jueves, 20 de noviembre de 2014

El derecho institucional a censurar

El derecho institucional a censurar

351_pedro-pablo-olivaCuba actualidad, Arroyo Naranjo, La Habana, (PD) Hace varias semanas, Rubén del Valle, presidente del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, para justificar la cancelación en Pinar del Río de la exposición “Utopías y disidencias”, del pintor Pedro Pablo Oliva, echó mano de lo que definió como “el derecho institucional a tomar las decisiones pertinentes en la implementación de la política cultural”.
El comisario anti-cultural alertó sobre “individuos con posiciones beligerantemente contrarrevolucionarias que han encontrado en estas circunstancias un excelente caldo de cultivo en el que desarrollar su activismo político”.
En el colmo del cinismo, aseguró Valle que la decisión de suspender la muestra de Oliva buscaba “favorecer un clima propicio para la socialización y democratización de lo mejor de la creatividad visual contemporánea” y aseguró sentirse confiado en “la capacidad de la política cultural de la Revolución para generar y propiciar el diálogo, en el respeto a las posiciones del otro, y en la ampliación cada día más de los márgenes de la libertad de creación”.
Las políticas anticulturales del régimen muestran un clima muy distinto al descrito por Valle. Es como si retrocediéramos, a marcha forzada, a los días del Decenio Gris.
La invocación del comisario del Valle al derecho institucional a censurar el arte, me trae a la memoria la perreta que protagonizó, allá por 1989, en una muestra de jóvenes pintores en la capital, un funcionario del Partido Comunista de la ciudad de Camagüey.
El funcionario, que estaba desinhibido como esbirro por unos tragos de más, dio un escándalo cuando vio uno de los cuadros, en que varios hombres que trataban de cruzar un precipicio, cuando caían, que era lo que pasaba la mayoría de las veces, quedaban convertidos en perros, allá abajo, en el fondo del abismo.
– ¿Creen que somos bobos y no nos damos cuenta quiénes son los perros? –exclamó- Los perros somos los que estamos con la revolución…
Y acto seguido, en plan de energúmeno, se abalanzó contra el cuadro.
Cuando lo sujetaron y le explicaron que había que respetar el derecho de los artistas a expresarse, el tipo se puso peor. Pareció que se quería quitar el pantalón. Hasta que se explicó:
-Si estos gusanos maricones tienen derecho a exponer, yo, como revolucionario, tengo derecho a expresar mi rechazo y mear encima de su cuadro. Porque como soy un perro…
Por suerte, no lo consiguió. Un periodista amigo suyo que lo acompañaba, se lo llevó a rastras de la exposición.
Por mucho que algunos se empeñen en afirmar lo contrario, no ha cambiado mucho el ambiente de prohibiciones y represión en los 25 años transcurridos desde aquel episodio. El derecho institucional a censurar invocado por el comisario Rubén Valle no difiere mucho del derecho a la meada de aquel funcionario provincial del partido único que se sintió aludido por unos perros en un despeñadero.
Para Cuba actualidad: luicino2012@gmail.com
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¿Retrocederemos a los días del Decenio Gris?

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