Jura de la Bandera en Sibanicú.
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Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 637-638 nos describe los acontecimientos del 11 de noviembre de 1868 en la Historia de Cuba:
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“Los acontecimientos desarrollados en Oriente a partir del 10 de octubre de 1868 aceleraron los preparativos bélicos en Camagüey. Los hombres que en la ciudad de Puerto Príncipe premeditaban rebelarse contra la soberanía de España en Cuba no se atreguaron desde que advirtieron la conveniencia de secundar el movimiento iniciado por Céspedes.
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“Los valientes cuanto distinguidos por su lustre y solvencia que se lanzaron al campo insurgente, desde Salvador Cisneros y Betancourt hasta Ignacio Agramonte, demostraron que se hallaban penetrados de la necesidad y del deber de combatir. Asaltos de posiciones enemigas, intercepción de trenes y providencias propias de hombres conscientes de la importancia del empeño en marcha constituyeron los ensayos de la Revolución en Camagüey.
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 “Entre los actos cívicos a que se entregaron los camagüeyanos descolló la jura de la bandera cubana en Sibanicú el 11 de noviembre de 1868. A Camagüey había llegado una enseña -formada de dos listas anchas paralelas, dividido el campo superior en blanco y rojo con una estrella blanca, ocupando el azul todo el campo inferior- igual a la enarbolada por Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre. Y este pabellón fue utilizado por los bisoños soldados libertadores conducidos por Jerónimo Boza hasta Sibanicú para prestar juramento de fidelidad a la causa de la independencia de Cuba.
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“En las filas de combatientes al mando de Jerónimo Boza, en Sibanicú, el 11 de noviembre de 1868, estaba Ignacio Mora y Pera. Y fue él el encargado de decir a todos lo que significaba el acto cívico de Sibanicú.
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“"No es -escribió Gonzalo de Quesada- tanto por sus servicios militares, ni por sus labores periodísticas, ni por sus méritos en los cargos de confianza que desempeñó, ni por el cruento padecer de su vida, ni por su muerte hermosa, por lo que Cuba conservará el nombre de Ignacio Mora entre los que la han amado y servido, como por su diplomacia hábil, por el peso de su consejo, por su obra de concordia, por el éxito con que consolidó los elementos disgregados de la patria naciente. ¡Bien merece una página en nuestra historia quien conjuró la tempestad de pasiones y de celos aldeanos que amenazaban la Revolución, quien con su alma serena y fogosa ayudó eficazmente a cementar la unión de todos los cubanos, que resplandeció en Guáimaro en la Carta de nuestras libertades, el 10 de abril de 1869!"
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“Ignacio Mora y Pera habló en Sibanicú de los principios sustentados por la Revolución, madre amorosa de la abolición de la esclavitud, de las libertades públicas y de la independencia patria. E hizo comprender cómo el juramento de fidelidad prestado a la bandera de Cuba suponía el despertar de la conciencia del criollo y la base de la república democrática a cuya fundación era preciso llegar por medio del sacrificio y de la virtud.”
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