Cuba actualidad, Guanajay, Artemisa, (PD) Una etapa de exploraciones y demandas se dio en la vida política y social de Cuba a partir de los años veinte.
El Grupo Minorista surgió al calor de charlas y conversaciones de todo tipo en el antiguo Café Martí en la capital cubana. Su figura más sobresaliente sería Rubén Martínez Villena.
El movimiento alcanzaría talla extra al plantearse muchas cosas que habrán de tener vigencia por las realidades que se daban en ese momento en el país.
El negrismo, que a finales de los años veinte dio sus primeros pasos en Cuba, fue influido por el trabajo de figuras afronorteamericanas que años más tarde serían famosas en el campo de la literatura y el arte, en lo que fue conocido como el Renacimiento de Harlem.
En Cuba, las figuras más sobresalientes del negrismo serían dos camagüeyanos, Emilio Ballagas y Nicolás Guillén. El primero llevaba en su sangre la herencia española; el otro, el clamor del oprimido, el grito esclavo. Pero ambos fusionarían su talento poético en la sabia criolla e irradiarían de tal manera el ambiente cultural cubano, que durante una larga década serán innumerables los intelectuales blancos, negros y mulatos que se verían flechados por este aire renovador de esperanza en la búsqueda de la identidad cubana.
Esa segunda generación republicana luchará contra los prejuicios raciales, al quedar esa nueva oleada de jóvenes escritores inmersos en una desencantada etapa de entreguerras, sin aquel orgullo patrio que tuvieron sus antecesores, sabedores de tantas batallas que los enorgullecían.
En el negrismo confluyeron todas las formas lingüísticas de la población cubana, tanto lo español como las lenguas congas, carabalí, el yoruba, el habla bozalona de los esclavos y cuantas formas y variedades del habla afrocubana penetraron el léxico criollo. Fue una especie de transculturación lingüística que permeó formas y manifestaciones artísticas como el teatro, la novela, y de cierta manera, el lenguaje de la pintura.
En 1929 Regino Eladio Boti compuso su Babul; pero ya un año antes José Zacarías Tallet había compuesto La Rumba y Ramón Guirao su Bailadora de Rumba
Ballagas, en su Cuaderno de poesía negra, y Guillén con Motivos de son y Sóngoro cosongo, contagiaron y hechizaron a figuras que se verían flechadas por el Negrismo, al quedar relegado, tanto en Europa como en América, el Modernismo, que sería sustituido por una forma nueva de expresar, con evasión o sin ella, la realidad circundante, como lo fue el Movimiento Vanguardista.
Fue un momento de crisis en la cultura artística de Occidente, pero aquí florecía el verso de apego a la identidad, como lo hicieron Manuel Navarro Luna, Regino Pedroso, y Alejo Carpentier, quien mandaba sus poemas desde Francia y cuya monumental obra novelística nubló sus poemas negristas, que no fueron muchos, pero los escribió.
Todos estos escritores aportaron sustancia a un movimiento, que por su estructura y novedad, se erige, por derecho propio entre lo más preciado que en materia lírica se haya dado en Cuba en cualquier generación cubana.
Ojalá hoy, poetas y ensayistas, narradores y hombres de pensamiento avanzado, retomaran una modalidad artística, que si bien tomó su primer impulso de intelectuales afroamericanos, nunca dejó de ser toda ella cubana. Eso le dio la universalidad que fue prestigiada por una grande de la declamación, Eusebia Cosme, quien la llevó a planos de excelencia alrededor del mundo, para orgullo de Cuba y de su gente.
Para Cuba actualidad: mal26755@gmail.com
Foto: Juan A. Madrazo
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