Cuba Actualidad, Plaza, La Habana (PD) La revista “Palabra Nueva”, de la Arquidiócesis de La Habana, publicó en su más reciente número (abril/2014) un mensaje social de amplio recuadro en la página 72. El texto, ilustrado con la fotografía de una niña, dice: “Cuida de tus hijos, que el trabajo y la diversión no sean lo primero… Ellos necesitan de ti”.
La Iglesia Católica ha hecho muchos llamados en este sentido, ya que es algo que preocupa bastante a nuestra sociedad. La crisis de valores morales perdidos es inquietante, porque no basta el perfeccionamiento escolar si quien lo recibe no adopta una conducta adecuada. El hogar es el centro principal donde comienza esta situación a la cual se debe dar una respuesta urgente.
Las causas de este mal pueden hallarse en el comportamiento de muchas personas que influyen en la corrupción de hábitos y costumbres centenarios. El saludo habitual, pedir permiso, evitar molestias a otros individuos, son, entre muchas otras cosas, aspectos que se han sustituido por acciones groseras. La violencia prima también bastante entre los seres humanos que conviven dentro de un mismo medio.
¿Qué ha pasado? Recordemos algunos acontecimientos que se han suscitado en nuestro país dentro de los últimos sesenta años. La revolución desde sus inicios comenzó a tildar de burgueses ciertos comportamientos cívicos. Se empezó a usar una nueva fraseología revolucionaria. La escuela al campo, el servicio militar y las movilizaciones para tareas productivas fueron elementos que propiciaron que en las costumbres domésticas se perdieran actitudes adecuadas.
La proletarización se tradujo en una marginalización que impregnó el medio social con su lenguaje y comportamiento. Aquellos que no siguieran estos procedimientos eran tildados de bitongos, lo cual equivalía a ser “flojos, amanerados” o en su defecto “contrarrevolucionarios”. Las concentraciones populares generaron formas de expresión chabacanas, gritos e insultos que condujeron y conducen a una ulterior deformación del buen proceder.
Unido a todo lo expuesto, muchos padres en función del trabajo abandonaron la crianza de sus hijos en manos de otras personas o instituciones, que no siempre dieron una debida atención a los menores. El afecto que los más pequeños debían recibir de ellos fue sustituido por méritos y condecoraciones laborales.
Otra de las situaciones que han contribuido a esta merma de valores es la división de la familia por diferencias políticas. La separación por esta causa ha dado lugar a fuertes discusiones dentro del núcleo familiar, lo cual trae aparejadas actitudes incorrectas que se manifiestan aun delante de menores, con la consiguiente asimilación por estos.
Recuerdo que de niño en la escuela se estudiaba una asignatura llamada “Moral y Cívica”, la cual se acompañaba con un libro de texto. Además, se procuraba que estos asuntos se llevaran a la práctica y no quedaran en simples palabras. Maestros y familia colaboraban en la formación de la generación que surgía mediante algo sumamente importante: el ejemplo.
La preocupación alcanza ya también al Estado, que trata ahora de arreglar el desaguisado creado hace bastante tiempo. Las medidas tomadas dentro del recinto escolar y en el llamamiento al orden ciudadano no deben estar acompañadas de leyes y policías, se requiere que un pensamiento óptimo prime por encima de imposiciones coercitivas. Se aprende con razonamientos, no con golpes.
Las personas adultas vemos con gran inquietud que el “hombre nuevo” no ha tomado el cauce correcto. ¿Hacia dónde se dirige entonces nuestra sociedad? Encontrar el Tao, según nos explica la antigua filosofía china, mediante la meditación, puede llevar a encontrar soluciones que beneficien a todos en nuestra patria. Hagamos el esfuerzo en común.
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