miércoles, 24 de diciembre de 2014

UN DIA COMO HOY, EN LA HISTORIA DE CUBA: AVANZA A CRIMEA.

POR: GUIJE CUBA


El 24 de diciembre en la Historia de Cuba


• 1895 -

- La Invasión Libertadora, dirigida por Máximo Gómez y Antonio Maceo, en Matanzas: Avanza de Sumidero (distrito de Cárdenas) a Crimea (distrito de Colón), en total 8 leguas recorridas.

La Invasión Libertadora del 24 de diciembre por José Miró Argenter.

- Tea Redentora y Fuego Purificador.

Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 723-724 nos describe los acontecimientos del 24 de diciembre de 1895 en la Historia de Cuba:
   “El Generalísimo lo había advertido categóricamente en su arenga del 30 de noviembre de 1895 en el vivaque de Lázaro López: no debía espantar al soldado cubano la destrucción del país. Preciso era no detenerse, si así lo demandaba el curso de los sucesos revolucionarios, ante la devastación de la riqueza cubana. Un ideal supremo, el de redimir la tierra amada, estaba por encima de toda otra consideración, y a su logro fueron encaminadas las decisiones de los caudillos de la insurrección iniciada el 24 de febrero.

   “La obra destructora, impuesta irremisiblemente por la necesidad de llevar a cabo la Invasión, tomó incremento extraordinario en la provincia de Matanzas. Ya la operación, tan feliz como complicada, que Maceo y Gómez realizaron el 22 de diciembre de 1895 tuvo, entre otros objetivos, el de sembrar en las clases pudientes del país el pánico merced al incendio de los cañaverales de todos los ingenios de Colón, Jovellanos y Cárdenas. La zafra resultaría imposible. El conflicto adquiriría tamaños aterradores. "Las humaredas del siniestro ocasionado por la columna de Maceo -refirió el cronista de la Revolución- señalarían a Gómez nuestra ruta, y, a la inversa, las columnas de humo que este levantara a su paso nos advertirían su derrotero."

   “Algo más de prisa de lo que juzgaba Martínez de Campos, la devastación llegó a su colmo. El gobierno de la República había prohibido la zafra en el territorio cubano. La hueste invasora fue cumplidora fiel y justa del acuerdo adoptado por el Consejo de Gobierno. Hacendados y colonos recibieron el aviso pertinente: la infracción de lo dispuesto por la Revolución los colocaría en situación de enemigos de la República y sería sancionada con la total destrucción de sus maquinarias y establecimientos y el incendio de sus campos de caña. Lo demás, cuanto no estaba incluido en esas propiedades exceptuadas, debía ser arrasado.
   
“Nunca hubo en Cuba un día más propicio a la tea redentora y al fuego purificador que el 24 de diciembre de 1895. Los dos principales caudillos de la causa cubana se movían en la región central de Matanzas, donde las fincas azucareras, confiados sus dueños en la eficacia de las tropas españolas, habían reanudado la molienda. Todo ardió en aquella hora memorable de la Revolución. Desde las nueve de la mañana hasta bien entrada la noche -realmente noche buena en el concepto exactísimo de que a veces la guerra había de ser sin cuartel ni tregua, para edificar en el porvenir sobre las ruinas del presente trágico- ingenios, material rodante de la vía férrea, estaciones telegráficas, maderaje de los puentes y alcantarillas fueron pasto de las llamas. Densas nubes de humo cerraban el horizonte y eclipsaban los rayos solares. Las dimensiones horribles de la catástrofe presagiaban la proximidad de la liberación.”

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