Cuba actualidad, San Agustín, La Habana, (PD) El Estado de Derecho se define como un Estado cuya actividad y poder se encuentran regulados por el Derecho, donde los derechos individuales son respetados gracias a la existencia de un sistema que permita un adecuado ejercicio del poder público, y se garantice así una sociedad equilibrada, justa, equitativa y feliz.
Si analizamos las sociedades actuales, todas, desde las más liberales hasta las dictaduras más férreas, se autoproclaman paradigmas o defensoras del Estado de Derecho. Si esto fuera así, muchos de los problemas de injusticia, desigualdad injustificada, violaciones a los derechos humanos más elementales, discriminación y otras penurias, no formarían parte del escenario político, social y económico de las sociedades contemporáneas.
¿En qué radica entonces el problema? Sencillamente, en un error. Ni el Derecho ni el ser humano se preceden en la existencia. Ambos se constituyen en condición sine qua non, o sea: el Derecho es ineludiblemente independiente de la voluntad humana.
Quiere esto decir que el hombre no puede crear lo que ya existe, lo que rebasa la esfera de su intelecto y sus facultades, así pues, el hombre no crea derechos, sino leyes.
¡Y este es el error fatal, confundir el Derecho con la Ley! En este sentido, lo que llamamos comúnmente Estado de Derecho, en realidad no es otra cosa que un Estado de leyes creadas por una élite gobernante, y así, de lo que se hacen paradigmas los Gobiernos, es de un Estado de leyes que van a representar en última instancia sus intereses. De esta manera, en nombre de un Estado de Derechos, se legitiman leyes que más bien lo asesinan.
Si las leyes creadas por los Gobiernos respetaran y tuvieran como finalidad la defensa y garantía de ese Derecho creado para los seres humanos, esta confusión entre Derecho y ley no tuviera gran trascendencia. Desafortunadamente, la historia ha demostrado que la realidad es otra.
En el ordenamiento jurídico cubano, tenemos un sinnúmero de leyes, decretos leyes, decretos, etc., que asesinan impunemente al Derecho.
Por ejemplo, la Constitución de la República es una de ellas. En su artículo 53 no se garantiza el derecho a la libertad de expresión sino a aquellos que concuerden con los intereses del Estado, o sea, de la élite gobernante, y el artículo 54, por su parte, limita y prohíbe magistralmente la libertad de libre asociación.
Tenemos también el artículo 63, en relación con el artículo 67 de la Ley No. 75 de Defensa Nacional, que establece la obligatoriedad del Servicio Militar, violando así el derecho del ser humano al libre albedrío y a dirigir su propia vida.
Así también tenemos como ejemplo el Decreto 217 del 22 de abril de 1997, el cual limita el derecho fundamental de los seres humanos a residir y establecerse en cualquier lugar del territorio nacional de su país.
En mi opinión, mientras exista la institución llamada Estado, lo que veremos en mayor o menor medida es un Estado constituido por leyes asesinas del Derecho.
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