincrasia asoma en el diseño y la hechura de todo su arte. “Somos cubanos —repiten con orgullo—, no tenemos la menor duda al respecto”.

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