Y sin embargo
Cuba actualidad, Santos Suárez, La Habana, (PD) “Transcurre el tiempo y los que ya una vez he llamado traficantes de patriotismo de nuevo resucitan con nueva máscara. Tienen tanta práctica en expender su defectuosa mercancía que consiguen su venta con gran ganancia, pues siempre habrá compradores incautos.”
Así escribía en el periódico El Habanero, editado en Filadelfia en 1824 y en New York en 1825, uno de los forjadores de la nacionalidad cubana, el padre Félix Varela.
De New York nos han llegado “prodigiosas” noticias casi dos siglos después. Primero del Prestigioso New York Times que respalda en un artículo el levantamiento del embargo estadounidense a Cuba y ahora este último 5 de noviembre, la de otro prestigioso, esta vez The New Yorker, que encumbra la decisión del gobierno cubano de enviar médicos al continente africano para combatir el ébola.
El artículo de The New Yorker concluye también por abogar por el restablecimiento de relaciones y el levantamiento del embargo.
Y sin embargo ninguno de estos dos “prestigiosos” medios de prensa ha considerado como esta realidad ya lleva años ocasionando deterioros en los centros de salud y la atención de los ciudadanos de este país. Movilizar médicos hacia otros países con toda la logística que esto conlleva no cuesta 4 pesos. Recursos que pudieran emplearse para atenuar un poco la agobiante situación por la que atravesamos.
Tampoco que esta actitud aparentemente altruista de los médicos cubanos, en la mayor parte de los casos, es el deseo de poder salir a cualquier lugar donde puedan resolver lo que en su país les resulta difícil. En otros, es una vía más para largarse a otro país, como lo demuestran las múltiples fugas.
Resulta paradójico como estos nuevos compradores incautos proceden de la misma ciudad donde se formuló este pensamiento hace casi 200 años, considerada una de las de más cultura y desarrollo en el orbe.
Más paradójico aún es que The New Yorker es la única publicación de New York que cuenta en su plantilla con un verificador, encargado este de analizar cada uno de los datos que serán publicados con el fin de no cometer errores y publicar informaciones manipuladas o parcializadas.
Poco han aprendido estos “informadores” de los métodos propagandistas de los nacional-socialistas alemanes o los comunistas rusos y sus satélites de la Europa del Este desaparecidos hace ya un cuarto de siglo.
Cuba, la única sobreviviente de aquel Armagedón de hace 25 años, es heredera e innovadora hasta la sublimación de esta propaganda política.
El fruto de esta propaganda es toda la clientela que posee el gobierno cubano a nivel mundial hasta en las altas esferas de organizaciones como las Naciones Unidas.
Hoy más que nunca se aplica la afirmación de Adam Mictnick de que los observadores extranjeros no tienen “ni el conocimiento, ni el marco conceptual” para entender lo que pasa en estos países con este tipo de regímenes.
No es extraño que esto suceda. El mundillo intelectual de Occidente se mueve hacia la izquierda. La mayor parte de las vanguardias literarias y las élites intelectuales rechazan todo lo que vaya contra esta.
A Friedrich Hayek, uno de los mejores economistas del siglo XX, publicar a fines de la II Guerra Mundial “El camino de la servidumbre” una obra donde pone al descubierto como la izquierda mediante alianzas allanó el camino de los nazis en Alemania y los comunistas en Rusia, le costó el ostracismo y el rechazo de todo este ambiente intelectual que tiene “la llave de los truenos” a la hora de repartir reconocimientos y premios internacionales.
El Premio Nobel de Economía no se lo vinieron a otorgar a Hayek hasta 1974, con una ya avanzada edad.
Llegados a este punto en que todo ha girado a favor del levantamiento del embargo por estos dos prestigiosos medios de prensa neoyorquinos y en “lo que no ven o no quieren ver”, habrá notado la coincidencia entre la palabra embargo que sola significa suspensión, traba etc. y que con la preposición sin delante significa; empero, no obstante, etc.
Aclarado el concepto, continúo con la palabra embargo con la preposición sin delante que da píe al título de este trabajo y donde me extenderé un poco más con algunos puntos de vista sobre el prestigioso The New York Times.
Fundado en 1851, es considerado por muchos el diario por excelencia de Estados Unidos. Por esta razón y sus 95 premios Pulitzer es también visto como un diario que crea opinión y que muchos lectores toman como referencia. Y sin embargo, la sociedad estadounidense olvida como esta influencia en la opinión pública, el gobierno y las fuerzas armadas fue nefasta en los años anteriores a la II Guerra Mundial.
Con The New York Times se aplica a cabalidad el viejo refrán, “cría fama y acuéstate a dormir”. Sus 95 Pulitzer han creado el mito de este diario y a su vez este ha creado otros tantos, unos para enaltecer, otros para ridiculizar. Casi todos a la larga han perjudicado en vez de remediar.
En los años 50, The New York Times creó el mito de Fidel Castro y la revolución cubana.
En la década del 20 y del 30 ridiculizaron a Robert H. Goddard, el inventor de los cohetes. Sería muy provechoso recordarles a esa opinión pública de EU que esta ridiculización de los experimentos que hacía Goddard con los cohetes fue copiada por otros “prestigiosos medios” que también hicieron leña del árbol caído.
Los nazis, mediante la introducción de un espía, –Nicolaus Ritter–, en el ambiente en que se movía Goddard lograron obtener toda la información que necesitaban para construír sus conocidas bombas voladoras V1 y V2 de las que los ingleses no quisieran acordarse.
Así que el “prestigioso” The New York Times tuvo una buena parte de culpa en tupir las mentes al pueblo, gobierno y Fuerzas Armadas dando origen a que los nazis se adelantaran en esta materia y por consiguiente, se prolongara la II Guerra Mundial.
Y sin embargo, ni a Goddard o sus familiares o a otros perjudicados, entre ellos los ingleses, se les ocurrió presentar una demanda por indemnización por estas afirmaciones que influyeron en el destino del mundo y en perjuicio del científico.
Navegaron con suerte hasta que llegó el año 1964, en que un comisionado de policía de Alabama de apellido Sullivan se querelló contra el prestigioso NYT por difundir falsedades.
Conocido como el caso Sullivan vs New York Times, la corte del estado condenó al diario a pagar 500,000 dólares. El NYT apeló y llevó el caso hasta la Corte Suprema de EU. Fue tal el revuelo que armó que a partir de este asunto se creó una norma federal conocida como “Doctrina de la Real Malicia”, la que en términos jurídicos y de derecho se utiliza para los casos “de tergiversaciones, injurias o calumnias” publicadas por cualquier medio de información masiva.
La contaminación ambiental de la gran urbe del Norte parece que afecta el raciocinio de estos editorialistas neoyorquinos. Sin embargo, todo esto seguirá sucediendo hasta que se le ocurra a alguien aplicarles de nuevo la dichosa doctrina.
Para Cuba actualidad: glofran864@gmail.com
Friedrich Hayek
Para Cuba actualidad: glofran864@gmail.com
Friedrich Hayek
No hay comentarios:
Publicar un comentario