jueves, 5 de junio de 2014

De Platón al embargo: una pregunta

De Platón al embargo: una pregunta

El empobrecimiento del país, lejos de provocar la aparición de una vigorosa oposición política, contribuye a mantener la represión sobre los ciudadanos.
Los debates sobre el embargo comercial de Estados Unidos hacia  Cuba han adquirido cierta vitalidad en las últimas semanas. No obstante, muy pronto las discusiones parecen llegar a un punto muerto, donde uno y otro bando afirman tener la razón de manera tajante, sin que dejen de escucharse —por suerte cada vez con menos frecuencia— acusaciones de hacerle el juego al Gobierno cubano, aunque sea de manera inconsciente, o de obedecer a la derecha más radical del exilio. Es probable que estos ataques no carezcan de fundamento, pero no hay dudas de que simplifican o caricaturizan la realidad.
Opinar sobre la pertinencia o no del embargo estadounidense es también un modo genuino de participar de la democracia, independientemente de cuáles los intereses políticos y económicos que defiendan los grupos de poder.  Los que creen que deben flexibilizarse las sanciones comerciales  no necesariamente le hacen el juego al régimen de La Habana (ni siquiera de manera inconsciente), mientras quienes abogan por el mantenimiento de tales medidas no siempre se identifican a sí mismos con los políticos o los medios masivos cubanoamericanos.
Lo más lamentable de estas discrepancias es que tanto los simpatizantes como los detractores persiguen objetivos similares. En definitiva unos y otros discuten sobre cómo el embargo —su endurecimiento o su flexibilización— podría favorecer a la democratización de la sociedad cubana. Un ligero cambio de perspectiva podría propiciar un acercamiento entre las opiniones encontradas. En lugar de preguntar por qué es conveniente conservar o derogar el embargo, pudiera ser útil ensayar respuestas a la cuestión de cómo el mantenimiento del embargo —o su eventual desmantelamiento— beneficiaría a la democratización de la sociedad cubana.
Brevemente intentaré contestar esta pregunta. Lo haré desde el presupuesto de que la represión económica del ciudadano constituye una de las herramientas fundamentales que el Gobierno cubano ejerce para la conservación del poder. Este es el tipo de represión que ahora mismo se está tratando de implantar en Venezuela y que uno puede encontrar mencionada en un texto de la Antigüedad Clásica. En el libro octavo de La República de Platón, Sócrates traza un retrato de la figura del tirano. Cito unas líneas de su diálogo con Adimanto, que el filósofo narra desde la primera persona:

—¿No es cierto —dije— que, en los primeros días y en el primer tiempo, aquel sonríe y saluda a todo el que encuentra a su paso, niega ser tirano, promete muchas cosas en público y en privado, libra de deudas y reparte tierras al pueblo y a los que le rodean y se finge benévolo y manso para con todos?
—Es de rigor —contestó.
—Y pienso que, cuando en sus relaciones con los enemigos de fuera se ha avenido con los unos y ha destruido a los otros y hay tranquilidad por parte de ellos, entonces suscita indefectiblemente algunas guerras para que el pueblo tenga necesidad de un conductor.
—Es natural.
—¿Y para que, pagando impuestos, se hagan pobres y, por verse forzados a atender a sus necesidades cotidianas, conspiren menos contra él?
—Evidente.

