Tres arrestados por fraude masivo con prueba de Matemáticas en La Habana
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- Publicado el Jueves, 27 Junio 2013 10:10
- Por Café Fuerte

INAUGURACIÓN DEL PREUNIVERSITARIO KIM IL SUNG, EN ARROYO NARANJO, EN SEPTIEMBRE DEL 2011.
Dos profesores de la enseñanza preuniversitaria y la trabajadora de una imprenta en La Habana fueron acusados y arrestados por las autoridades cubanas por sustraer un examen final de grado y propiciar un fraude masivo entre los estudiantes con fines de lucro.
En un editorial aparecido este jueves en el diarioGranma, el gobierno cubano reconoció la acción fraudulenta cometida con un examen de Matemáticas de onceno grado en un instituto del municipio Arroyo Naranjo, y dijo que la evaluación fue anulada en los centros preuniversitarios de la capital.
La prueba se aplicó en los institutos habaneros del 11 al 18 de junio. El Ministerio de Educación informó que el examen será repetido el próximo 1ro. de julio.
"El hecho no puede verse como un incidente menor y es preciso profundizar en determinadas causas. Una vez más falla el concepto de la vigilancia y de la exigencia y se facilitan las condiciones para que un trabajador que tiene la confianza de participar en la impresión de una prueba se lleve una copia y de pie con ella a un ilícito negocio", señaló el editorial, publicado a cuatro columnas en la edición impresa.
Escándalo a viva voz
La información dijo que el caso está bajo investigación de las autoridades policiales y los resultados serán publicados al término de la pesquisa.
Los dos profesores pertenecían al claustro del preuniversitario de Arroyo Naranjo y la empleada de imprenta es del municipio Cerro. No se identificó, sin embargo, el nombre del preuniversitario ni los nombres de los encausados.
Tampoco se menciona el monto en que fue comercializado el examen. Fuentes consultadas dentro de Cuba dijeron que la prueba fue vendida entre $10 y $15 CUC.
"Este es un escándalo a viva voz en toda La Habana, no ha quedado más remedio que ponerla en el Granma",dijo María Socarrás, madre de un estudiante y residente en el barrio del Vedado.
La información sobre el fraude masivo circulaba desde hace días en La Habana y fue informada por el disidente Manuel Cuesta Morúa a la emisora Radio Martí a comienzos de esta semana.
La publicación criticó la actitud de los padres que pagaron para favorecer el fraude, y estimular el facilismo y la mentira entre sus hijos.
Una vieja historia
"No menos preocupante, sin embargo, es que algunos padres, en su afán de querer a toda costa las mejores notas para sus hijos, hayan caído en la trampa y pagado por ese fraude como si el conocimiento fuese mercancía y, lo peor de todo, que después los propios estudiantes incurriesen en la reventa, extendiéndose el fraude a no pocos municipios capitalinos", expresó el editorial.
La nota mencionó que numerosos padres han reaccionado indignados y exigen "medidas ejemplarizantes" con los responsables.
"Lamentable es que sus muchachos deban someterse al estrés de otra prueba, pero igual convendría que tuviesen claro, además, que la consagración y el esfuerzo inherentes al estudio terminan imponiéndose y que la honradez vale más, muchísimo más, que el dinero", argumentó el texto.
Aunque es inédito el reconocimiento de un fraude masivo en la enseñanza media por parte de la prensa oficial cubana, testimonios de padres y estudiantes dan cuenta de que el fenómeno está extendido desde hace décadas en el sistema escolar, en La Habana y el interior del país.
Uno de los casos históricos de fraude con pruebas de Matemáticas ocurrió en 1976 con un examen semestral de onceno grado, aplicado en institutos preuniversitarios de la antigua provincia de Las Villas. La prueba se sustrajo en un instituto en el campo ubicado en el municipio de Banao, Sancti Spíritus, y se distribuyó a lo largo del país, aunque nunca hubo evidencia de que el hecho estuviera motivado por el lucro.
A continuación se reproduce íntegramente el editorial aparecido en el diario Granma:
EL DAÑO TERRIBLE DEL FRAUDE
El sistema de educación hizo un gran esfuerzo este año en la enseñanza media superior para facilitar a los estudiantes la preparación adecuada y que cumplieran satisfactoriamente el ciclo de sus respectivos grados.
