Cuba actualidad, Centro Habana, La Habana, (PD) El profundo y oloroso ensayo Dialéctica del chicharrón y las masas fritas, escrito por el economista y porcinólogo vietnamita, Bhien Chang Chong, ahonda sobre la cerdificación de un país a través del Teorema del timbiriche, y demuestra la interacción entre la teoría marxista y una cochiquera nacional.
Sin embargo, y pese a su cientificidad, no sólo los marranos podrán entender el ensayo, pues cualquier individuo u individua con DNI de cerdo, de nada más poner un gen de su confianza en un socialismo próspero y sustentable con el timbirichismo, podrán aplicar para el teorema de la cochinización del país.
Ya era hora de que un cerdófilo templado por el comunismo pusiera fin a los malos augurios, el griterío desmoralizador y otras patrañas que siembran dudas en los alcances del cuentapropismo y la ruralización, pues no sólo los que vendan puercos se harán cochino y ricos; los demás también. Ahí tienen como ejemplo el despegue económico de Kampuchea alcanzado con Pol Pot.
De acuerdo con Chang Chong, el socialismo cubano no dejará a nadie a su suerte, pues sin dejar de dar palos profilácticos, realizar amenazas estéticas, y hundir en encarcelamientos sanos a quienes se nieguen a vivir plenos de felicidad bajo el Teorema del timbiriche, profesionalizará esta opción laboral
Hablando en plata (y en ¿vietnamita o gruñidos?, como lo hace Chang Chong, se creará la Universidad Porcino-Catrina Integral (UPCI), donde además de materias referentes a la venta de puercos y el estirón de catres, se impartirán asignaturas sobre las propiedades éticas, gastronómicas y comerciales del tamal, el maní y el polvorón, entre otros productos de alta demanda en Cuba
Las pruebas de ingresos para el manicomio nacional (allí se habilitaron tres salas para que trabajaran cómodos los especialistas de la educación superior que diseñaron la municipalización de la universidad, junto a los integrantes del Comité Central del Partido que aprobaron la opción), serán de mucho rigor.
Quienes aún escriban sevoya sin la correcta puntuación, no dominen a discreción la tabla del seis, piensen que Facebook es una marca de talco contra el salpullido, no ubiquen en el mapa Turiguanó, crean que la sal se extrae del mar o que los peces no son mamíferos (como muchos cubanos), reprobarán.
Nada de facilismo en esta universidad. Los cuantiosos recursos invertidos por el Estado en materiales de estudio como alambres, trozos de madera, pedazos de zinc, forros de sombrilla, ruedas de palo y demás implementos para lograr la masificación de un graduado de timbirichismo integral, hay que cuidarlos.
Y no sólo es necesario mantener estos templos de la libertad laboral y del alto nivel económico del país: despintados, llenos de fango, moscas, cáscaras de plátano, tomates podridos, coles envenenadas, y papayas grávidas del calor, entre otras normas higiénicas a cumplir, sino también con robo y sin control.
¿Cómo imitar a ese capitalismo salvaje y despilfarrador que vende libras de frijoles de 16 onzas? ¿En qué cabeza cabe envolver un chorizo que tiene agregado tintura de timerosal, o un tamal hecho con puré de calabaza y pespuntes de harina, en un papel? ¿Alguien vendería un guarapo sin moscas?
Seguro que no. Los cuentapropistas son hijos de la nación. Aventajados alumnos del despelote nacional, la tribalización del país, el cambia-casaquismo redentor, la muela bizca, el quítate tú para ponerme yo, el sálvese el que pueda, y otras reglas éticas heredadas de los gestores de la revolución.
De ahí la trascendencia para el país del ensayo Dialéctica del chicharrón y las masas fritas, en su misión de demostrar los efectos del Teorema del timbiriche en la economía de la nación y en el estómago individual. Los chicharrones (jefes, guatacas, sumisos, lame botas, sobrevivirán); las masas, seguirán fritas.
Pero la buena nueva que nos trae la creación de la UPCI es que los cuentapropistas no sólo serán los tradicionales patiporsuelo o culo al aire huérfanos de instrucción, sino también quienes dejaron la juventud en un pupitre de la universidad, y el diploma en un clavo mohoso de la habitación.
En igualdad de condiciones, tanto cualquier ñame con corbata beneficiado con un diploma de bachiller por la revolución, como un eximio economista víctima del sal pa fuera laboral que salvará del estreñimiento productivo el recto socialismo donde puja el país, podrán optar por carreras de nivel.
Licenciaturas en Química de las barras de guayaba, Ebullición, tersura e ingredientes que hacen explosivo al Fricandel, Uso del polvo de zeolita y el látex del piñón para obtener leche de vaca, así como la maduración y podredumbre en cuestión de segundos de cualquier fruta nacional para el mercado común (no el extranjero), serán óptimas carreras a considerar.
También podrán estudiar la ingeniería del Prú, graduarse de arquitectos en pirámides de zinc, techos de fibrocén, paredes de cagotex (compactadas con boñigas de vaca y sacos de yute de la industria textil), o patólogos de puercos muertos en agro mercados del país, luego de recibida la segunda puñalá.
También podrán estudiar la ingeniería del Prú, graduarse de arquitectos en pirámides de zinc, techos de fibrocén, paredes de cagotex (compactadas con boñigas de vaca y sacos de yute de la industria textil), o patólogos de puercos muertos en agro mercados del país, luego de recibida la segunda puñalá.
Como habrán podido leer, son muchas las opciones y elevado el nivel que ofrece la Universidad Porcino-Catrina Integral (UPCI) para salvar a la fantasmagórica economía nacional, con el concurso de cuentapropistas capacitados en la confección de productos de punta a nivel internacional.
Por eso quienes pensaron que la simple friolera de más de medio millón de trabajadores cesanteados, pateados por el sieso, enviados a sudar la gota gorda frente a un timbiriche quedarían desamparados (al igual que la similar cantidad que vendrá), se equivocaron de país. Aquí se vive del bla-bla-bla.
Eso se los aseguro yo, Nefasto "El profesor"
Para Cuba actualidad: vicmadomingues55@gmail.com
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