Merecería leerse todo el pasaje, que conserva una admirable actualidad; pero traigo este pequeño fragmento a colación no solo para hacer notar que la represión económica era ya perfectamente conocida en los tiempos de la democracia ateniense, sino también para llamar la atención sobre el vínculo entre el enemigo político externo y la represión económica interna, donde el primero justifica a la segunda.
Como parte de la represión económica sobre los ciudadanos, la Revolución cubana, desde sus comienzos, se enfrentó al capital privado. Esa lucha no concluyó con las nacionalizaciones de los primeros años, ni con las que afectaron a las pequeñas empresas en 1968. A principio de los 80 la iniciativa privada reapareció en las licencias que se les concedieron a artistas, artesanos, campesinos y posteriormente a dueños de restaurantes y otros cuentapropistas. Con la excepción notable de los artistas, los otros grupos han tenido que lidiar con regulaciones que obstaculizan su desarrollo (desde abusivos pagos de impuestos, hasta restricciones sobre las capacidades, los productos o las condiciones de las ventas).
De este modo, el capital privado en Cuba apenas tiene relevancia dentro de la economía nacional y su crecimiento suele pasar por cíclicos retrocesos, después de haber experimentado tímidos avances. El Gobierno cubano emprende aperturas que encierran una contradicción. Permitir la inversión de capital privado nacional y al mismo tiempo oponerse la expansión de dicho capital. Esta contradicción solo se explica por la necesidad de abrir la economía, motivada por el empuje —que tampoco es nuevo— de las posiciones reformistas, y al mismo tiempo mantener la represión económica, como piedra angular para la conservación del poder.
Igualmente el texto de Platón habla del ciudadano que se hace más pobre —y por lo tanto carecería de recursos financieros para constituir una oposición política— y dispone de menos tiempo para dedicarse a la política, ya que debiera estar enfrascado en solucionar problemas más inmediatos como alimentarse, vestirse, transportarse, bañarse, etc.
Durante la primera mitad de los años 90, las carencias de la población fueron aprovechadas —e incluso acentuadas artificialmente— como una herramienta que garantizara la estabilidad del poder político. Así que se tiene la paradoja de que el país se empobrece, pero al mismo tiempo el deterioro económico, lejos de provocar la aparición de una vigorosa oposición política, contribuye a mantener la represión sobre los ciudadanos. La represión económica los hace más indefensos frente al poder, del que apenas tienen otra alternativa que depender. Esto no solo explica el por qué el Gobierno cubano sobrevivió al colapso que provocó el derrumbe de los socialismos de Europa del Este; sino también por qué el embargo, que aspira a ejercer presiones económicas sobre el Gobierno, ha sido contraproducente durante las más de medio siglo.
Una flexibilización podría estar orientada a estimular al endeble capital privado de la Isla. Claro que el Gobierno cubano podría anteponer nuevos resortes legales destinados a contener dicho crecimiento. Pero en todo caso, la flexibilización del embargo forzaría a una actitud defensiva, propiciaría situaciones desestabilizadoras, y necesariamente conduciría a una mayor circulación de capital en la Isla.
También volvería obsoletos todos esos puntos de vista que, tanto dentro como fuera de Cuba, se escudan en el embargo para  justificar los innumerables desaciertos que el Gobierno cubano ha puesto en práctica durante el último medio siglo. Es un discurso en el que ya casi nadie cree, pero que todavía conserva su eficacia represiva. Permite acusar a los disidentes de mercenarios o de aliados del imperialismo norteamericano, ya que son grupos que reciben ayudas financieras mientras que para el resto de la sociedad —incluidos quienes tratan de llevar adelante sus pequeños negocios— solo existen las restricciones comerciales.
La flexibilización beneficiaría al también al necesario flujo de la información. Las aperturas en la política estadounidense harían más difícil la represión económica. Contribuirían a que los ciudadanos estén menos supeditados al Gobierno y sean menos dependientes de las remesas familiares que llegan desde el exterior. Un ciudadano que estaría en mejores condiciones de expresar su inconformidad, sentirse con mejores perspectivas ante el futuro, y participar más activamente en la vida política.
He intentado contestar la pregunta desde la perspectiva de la represión económica que el Gobierno cubano ejerce sobre la población. Seguramente podrían proponerse otras respuestas a la interrogante sobre cómo el embargo o su progresivo desmantelamiento, contribuirían a acelerar los cambios en Cuba. Sospecho que, al pensar sobre esta pregunta, estaríamos en mejores condiciones para comprender qué significa el embargo estadounidense y cuáles podrían ser sus logros o sus fracasos en el futuro inmediato. Enhorabuena, si así fuese.

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