POR: GUIJE CUBA
1723 -
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- Sublevación y Muerte de Vegueros: Iglesia de Jesús del Monte.
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Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 109-110 nos describe los acontecimientos del 21 de febrero de 1723 en la Historia de Cuba:
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“La presencia de unos quinientos vegueros, casi todos a caballo y armados, el 18 de febrero de 1723 en las zonas de cultivo de Santiago y Bejucal fue, más que nuncio, demostración plena de que algo extraordinario ocurría. La actitud asumida por tan numerosas personas era aún de mayor notoriedad. Se echaron sobre campos cubiertos de tabaco. Los arrasaron. ¿A que se debía locura tal? ¿Que había por ventura espoleado a los labradores de las inmediaciones de La Habana para que se entregasen a semejantes depredaciones? La defensa de intereses que consideraban lesionados era el móvil de la alborotada conducta de tan gran concurso de agricultores.
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“Los especuladores en el comercio del tabaco, perjudicados por no haber podido despachar sus remesas para la Península en los galeones que zarparon del puerto de La Habana a principios de 1723, montaron en cólera. Pero no desataron la propia: encendieron la de los vegueros de San Miguel, Guanabacoa y Jesús del Monte. Los llevaron a creer que un estanco absoluto de la rama nicociana estaba decretado, y que ello era causa de la baja de precios notada por algunos necesitados que en aquellos días precipitaron la venta de la que poseían. Los labradores confiaron en la buena fe de sus oficiosos informantes. Se apresuraron a hacer sentir su protesta. Se armaron de arcabuces y escopetas. Aparecieron de improviso organizados y dispuestos a realizar atentados a la propiedad como el llevado a cabo el 18 de febrero en Bejucal y Santiago de las Vegas.
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“El gobernador de la Isla, Gregorio Guazo Calderón, fue informado de los hechos realizados por los vegueros y de que el número de los sediciosos pasaba de mil, situados estratégicamente a lo largo del camino de Calabazar a Santiago de las Vegas. Dispuso que a las nueve de la noche del 20 de febrero el capitán Ignacio Barrutia, con su gente montada y dos compañías de peones, marchase hacia el lugar de los sucesos. Las horas señaladas por el Capitán General para el movimiento de sus fuerzas sirvieron para que unos y otros se aprestasen. Los amotinados tendían a marchar sobre la plaza de La Habana.
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“El choque se hizo inevitable al amanecer del 21 de febrero de 1723. El capitán Barrutia, situado en las inmediaciones de Santiago, se adelantó con un pequeño núcleo de sus fuerzas e intimó a los sediciosos para que se disolviesen. La respuesta fue dada en el acto, mas no como la aguardaban los representantes de la autoridad. A la demanda del oficial contestaron los sediciosos descargando a quemarropa sus arcabuces y escopetas. El resto de la tropa de Barrutia salió de las malezas en que se ocultaba y arremetió contra la muchedumbre rebelde. Gracias a la prisa que se dieron para ponerse a salvo, sólo hubo un muerto, varios heridos y doce prisioneros. Guazo condenó a muerte a los prisioneros casi al ser aprehendidos, y en la misma mañana fueron arca buceados y sus cadáveres colgados en lugares fácilmente visibles, según el Capitán General, para escarmiento de los pueblos donde se había producido la insurrección.”
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