viernes, 6 de diciembre de 2013

Apuntes sobre las imprentas y librerías de la Habana (II)

Jorge Luis González Suárez
Cuba actualidad, Plaza, La Habana, (PD) La primera obra que se editó en Cuba fue una simple hoja de carácter comercial: La Tarifa General de Precios de Medicina en 1723. Esta se realizó en la Imprenta del belga Carlos Havré, el cual se hallaba radicado entonces en La Habana.


Ambrosio Fornet en su obra "El Libro en Cuba", señala un dato interesante "...durante todo el siglo XVIII cada imprenta fue además de taller, una pequeña librería..." y agrega más adelante, "...El primer anuncio de librería que conocemos procede del taller de Havré... que decía..."Y véndese en su casa, en frente a la de Melchor Rodríguez, cerca de la iglesia del Espíritu Santo..."
Resulta obvio que la primera librería estuvo enclavada en una casa particular, aunque es posible que la venta de estos materiales se realizara también en el local donde se encontraba la imprenta.
Los métodos y lugares donde se ejercía este tipo de negocio no cambiaron mucho con el tiempo. Las principales transformaciones se hallan en el tamaño de los inmuebles, su diseño y ubicación en el territorio, aunque esto es también relativo.
El siglo XVIII finaliza solamente con 8 imprentas, siete en la capital y una en Santiago de Cuba. Estas fueron según su fundación las siguientes: Carlos Havré (1720); Francisco José de Paula (1735); Blas de los Olivos (1754); Francisco Seguí, continuó como yerno y sucesor del anterior mencionado; Matías José de Mora (1775); Esteban José Bolaños (1776); Pedro Nolasco Palmer (1791); y Matías Alqueza (1792) en Santiago de Cuba.
Los más importantes de estos incipientes impresores fueron Olivos-Seguí y Boloña. La primera pareja realizó los dos primeros y trascendentales textos que pudieron considerarse con esta categoría. Estos son: el "Reglamento Militar" y el famoso "Libro de los Peces" de Antonio Parra, que constituye la obra inicial de la literatura científica cubana.
Boloña, por su parte, y su hijo, su sucesor, se distinguieron por la belleza tipográfica de sus impresos, cuya gran fama llega hasta nuestros días. Eliseo Diego dejó mención de este hecho en el título Muestrario del Mundo o Libro de las Maravilla de Boloña, como un reconocimiento a tan destacada labor.
El siglo XVIII arroja una cifra de unos 300 libros, pliegos y folletos, que forman el conjunto de los que se conocen hasta hoy. La mayoría están integrados por publicaciones oficiales y devotas sin casi ninguna importancia cultural. Son aquellos ejemplares que podemos calificar como nuestros primeros incunables. Esta primera etapa se puede considerar como de formación de este sector en nuestro país.
El siglo XIX marcará un giro importante en esta naciente industria. Los adelantos técnicos y la calidad y cantidad de obras producidas demuestran este avance. La publicación de libros con un valor instructivo y de conocimientos generales estuvo alrededor de 800 volúmenes, una cuantía dos veces y media mayor que su antecesora.
Algunos hechos pueden servir para reafirmar el significativo desarrollo en esta etapa. Un hecho crucial fue la introducción de la prensa mecánica en 1834, y la de vapor, en 1850. Las grandes tiradas que permiten estas nuevas maquinarias posibilitan una venta mayor de libros y precios más asequibles.
Otro acontecimiento consecuencia del anterior es la magnitud de ediciones y reimpresiones que alcanzan los textos escolares, debido al avance educativo de una población que se superaba cada vez más, aunque por supuesto la educación estaba bastante limitada a las clases acomodadas. Estas grandes tiradas pudieran compararse con los éxitos de librerías, los best sellers actuales.
La existencia de títulos relevantes es extensa. Podemos citar entre otros el folleto sobre "Geografía de Cuba", del científico cubano Felipe Poey, publicado a partir de 1812, el cual alcanzó 19 ediciones; el "Libro de Lectura" de Manuel Costales, que tuvo 8 tiradas, y "Las Fábulas Morales" de Francisco Javier Balmaseda, que llegó a 16 reproducciones en un lapsus de 35 años.
Estas cifras no son comparables a la amplísima difusión de los manuales y libros de Don José María de la Torre. La cantidad de ejemplares es tal que se puede afirmarse que antes de la Revolución ningún autor llegó a estos parámetros. De su "Geografía de Cuba" se imprimieron unas 400 000 unidades. Antes de terminar el siglo consiguió su 57º edición. Cuatro de sus textos incluyendo el antes mencionado, contaban al morir su creador 130º estampaciones. Este autor dejo un texto histórico clásico; "Lo Que Fuimos y Lo Que Somos o La Habana Antigua y Moderna, publicado en 1857.
El libro del siglo XIX más costoso en su impresión y muy posible de toda nuestra historia editorial sea "Los Ingenios". Posee 25 grabados de Eduardo Laplante y fue editado por Justo Germán Cantero. Su entrega se hizo por suscripción o encargo de los grandes terratenientes azucareros. Durante la Guerra de Independencia se destruyó la mayoría por la tea incendiaria a las haciendas. Hoy quedan muy pocos, es patrimonio nacional y su valor incalculable.
Para Cuba actualidadjorgelibrero2012@gmail.com

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