
Un robot sexual.
¿Quiénes son los cubanos que se prostituyen?
Se ha difundido la noticia de robots sexuales diseñados para satisfacer todos los gustos: poseen un cuerpo de silicona, megáfono interno, voz y conversación simple —que puede actualizarse por vía internet para mejorar su respuesta inteligente—; sensores en partes importantes, y servomotores en la boca y los genitales. Hasta ahora solo se han fabricado féminas, con los atributos corporales según el deseo del cliente, capaz de abonar los hasta seis mil euros por estas amables compañeras.
Sin embargo, hay un paralelo con nuestra realidad, pues algunos cubanos que "luchan" en la calle como modo de vida, y que apenas pueden siquiera imaginarse su propio modelo sexual, hacen lo imposible para conseguir lo que necesitan de manera práctica, por eso se dan a la tarea de la "caza", que no es otra que hacer amigos extranjeros que los ayuden a solucionar sus problemas económicos; para ellos, ése es su "robot sexual", que viene con el implícito trueque de "sexo a cambio de". Así van apareciendo los que seleccionan su mercancía, de acuerdo al país, el estatus y la idiosincrasia.
Pululan en zonas de tolerancia chicos de entre 18 y 25 años, llamados "pingueros" por su apariencia fresca y ropas ceñidas, que seleccionan casi siempre a los foráneos de mediana edad, y también a vejestorios, pues no importa la apariencia. Lo que vale es el grueso de la billetera. Sus favores son atendidos con regalos que cubren las necesidades más apremiantes, como ropa, comida y rentas de vivienda; además de generar en un corto o largo plazo viajes turísticos.
Los hay que pasan los 30 años, que se adecúan a lo que venga, sin importarles el sexo del visitante. Los sacrificios son por una buena causa: mantenerse, e incluso mantener una familia.
Los personajes que se dedican a este negocio varían, provienen de diferentes estratos sociales; abundan artistas y todo tipo de sujetos vinculados al arte que no cobran una tarifa, sino que usan el disfraz de la amistad para conseguir prebendas, y cuyo único fin es una boda o un viaje hacia tierra más fértiles en las que puedan desarrollarse material y espiritualmente.
Danae y Yuliesky, con 40 y 27 años respectivamente, son una pareja de Las Tunas que vive alquilada en Centro Habana. Los dos ejercen la prostitución.
Danae: "Vinimos hace tres años para La Habana porque la miseria nos comía por una pata, tengo dos hijos que mantener y ahora están con mi mamá. Aquí consigo algunos extranjeros que me pagan 5 CUC por dos horas. Casi todos son ancianos, pero al menos hago un dinerito que le mando a mi familia para que puedan comer. Allá la cosa está muy jodida."
Yulieski: "Soy gay, los clientes me pagan de 15 a 20 CUC cuando salen conmigo, otros me compran comida y ropa cuando les explico mi situación. Mi sueño es que se enamoren de mí y me saquen del país, por eso es que tengo que cuidar mucho mi imagen, hago ejercicios todos los días y trato de vestirme con ropa llamativa. Un amigo mío tuvo tremenda suerte y se empató con un viejo italiano y ahora vive en Roma. Aquí estamos lejos de nuestra casa, pero siento que algo va a cambiar. Mi compañera es muy buena y me ayuda y es como si fuera mi mamá."
Por su parte, Silvia, de 17 años, es estudiante de preuniversitario. Los fines de semana se va a las discotecas a buscar extranjeros.
"Aunque vivo en Miramar no soy de clase alta, mi papá es ponchero y el dinero de su trabajo no alcanza. Los viernes y sábados voy a la disco con mis amigas a buscar yumas. Como soy joven y no estoy mal, muchas veces me voy con 50 y 60 CUC, o ellos me regalan sus celulares cuando se van, y me dejan ropa que puedo vender. Así mantengo mi casa, voy a comer a buenos lugares y puedo vestirme bien."
A sus 25 años, Ángel Ernesto cuenta: "Me gradué en San Alejandro de pintura, y no he tenido suerte con mi trabajo, actualmente vendo en la Catedral cuadros de autores clásicos; por dinero, hago una obra que no me gusta. Conozco a extranjeros y trato de hacer amistad para que me ayuden. El año pasado conocí a una mexicana de 50 años que se enamoró de mí, y ahora estoy esperándola para casarnos."
Anita, de 28 años, es maestra de primaria: "Desde los 20 mantengo una relación con un italiano que viene a Cuba dos veces al año, me ayuda económicamente enviándome euros. Así pude arreglar mi casa, que se estaba cayendo. Aunque todavía no se ha pronunciado para invitarme a su país ni habla de boda, no puedo pelearme con él a pesar de todo, porque necesito el dinero. Cuando él se va sigo con mi novio cubano."
Muchas de estas historias tienen un desenlace sorpresivo, pero los robots-forasteros son mucho más apetecibles para estos cubanitos y los ayudan a susbsistir y paliar sus necesidades.
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