No pocas veces se ha insistido en la necesidad de que los padres velen con esmero por la educación de sus hijos. Es, al fin y al cabo, una de las cosas de las que dependerá en buena medida el futuro de ellos.
La educación y los valores promueven y edifican el conocimiento, y es lo que permite combatir actos censurables como el fraude, por ejemplo, porque lamentablemente nunca faltará quien valiéndose de artimañas, busque suplantar el esfuerzo ajeno.
El fraude, amparado en el finalismo, tiene mucho que ver con la mentira, pero sobre todo con el autoengaño. Una vez abordado el camino fácil, se obvia el daño terrible que eso ocasiona.
El fraudulento, por lo general, tiende a pensar que es muy listo, cuando en verdad es muy tonto e ignora que se puede comprar una prueba, pero no se pueden comprar los conocimientos. O que la nota verdaderamente importante es la que otorga la ética en la vida.
En ese sentido, algo siniestro ocurre cuando personas inescrupulosas, quebrantando sus principios, deciden sustraer un examen con ánimo de lucro, como lamentablemente sucedió con la prueba de Matemáticas aplicada en la capital del país, para los estudiantes de onceno grado que, detectada por las autoridades del Ministerio de Educación, fue anulada y se repetirá el próximo 1ro. de julio.
En el proceso investigativo se pudo conocer que dos profesores de un instituto pre-universitario de Arroyo Naranjo y una trabajadora de una imprenta del Cerro son responsables de estos hechos, por lo cual fueron acusados y detenidos por las autoridades policiales. Los resultados serán publicados al concluir las investigaciones.
El hecho no puede verse como un incidente menor y es preciso profundizar en determinadas causas.
Una vez más falla el concepto de la vigilancia y de la exigencia y se facilitan las condiciones para que un trabajador que tiene la confianza de participar en la impresión de una prueba se lleve una copia y de pie con ella a un ilícito negocio.
No menos preocupante, sin embargo, es que algunos padres, en su afán de querer a toda costa las mejores notas para sus hijos, hayan caído en la trampa y pagado por ese fraude como si el conocimiento fuese mercancía y, lo peor de todo, que después los propios estudiantes incurriesen en la reventa, extendiéndose el fraude a no pocos municipios capitalinos.
Numerosos padres al ser informados por el Ministerio de Educación de los hechos han reaccionado indignados y exigen con justeza que no se permitan ni el fraude ni lo ilícito y se tomen medidas ejemplarizantes con los responsables.
No es menos cierto que algunos, aunque indignados también, se han quejado de que ahora todos los estudiantes deben enfrentarse nuevamente al rigor de otro examen, pagando justos por pecadores. No deberían, porque una vez que un hecho de esta naturaleza sucede, le quita legitimidad a ese momento.
Lamentable es que sus muchachos deban someterse al estrés de otra prueba, pero igual convendría que tuviesen claro, además, que la consagración y el esfuerzo inherentes al estudio terminan imponiéndose y que la honradez vale más, muchísimo más, que el dinero.
También es justo resaltar que, a pesar de lo sucedido, la mayoría de los profesores sustentan principios que merecen respeto. La educación, a fin de cuentas, se trata de valores. Y aunque pueda parecer paradójico, no debería limitarse únicamente a la escuela.
Fidel señalaba en un discurso sobre la educación que había que ver en toda su profundidad lo que significa en cualquier joven las consecuencias de una actitud fraudulenta.
Y al respecto, decía: Imagínense, para citar un ejemplo, a un estudiante de medicina que cometa fraudes; y después tenga que ver con la atención de los ciudadanos en un hospital. Desde luego, es casi seguro que aquel que empieza copiando en el primer año, o en el segundo, no llega al último año, es casi seguro. Pero un médico en una asignatura importante, o en cualquier asignatura, que haya cometido un fraude y que no la conozca, y que después tenga en sus manos la vida de un niño, la vida de una madre, la vida de un adulto, la vida de un anciano, ese es el momento en que necesita aquello que dejó de estudiar.
