Maritza y sus zapaticos blancos
MIÉRCOLES, 03 DE JULIO DE 2013 02:29 ESCRITO POR GESSE CASTELNAU JORRIN 0 COMENTARIOS
Cuba actualidad, Centro Habana, La Habana, (PD) Maritza es una profesora que imparte clases en el curso de superación integral para jóvenes, en la escuela "Víctimas de la Coubre", que en el horario nocturno, adquiría el nombre de Julio Antonio Mella. Allí asistían muchachos que se habían desvinculado de los estudios pre-universitarios, para alcanzar el duodécimo grado.
La pedagoga tenía a su cargo las asignaturas de química y biología.
Cierto día, Maritza, de 38 años de edad, decidió ir a la tienda "Cien % cubano" a comprarse un par de zapatos. Para ello, llevó 15 pesos convertibles (375 cup).
Como las mañanas veraniegas en la ciudad de Cárdenas, Matanzas, son muy calurosas, debido a los fuertes rayos del sol, Maritza desplegó su sombrilla y se protegió de la furia del Astro Rey, que codiciaba su blanca y tierna piel.
Ya en la tienda la joven, tras elegir unos hermosos zapatos blancos, se los probó. Al ver que le servían, se dirigió con ellos, al lugar donde se encontraba la tendera y le pagó los 14 pesos, con 55 centavos que costaban.
No pudo la maestra dejar de escapar un profundo suspiro al abandonar la instalación. Estaba más que satisfecha con la adquisición.
Pero muy pronto la alegría de Maritza se transformó en tristeza. Al día siguiente, al estrenar su nuevo calzado, notó que las suelas se habían despegado, al recorrer sólo cien metros, desde la puerta de su casa.
Su irritación fue enorme. Con dicha compra, la muchacha había gastado parte de sus pocos ahorros, de varios meses de trabajo.
Ante esta situación, la pedagoga se dirigió, como un bólido, al establecimiento donde le vendieron los zapatos. Al llegar al mismo solicitó a la dependienta que le devolviera el dinero de la mercancía. Esta última le dijo que esa era una responsabilidad del gerente, quien había salido y no podía atenderla. "Puede dirigirse, si lo desea, al organismo superior a nosotros, ubicado en la calle Salva y Calzada", le dijo.
En dicha entidad, una funcionaria le dijo a Maritza que no podía ayudarla, ya que una vez que los clientes realizan sus compras, ya no pueden reclamar. Le dijo que se dirigiera a la instancia superior, situada en la carretera que une a las ciudades de Cárdenas y Varadero.
La maestra, desesperada ante tanto burocratismo, se dirigió a la sede municipal del Partido Comunista, organización que, según la Constitución del país, "es la fuerza superior de la sociedad y del Estado". Tras escucharla y recoger sus datos personales, una funcionaria le dijo que su caso no tenía solución.
Se sintió la maestra, de repente, estremecida por la rabia. Su rostro se transformó en un instante. Desde lo más profundo de sus entrañas, unos gritos, casi aterradores, sofocaron el ambiente. Esto provocó el arribo de decenas de personas al lugar. Todo el mundo quería ver qué pasaba. Hubo hasta quien dijo que se trataba de una protesta de opositores al gobierno.
Y, aunque todos lo esperaban, la policía no llegó. O, Maritza nunca lo supo, porque después de gritarles "descarados", "estafadores" y "ladrones", a los funcionarios, de decir que aquello era "una tremenda injusticia" y de lanzar los zapatos rotos contra la fachada de la institución, la joven se marchó a su casa, descalza, presa de una honda cólera.
Horas más tarde, gracias a Dios y a su protesta, una señora, quien dijo hablar a nombre del Partido Comunista, le comunicó a la joven que pasara por la institución, lugar donde se le entregaría un documento, que la autorizaría a recibir en la tienda donde compró los zapatos, sus 14. 55 pesos convertibles.
