LA MASCARA QUE ESCONDE A LA TIRANIA
Por: Lcdo. Sergio Ramos
La dictadura necesita escapar del impacto
que significa el deterioro imparable de la economía venezolana, su principal fuente
de subsidio. Razón por la cual ha puesto en marcha una ofensiva diplomática y
propagandística orientada a buscar nuevas alternativas con que financiar la
sustentabilidad en el poder del régimen castrista.
Con Rusia, negoció concederles prebendas y
privilegios para que le condonaran multibillonaria deuda externa y con China
hizo otro tanto, mientras que Brasil le construye un mega-puerto el El Mariel
con vistas a la atracción de inversionistas para crear una zona franca
industrial.
Empero, el ariete de esta ofensiva es la
proyección de un supuesto cambio de imagen a nivel internacional a través
efectos propagandísticos, entre los que se destacan el permitir la
liberalización del cuenta-propismo para aparentar una apertura económica.
Liberalizar la salida y entrada de artistas radicados en Cuba, que
conjuntamente con la eliminación del permiso de salida, le permite recibir
cuantiosas divisas y proyectar una imagen de mayor permisividad. También, como
parte de este simulado cambio, ha autorizado la salida de destacados opositores,
que si bien le representa un riesgo a su control, le da a la opinión pública
internacional una falsa sensación de que
las cosas están cambiando políticamente dentro del régimen.
Como parte del juego efectos especiales, y
muy probablemente movido por sectores con intereses económicos y políticos, han
movido al importante rotativo ‘The New York Times’ a publicar un editorial
pidiendo el levantamiento del embargo, uno de los objetivos de esta campaña, y
con lo cual, les abriría importantes fuentes de financiamiento e inversiones
internacionales, que permitirían la sobrevivencia económica de la dictadura y
la posibilidad de garantizar la sucesión de los herederos de la dinastía Castro.
El artículo que tuvo una réplica brillante
por otro editorial en oposición publicado por prestigioso periódico ‘The
Washington Post’.
Como parte de la mascarada, la dictadura ha
dado un golpe propagandístico internacional, enviando más de 200 médicos a
combatir la epidemia de ébola en África. Conociendo los precedentes del régimen,
dudamos de la voluntariedad de los galenos en prestar tal servicio a costa de
perder sus vidas por contagio.
Es harto sabido que la dictadura vende
a otros países el trabajo humano de los profesionales
cubanos como fuente para obtener jugosas ganancias en divisas, al tiempo que los
médicos perciben un mísero estipendio por su trabajo profesional, lo que
constituye una modalidad de esclavitud del hombre por el estado.
Pero tal golpe psicológico-propagandístico
ha tenido el efecto de cegar, como reflector en los ojos, a políticos,
comunicadores y a porciones de opinión pública internacional, en cuanto a la inhumana
crueldad que esconde la tiranía castrista.
Movidos por esos cantos de sirena, la Unión
Europea inicia recién una ronda de conversaciones con el régimen y sectores
influyentes de la política norteamericana demandan públicamente el fin del
embargo.
Tras esa máscara embaucadora de incautos y
reclutadora de ambiciosos políticos e inescrupulosos inversionistas, se esconde
el verdadero y horripilante rostro de una cruel tiranía.
Resulta que en el pasado mes de octubre, la
oposición pacífica cubana fue víctima de más de 909 detenciones arbitrarias. Además, continúan
impunes los atroces asesinatos de muchos cubanos, entre los que se destacan el
de Osvaldo Paya y Harold Cerero, el de Orlando Zapata y William Soto, entre
muchos otros.
La dictadura tampoco se ha despojado de su
carácter militarista. El régimen lo preside
un general alterna su charretera con el disfraz de civil, sobre cuyos
hombros pesan asesinatos y genocidios.
La cúpula gobernante de Cuba, la compone un viejo y enquistado generalato; y
son las fuerzas armadas las que controlan las principales empresas nacionales
para beneficio y lucro de sus altos mandos, a costa de la explotación de los
empobrecidos trabajadores.
Simultáneamente, prevalece una siniestra
policía política que consistentemente y como parte de una política de estado,
viola flagrantemente los derechos humanos de pueblo, aterroriza a los
ciudadanos y cuenta con centros de torturas esparcidos a lo largo y ancho de la
isla, así como inhumanas prisiones donde se encarcela injustamente a los
opositores.
El país se rige por un compendio de leyes
que solo se aplican en tanto y en cuanto
convenga a la cúpula en el poder, enmascarando con un falso estado de derecho,
lo que en la realidad es un estado de capricho del gobernante.
Podríamos consumir cientos de cuartillas
describiendo las atrocidades de la tiranía, pero bástese un botón para muestra
de su macabro rostro escondido en una máscara de bondad.
Exhortamos a todos a mirar detrás del
antifaz del castrismo, pues sería más que un error, un crimen, premiar una
tiranía afianzándola en el poder, a costa de la opresión de un pueblo.
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