lunes, 12 de mayo de 2014

La política de Estados Unidos y el equilibrio de Raúl Castro

La política de Estados Unidos y el equilibrio de Raúl Castro

Un análisis sobre el estado actual de las relaciones entre ambos gobiernos y las consecuencias que acarrearía un acercamiento 
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Cronología del embargo a Cuba. (J.J. Blanco)
Hace ocho años, cuando el general Raúl Castro tomó las riendas como el dictador-en-jefe de Cuba debido a la enfermedad de su hermano mayor, si hubiéramos predicho que el régimen de Cuba sería atrapado in fraganti contrabandeando armas a Corea del Norte -el mayor alijo de armas descubierto desde que se promulgaron las sanciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas al régimen de Kim- nos habrían calificado como “soldados de la Guerra Fría".

Si hubiéramos pronosticado que el régimen cubano le arrebataría el control político y operativo a la nación más rica en recursos naturales en América Latina, Venezuela; que socavaría las instituciones democráticas de ese país; y que dirigiría la campaña de represión que daría lugar a la detención, la tortura y el asesinato de manifestantes estudiantiles inocentes, nos habrían etiquetado de ideólogos.

Si hubiéramos predicho que la represión se incrementaría dramáticamente en Cuba bajo Raúl Castro; que las detenciones por motivos políticos subirían al triple; que los activistas de la oposición de Orlando Zapata Tamayo, Juan Wilfredo Soto y Wilmar Villar serían asesinados; y los líderes disidentes Laura Pollán, de las Damas de Blanco, y Oswaldo Payá, del Movimiento Cristiano Liberación, morirían en extrañas circunstancias, hubiéramos sido acusados de exagerar.

Si hubiéramos previsto que empresas europeas y canadienses en Cuba serían confiscadas ilegalmente, congeladas sus cuentas bancarias y un número desconocido de hombres de negocios extranjeros encarcelados sin cargos ni juicio, se habrían burlado de nosotros, llamándonos retrógrados.

Si hubiéramos imaginado que Raúl Castro tomaría un rehén estadounidense, Alan P. Gross, quien estaba en Cuba para ayudar la comunidad judía de la isla a conectarse a internet, y lo usaría para extorsionar a Estados Unidos en favor de la liberación de los cinco (ahora tres) espías condenados en un tribunal federal por vigilar instalaciones militares y conspirar para asesinar a tres ciudadanos norteamericanos y un residente permanente de Estados Unidos, nos habrían llamado extremistas.

Todo esto, a pesar de la política del presidente Barack Obama de "tender la mano" y flexibilizar una serie de sanciones hacia el régimen de Raúl Castro.

A pesar de estos hechos indiscutibles, algunos como Rafael Hernández, académico y director de la revista Temas, desvergonzadamente argumentan que el régimen de Cuba no debería ser una gran preocupación para los intereses nacionales de Estados Unidos.

Por el contrario, Hernández argumenta que el acercamiento a Raúl Castro sería beneficioso para los intereses de Estados Unidos por las siguientes razones (perdón por los toques de sarcasmo):

1. Porque el comercio con los monopolios de Castro sería una bendición para los negocios de Estados Unidos. Después de todo, las empresas estadounidenses se beneficiarán enormemente de un mercado que consiste en una sola compañía. No importa que el pueblo cubano esté bloqueado para participar en el comercio exterior. Veamos todos los beneficios al pueblo cubano que se han derivado de las cerca de 200 empresas estadounidenses que han vendido productos agrícolas y medicamentos a una única contraparte cubana, el monopolio de importación y exportación de los Castro, Alimport.

2. Debido a que las negociaciones con Raúl Castro sin condiciones previas para el reconocimiento y respeto de los derechos fundamentales, los derechos civiles y políticos, de conformidad con los acuerdos internacionales, serán milagrosamente un despertar de sus hasta ahora encubiertos "buenos oficios".

3. Debido a que poner hoy en sus manos miles de millones de dólares por vía del comercio, el turismo, el financiamiento y la inversión de Estados Unidos en los monopolios de Castro, para ser distribuidos entre su familia y las fuerzas represivas (estilo mafia), es mejor que mantenerlos en reserva para beneficiar mañana al pueblo de una Cuba libre y democrática.

4. Debido a que las negociaciones incondicionales con la Unión Europea han demostrado a Raúl Castro cómo la mayoría de las naciones occidentales están más interesadas en los beneficios a corto plazo que a los derechos humanos. Estamos aún a la espera de la intervención del Vaticano en nombre de los presos políticos como, por ejemplo, la integrante de las Damas de Blanco, Sonia Garro, quien fue detenida durante la visita del Papa Benedicto XVI en 2012.

5. Debido a que China y Vietnam han demostrado cómo las dictaduras de izquierda pueden llegar a ser económicamente prósperas, mientras mantienen el poder con un grillete de hierro y violan los derechos humanos fundamentales. En Chile, el general Augusto Pinochet ya había demostrado cómo este modelo puede trabajar con las dictaduras de derecha. Sin embargo, mientras que la dictadura de Chile cayó bajo la presión extranjera, Vietnam y China se reconocen hoy como modelos aceptables de gobernabilidad que deben ser imitados.

6. Debido a que muchos líderes latinoamericanos quieren que Estados Unidos acepte la dictadura de Cuba. Si Estados Unidos es capaz de llevar a cabo "negocios como de costumbre" con la única dictadura que queda en el hemisferio occidental, entonces tiremos la Carta Democrática Interamericana y volvamos a la época de las dictaduras militares de los años 60, 70 y 80.

7. Porque las sanciones han demostrado recientemente ser útiles instrumentos para presionar a los regímenes dictatoriales en Birmania e Irán, mientras que las negociaciones incondicionales han demostrado ser irresponsables y contraproducentes.

La política de Washington hacia Cuba se define por un conjunto claro de intereses nacionales, llamados libertad, derechos humanos, democracia y seguridad. Los cambios en la política estadounidense deben responder a pasos claros e inequívocos a favor de esos intereses.

Desafortunadamente, el balance del gobierno de Raúl Castro se inclina en dirección opuesta.

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