Para Cuba actualidad: reportasincensuracuba@gmail.com
reportasincensuracuba.blogspot.com
Foto: Gesse Castelnau Jorrin
MIÉRCOLES, 03 DE JULIO DE 2013 02:29 ESCRITO POR GESSE CASTELNAU JORRIN 0 COMENTARIOS
Cuba actualidad, Centro Habana, La Habana, (PD) Maritza es una profesora que imparte clases en el curso de superación integral para jóvenes, en la escuela "Víctimas de la Coubre", que en el horario nocturno, adquiría el nombre de Julio Antonio Mella. Allí asistían muchachos que se habían desvinculado de los estudios pre-universitarios, para alcanzar el duodécimo grado.
La pedagoga tenía a su cargo las asignaturas de química y biología.
Cierto día, Maritza, de 38 años de edad, decidió ir a la tienda "Cien % cubano" a comprarse un par de zapatos. Para ello, llevó 15 pesos convertibles (375 cup).
Como las mañanas veraniegas en la ciudad de Cárdenas, Matanzas, son muy calurosas, debido a los fuertes rayos del sol, Maritza desplegó su sombrilla y se protegió de la furia del Astro Rey, que codiciaba su blanca y tierna piel.
Ya en la tienda la joven, tras elegir unos hermosos zapatos blancos, se los probó. Al ver que le servían, se dirigió con ellos, al lugar donde se encontraba la tendera y le pagó los 14 pesos, con 55 centavos que costaban.
No pudo la maestra dejar de escapar un profundo suspiro al abandonar la instalación. Estaba más que satisfecha con la adquisición.
Pero muy pronto la alegría de Maritza se transformó en tristeza. Al día siguiente, al estrenar su nuevo calzado, notó que las suelas se habían despegado, al recorrer sólo cien metros, desde la puerta de su casa.
Su irritación fue enorme. Con dicha compra, la muchacha había gastado parte de sus pocos ahorros, de varios meses de trabajo.
Ante esta situación, la pedagoga se dirigió, como un bólido, al establecimiento donde le vendieron los zapatos. Al llegar al mismo solicitó a la dependienta que le devolviera el dinero de la mercancía. Esta última le dijo que esa era una responsabilidad del gerente, quien había salido y no podía atenderla. "Puede dirigirse, si lo desea, al organismo superior a nosotros, ubicado en la calle Salva y Calzada", le dijo.
En dicha entidad, una funcionaria le dijo a Maritza que no podía ayudarla, ya que una vez que los clientes realizan sus compras, ya no pueden reclamar. Le dijo que se dirigiera a la instancia superior, situada en la carretera que une a las ciudades de Cárdenas y Varadero.
La maestra, desesperada ante tanto burocratismo, se dirigió a la sede municipal del Partido Comunista, organización que, según la Constitución del país, "es la fuerza superior de la sociedad y del Estado". Tras escucharla y recoger sus datos personales, una funcionaria le dijo que su caso no tenía solución.
Se sintió la maestra, de repente, estremecida por la rabia. Su rostro se transformó en un instante. Desde lo más profundo de sus entrañas, unos gritos, casi aterradores, sofocaron el ambiente. Esto provocó el arribo de decenas de personas al lugar. Todo el mundo quería ver qué pasaba. Hubo hasta quien dijo que se trataba de una protesta de opositores al gobierno.
Y, aunque todos lo esperaban, la policía no llegó. O, Maritza nunca lo supo, porque después de gritarles "descarados", "estafadores" y "ladrones", a los funcionarios, de decir que aquello era "una tremenda injusticia" y de lanzar los zapatos rotos contra la fachada de la institución, la joven se marchó a su casa, descalza, presa de una honda cólera.
Horas más tarde, gracias a Dios y a su protesta, una señora, quien dijo hablar a nombre del Partido Comunista, le comunicó a la joven que pasara por la institución, lugar donde se le entregaría un documento, que la autorizaría a recibir en la tienda donde compró los zapatos, sus 14. 55 pesos convertibles.
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Foto: Gesse Castelnau Jorrin

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