Doble rasero en la política migratoria

Clara Crespo. (DDC)
Una madre gravemente enferma no puede ver a su hijo, médico: el Gobierno no lo deja entrar al país.
Clara Crespo Irsula tiene 68 años y está gravemente enferma, sus patologías son múltiples: adenocarcinoma de endometrio en un estadio 3, amputaciones, cardiopatías e hipertensión crónica. Su pronóstico es reservado, la vida se le acorta cada día. Y su último deseo es ver a su hijo, que abandonó el país hace 15 años.
El doctor Herman Bernardo Crespo salió de Cuba en 1999 en una misión internacionalista de ayuda a los damnificados del ciclón Mitch, en Guatemala. Como otros muchos cubanos, decidió establecerse en ese país, avizorando un mejor futuro económico y laboral, predicción que se cumplió. Herman Bernardo se desempeña hoy como uno de los principales médicos del Instituto Nacional Forense de la capital guatemalteca.
La decisión de abandonar las misiones es muy difícil para el personal médico cubano, pues se sabe que, de hacerlo, se les considerados desertores, hecho que conlleva la prohibición del regreso a Cuba indefinidamente, aunque según las nuevas regulaciones de inmigración de 2013, estos obstáculos ya no existen.
El doctor Crespo afrontó este exilio forzoso de su familia. Durante tres lustros se conformó con las llamadas telefónicas semanales, el envío de remesas y medicamentos. Siempre mantuvo la esperanza de visitar a su familia algún día. Por ello renovó el pasaporte cubano en 2011, con fecha de vencimiento en 2015. Hoy, le urge cumplir el deseo de ver a su madre, esa es su prioridad.
En conversación telefónica desde Ciudad de Guatemala, Herman Bernardo cuenta sus avatares: "siempre tuve miedo de regresar por las represiones que pueden ocurrir, la que más temo es que me retengan en Cuba, pero el deseo de ver a mi madre me hace afrontar el riesgo. Lo primero que hice fue ir a la embajada, allí me dijeron que tenía que 'habilitar' el pasaporte y que ello tomaría de seis a siete meses. Entonces decidí acudir a la Cruz Roja y alerté a mi familia para que realizaran los trámites".
Seguidamene, una mayor de apellido Eglis, jefa de la oficina de la Cruz Roja cubana en Santiago de Cuba, les plantea a los familiares que deben realizar un expediente de las dolencias del paciente y posteriormente este debe ser enviado a la Habana, donde se analizará el caso. Finalmente, admite que este proceso puede durar de siete a ocho meses.
La "morosidad" de la Cruz Roja cubana huele a parcialidad política, rompiendo con sus principios de imparcialidad y humanitarismo. Los representantes son oficiales del Ministerio del Interior y por ello deben atenerse a sus regulaciones. Ya son varios los casos, similares al del doctor Crespo, en espera de solución. Son médicos que solo necesitan un permiso para entrar al país, pero al parecer el término de su castigo es aun indefinido. Huele a venganza.
Mientras los ciudadanos que abandonan el país por matrimonio o contratos de trabajo no tienen ninguna objeción, los profesionales de la medicina "desertores" siguen siendo parias sin derecho a volver a la Isla, medida amparada ahora en supuestas regulaciones burocráticas migratorias. Ello pone en evidencia el doble rasero de la buena voluntad de la reciente política migratoria dictaminada por el Gobierno.
Para los familiares del doctor, lo sucedido ha sido un duro golpe. Clara Crespo, que había mejorado anímicamente ante la perspectiva de ver a su hijo, se ha aletargado, no comprende cómo la Cruz Roja cubana pudo resolver los trámites para traer dos veces en pocos días de una cárcel de Estados Unidos a René González, el espía o "héroe" recientemente liberado. Su caso es mucho más sencillo, pero obviamente para el régimen, hay dos tipos de cubanos.
El doctor Herman Bernardo Crespo quizás no pueda volver a ver a su madre con vida —mucho menos después de haber permitido este artículo—. Algún día, sin embargo, sí volverá a su tierra, y se encontrará con los suyos en una Cuba verdaderamente libre.
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