Libre voluntad y libre consentimiento
Cuba actualidad, San Agustín, La Habana, (PD) En esta oportunidad quiero comentarles brevemente sobre cuál debería constituir, a mi juicio, la única razón de ser de las leyes.
A través de los tiempos, todos los gobiernos, sin excepción, se han vanagloriado de tener leyes justas y democráticas; sin embargo, en la mayoría de los casos, no son, ni una cosa ni la otra.
Recuérdese que los gobiernos no son más que un grupito de personas improductivas y parásitas, que viven del trabajo de sus ciudadanos súbditos, y en este sentido les pregunto: ¿Creen ustedes que crearían leyes que los privaran de ese privilegiado estatus?
¡Claramente que NO!
¿Y acaso no es ésta una buena razón como para desconfiar de ellos?
A través de un sinnúmero de instituciones públicas innecesarias y de leyes, muchas veces desconocidas para sus destinatarios, obligados a acatarlas, los Estados, ante todo, buscan conservar su existencia y los privilegios de esa élite humana que los conforma, sin embargo, los intereses de sus ciudadanos no son tenidos en cuenta para nada, y en el mejor de los casos, los mismos, son relegados a un tercer o cuarto plano de sus prioridades.
Veamos el ejemplo de Cuba.
Hoy el sistema jurídico cubano está plagado de leyes que demuestran las verdaderas intenciones de esa élite a la que llaman Estado.
Así, tenemos normativas que sancionan a privación de libertad a una persona sin haber cometido delito, simplemente por una presunción de que en un futuro pudiera cometerlo, como lo es el caso de la figura del Estado Peligroso regulada en el Título XI de nuestro Código Penal.
Tenemos también disposiciones legales que limitan el derecho a los cubanos de determinar libremente su lugar de residencia dentro de su propio país, como es el caso del Decreto 217 de abril de 1997.
Hay un precepto constitucional donde se limita la libertad de expresión a una sola forma de pensamiento, según lo estipula el artículo 53 de la Carta Magna, y así una lista interminable de leyes, muchas de ellas ya comentadas en este espacio, que no hacen otra cosa que asesinar los derechos fundamentales de los individuos.
¿Acaso es racional, lógico y auténtico, que una persona atente a través de las leyes, contra su propio bienestar y libertades? Claro que no. Es evidente entonces, que en ninguna de estas leyes y normativas, ha intervenido en su aprobación, el consentimiento libre y voluntario de los cubanos, y es por ello, señoras y señores, que tengo la plena convicción de que sólo las leyes creadas por la libre iniciativa y voluntad de los seres humanos, a través de acuerdos concertados libremente y saneados de toda coacción, responderán fielmente a sus propios intereses, propósitos, y bienestar individuales. ¿Quién mejor que el propio individuo para saber lo que realmente desea y le conviene?
Y es por ello que no albergo absolutamente ninguna duda de que la única fuente generadora de las leyes no debe ser otra que la libre voluntad y el consentimiento de cada individuo.
¿Qué ustedes creen?
Para Cuba actualidad: nelsonchartrand@gmail.com
www.facebook.ClubAnarcocapitalistaCuba
*Abogado y miembro del Club Anarcocapitalista de Cuba (CAC)
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