
El 'nuevo billete cubano de 100 pesos', ¿burla o deseo?
Los ciudadanos de a pie comparan entre Obama y Raúl Castro. Las simpatías son evidentes.
El entusiasmo inicial que desató el acercamiento Cuba-EEUU en la Isla ha sido sucedido por una expectación atenta y un gradual desengaño.
Comentarios como "esta gente [el Gobierno] no quieren cuadrar la caja con los yumas", se escuchan a menudo junto a expresiones de desaliento.
El cubano promedio, que por décadas ha visto la solución a su vida en "el imperio" a sólo 90 millas, con mayor ingenuidad aún apostaba ahora por el milagro de que el imperio llegara hasta la mismísima Isla.
Los peligros de que la negociación se haya realizado sin que el Gobierno firme e implemente los Pactos Internacionales de Derechos Civiles y Políticos, y de Derechos Económicos, Sociales y Culturales que dejó pendientes desde febrero de 2008, y sin que se revisen y ajusten las leyes para estos cambios sin los que el cubano de a pie quedará aún más indefenso, fueron detalles pasados por alto para no aguar la fiesta.
El pueblo se alegró, aun ignorando los matices inconfesados de esa alianza y el hecho de que, como siempre, su opinión no fuera tenida en cuenta como futuro ni como presente.
Se alegró porque necesita desesperadamente construirse una esperanza. Esto se respira en el aire. Se notaba en los comentarios susurrados, en la exaltación contenida que siguieron al anuncio del 17 de diciembre; en los estallidos de alegría al llegar el nuevo 2015. Risas estrepitosas, atronadores cláxones, gritos de júbilo y más agua que nunca arrojada a las calles como un exorcismo contra la larga miseria.
Y aunque la desinformación y la demagogia han dejado su saldo de apatía, confusión, inmadurez, la balanza de simpatía y popularidad se inclina innegablemente hacia Obama. Se oyen comparaciones entre éste y el presidente cubano: la forma de vestir, el hecho de que el norteamericano "no lea sus discursos", que hable con propiedad, naturalidad, así como las ventajas que entrañan sus propuestas.
Mientras el Gobierno cubano habla de diferencias de concepto en materia de derechos humanos, de indemnizaciones y de una dignidad que no representa al pueblo, el norteamericano enuncia ayuda económica, tecnológica, cambios para favorecer el flujo de visitantes, para aliviar el aislamiento y la absurda polarización que ha costado tanto dolor a las familias signadas por el exilio.
Tal vez el Gobierno cubano no ha calculado en profundidad lo que significa el contraste. La demonización al país del norte (que se mantiene intacta en el seno del PCC, las FAR y los programas de educación), no son suficientes para convencer a la población de tal peligro cuando en su propio país, todo lo que han tenido en medio siglo de fidelidad ha sido la confiscación de su libertad y la burla de sus sueños.
Tal vez el Gobierno no ha calculado en profundidad el peligro que implicaría a estas alturas otro desengaño. La buena jugada puede revertir su efecto si las promesas se postergan demasiado.
Mientras, como una venganza cruel y silenciosa, circula una imagen como la que encabeza este texto. En un programa de photoshop, y desde la seguridad del anonimato, los defraudados le dan su voto secreto al candidato de su elección.
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