El dinosaurio Fernando Martínez Heredia
LA HABANA, Cuba, junio, www.cubanet.org – El no. 1 del presente año de la revista La Gaceta de Cubacontiene un dossier dedicado a la década de 1960 en Cuba. Uno de los artículos se titula “El largo año del 68”, y lleva la firma del sociólogo y ensayista Fernando Martínez Heredia. Después de ofrecer un punto de vista muy cuestionable, y por supuesto apologético, acerca de varios de los sucesos que acontecieron en ese lapso, el autor apunta que uno de los logros de la revolución de 1959 fue convertir en algo normal ciertas prácticas que emergieron en el torbellino revolucionario. Y entre esas prácticas que habrían devenido en verdades absolutas, Martínez Heredia cita “la pérdida abrumadora del prestigio de la propiedad privada”.
Más adelante, y tras referirse a las “conquistas” de la revolución que actúan como un valladar contra la posibilidad de regreso al capitalismo, el autor escribe: “En la actualidad, un buen número de relaciones sociales y valores del capitalismo compiten con los del socialismo en nuestro país, pero carecen de legitimidad”. Es decir, que para Martínez Heredia, las cafeterías, paladares y otros negocios de cuentapropistas, que han posibilitado una fuente de empleo para miles de compatriotas, y además brindado a los consumidores una opción salvadora frente al ineficiente y con frecuencia desabastecido comercio estatal, carecen de legitimidad. Y aunque no lo dijo, tal vez apelando a un residuo de pudor, es muy probable que identifique la legitimidad con la Ofensiva Revolucionaria de ese propio año 1968, esa locura émula del Gran Salto maoísta de 1958, que casi convirtió a Cuba en un desierto, donde los dueños sin rostros de la propiedad social eran incapaces de vender un simple refresco a cualquier caminante sediento.
Claro, este viraje hacia la línea dura no es privativo del señor Martínez Heredia. Últimamente, y en otras esferas de la sociedad, lo hemos constatado en varios personajes, antaño marginados, y hoy “rehabilitados” por el oficialismo. Entre ellos figuran homosexuales, creyentes, y artistas en general. Ellos no son capaces de rozar a la revolución ni con el pétalo de una flor, y en la práctica pretenden mostrarse más castristas que los propios hermanos Castro.
En el caso específico de Martínez Heredia, no hay que olvidar su pertenencia al colectivo de la revista Pensamiento Crítico, clausurada por las autoridades en 1971 debido a que su línea editorial se apartaba de la tendencia prosoviética que cobraba auge en la isla, y después el olvido en que cayó el ensayista durante toda esa década y buena parte de los años 80, hasta que la posterior política de “rectificación de errores y tendencias negativas” posibilitó la publicación de varios de sus libros. Y más recientemente, la concesión del Premio Nacional de Ciencias Sociales en el 2006, así como el haberse dedicado a su obra una de las últimas ediciones de la Feria Internacional del Libro.
Este episodio nos confirma que en cualquier recoveco podemos hallar a un dinosaurio que se oponga a los cambios en la sociedad cubana, y también podría azuzar los fantasmas de aquellos que desconfían de las intenciones de los gobernantes. Intenciones que, según estas personas, no contemplarían las reformas como un paso estratégico, sino tan solo como una maniobra táctica para capear el temporal que se abate sobre la isla.
Es sabido que en Cuba hay elementos que se oponen a los cambios económicos que tienen lugar en este momento. Por lo general se trata de figuras de la vieja guardia revolucionaria, que ven en la burocracia y el inmovilismo dos garantes del mantenimiento de sus prebendas. La voz popular califica a estos personajes de línea dura como “dinosaurios políticos”. Ahora bien, lo que no ha abundado mucho, al menos hasta el presente, es el rechazo explícito de la intelectualidad a los referidos cambios.
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