Cuba actualidad, Santos Suárez, La Habana, (PD) Dicen que tres de las cosas más populares en Estados Unidos son el beisbol, el pastel de manzana y el Chevrolet.
En Cuba, el pastel de manzana nunca ha sido rival del pastel de guayaba, quizás por el hecho de que en nuestro clima no se pueden cultivar las manzanas.
Del beisbol y el Chevrolet sólo nos queda la pasión por las bolas y los strikes. Ellos lo inventaron, y de ellos aprendimos cómo se jugaba. Ni revoluciones, ni ideologías han podido cambiar eso.
Sin embargo, la decadencia de la popularidad del Chevrolet no corrió la misma suerte que el beisbol. Comenzó en el año 1959, cuando los rebeldes liderados por Fidel Castro pusieron de patitas en la calle a la dictadura de Fulgencio Batista.
La nueva ideología impuesta por los barbudos nos alejó de los Apalaches, y nos acercó a los Urales. Dejó de importarse el querido auto de la General Motor y empezó a importarse uno de una fábrica de extraño nombre para nosotros, acostumbrados al inglés: ВАЗ, Волжский автомобильный завод (Fábrica de Automóviles del Volga).
Se trataba del Lada. Nuestros gobernantes nos lo impusieron, como nos impusieron el estudio del idioma ruso. Pero el gusto del cubano por el Lada no corrió la misma suerte que el gusto por el idioma.
El Lada ha sido durante muchos años el carro más popular de Cuba. Ningún pueblo del mundo, incluido los rusos, lo ha estimado y cuidado más que los cubanos.
"Tener un ladrillo" significa, en el argot popular de Cuba, "tener un Lada". Pero no uno cualquiera. Un" ladrillo" es un Lada que logra captar la mirada y los elogios de todos por su estado de conservación y por los modernos accesorios que lo realzan.
A esta tendencia tampoco han escapado los dirigentes cubanos. Muchos de ellos le cambiaban el motor original de Lada por uno de Alfa Romeo.
Tener un Lada con motor de Alfa Romeo fue en su momento un símbolo de poder en Cuba.
El presidente Raúl Castro mantuvo durante mucho tiempo, y aún los conserva, algunos Ladas con motores de Alfa en su escolta, a los que se les podía ver rodar a toda velocidad tras su Mercedes.
Y al igual que con el Chevrolet de antaño, el cubano ha probado a lo largo del tiempo ser un experto curador de automóviles. La mezcla de la maña y la necesidad ha hecho que aún por las calles cubanas circulen, como acabados de sacar de la fábrica, Ladas con más de treinta años de explotación.
Uno de esos "ladrillos" rejuvenecidos puede costar en la isla entre los catorce mil y dieciocho mil dólares.
Ahora que Rusia no fabricará más el querido Lada, y ahora que la Gran Muralla se nos han venido encima, queda en las manos de esos magos del rejuvenecimiento mantener vivo el legado ruso que más nos ha durado, de la misma forma que mantuvieron vivo -y mantienen- el legado americano.
Para Cuba actualidad: ajuliocesar68@gmail.com
Foto: Julio César Álvarez
Foto: Julio César Álvarez