El fraude y el finalismo lo único que hacen es "fabricar" un inepto.
No pocas veces se ha insistido en la necesidad de que los padres velen con esmero por la educación de sus hijos. Es, al fin y al cabo, una de las cosas de las que dependerá en buena medida el futuro de ellos.
La educación y los valores promueven y edifican el conocimiento, y es lo que permite combatir actos censurables como el fraude, por ejemplo, porque lamentablemente nunca faltará quien valiéndose de artimañas, busque suplantar el esfuerzo ajeno.
El fraude, amparado en el finalismo, tiene mucho que ver con la mentira, pero sobre todo con el autoengaño. Una vez abordado el camino fácil, se obvia el daño terrible que eso ocasiona.
El fraudulento, por lo general, tiende a pensar que es muy listo, cuando en verdad es muy tonto e ignora que se puede comprar una prueba, pero no se pueden comprar los conocimientos. O que la nota verdaderamente importante es la que otorga la ética en la vida.
En ese sentido, algo siniestro ocurre cuando personas inescrupulosas, quebrantando sus principios, deciden sustraer un examen con ánimo de lucro, como lamentablemente sucedió con la prueba de Matemáticas aplicada en la capital del país, para los estudiantes de onceno grado que, detectada por las autoridades del Ministerio de Educación, fue anulada y se repetirá el próximo 1ro. de julio.
En el proceso investigativo se pudo conocer que dos profesores de un instituto pre-universitario de Arroyo Naranjo y una trabajadora de una imprenta del Cerro son responsables de estos hechos, por lo cual fueron acusados y detenidos por las autoridades policiales. Los resultados serán publicados al concluir las investigaciones.
El hecho no puede verse como un incidente menor y es preciso profundizar en determinadas causas.
Una vez más falla el concepto de la vigilancia y de la exigencia y se facilitan las condiciones para que un trabajador que tiene la confianza de participar en la impresión de una prueba se lleve una copia y de pie con ella a un ilícito negocio.
No menos preocupante, sin embargo, es que algunos padres, en su afán de querer a toda costa las mejores notas para sus hijos, hayan caído en la trampa y pagado por ese fraude como si el conocimiento fuese mercancía y, lo peor de todo, que después los propios estudiantes incurriesen en la reventa, extendiéndose el fraude a no pocos municipios capitalinos.
Numerosos padres al ser informados por el Ministerio de Educación de los hechos han reaccionado indignados y exigen con justeza que no se permitan ni el fraude ni lo ilícito y se tomen medidas ejemplarizantes con los responsables.
No es menos cierto que algunos, aunque indignados también, se han quejado de que ahora todos los estudiantes deben enfrentarse nuevamente al rigor de otro examen, pagando justos por pecadores. No deberían, porque una vez que un hecho de esta naturaleza sucede, le quita legitimidad a ese momento.
Lamentable es que sus muchachos deban someterse al estrés de otra prueba, pero igual convendría que tuviesen claro, además, que la consagración y el esfuerzo inherentes al estudio terminan imponiéndose y que la honradez vale más, muchísimo más, que el dinero.
También es justo resaltar que, a pesar de lo sucedido, la mayoría de los profesores sustentan principios que merecen respeto. La educación, a fin de cuentas, se trata de valores. Y aunque pueda parecer paradójico, no debería limitarse únicamente a la escuela.
Fidel señalaba en un discurso sobre la educación que había que ver en toda su profundidad lo que significa en cualquier joven las consecuencias de una actitud fraudulenta.
Y al respecto, decía: Imagínense, para citar un ejemplo, a un estudiante de medicina que cometa fraudes; y después tenga que ver con la atención de los ciudadanos en un hospital. Desde luego, es casi seguro que aquel que empieza copiando en el primer año, o en el segundo, no llega al último año, es casi seguro. Pero un médico en una asignatura importante, o en cualquier asignatura, que haya cometido un fraude y que no la conozca, y que después tenga en sus manos la vida de un niño, la vida de una madre, la vida de un adulto, la vida de un anciano, ese es el momento en que necesita aquello que dejó de estudiar.
El fraude y el finalismo lo único que hacen es "fabricar" un inepto.


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