sábado, 5 de septiembre de 2015

Angustia de fin de mes en una carnicería de barrio

'Nos tuvieron durante semanas como el cocodrilo, con la boca abierta esperando el bocado', dice un anciano.
Unidad El Pastor, La Habana, minutos antes de la 1:00 de la tarde del 31 de agosto. Parece que van a "matar a Lola" por adelantado. El dependiente recoge algunas libretas de racionamiento y pide atención: "Con esto sobra, los demás quedan hasta las 4:30", dice.
La cola sobrepasaba las 50 personas. "¿Es que ustedes tienen muchos censados, varias bodegas?", pregunta un cliente. "Atendemos tres —responde el bodeguero— pero esto no es lo principal; llegaron todos los productos de una vez y la gente quiere comprar lo suyo. Para los pobres, la mayoría, es un salvavidas".
Varios pizarrones escritos con tiza blanca anuncian: "Pescado de dieta. Pescado de población. Pollo para niños menores de 14 años. Huevo de población. Huevo de dietas. Dieta de carne de res". El detalle está en que, excepto los huevos, cada cárnico tiene su fecha específica de vencimiento. Es decir, se compra o se pierde.
En la cola aparece el descontento. Cerrarán dentro de unos minutos, los clientes deberán esperar tres horas y media hasta la reapertura. Si abandonan el sitio, pierden el turno y, en dependencia de los productos que les corresponden, pende sobre cada consumidor el peligro del vencimiento.
"Es que todo vino junto, el último día del mes, una maldad", comenta una mujer. "Además, tienen una sola pesa, están las dietas… vaya, hoy nos vamos de aquí a las 6:00 de la tarde con buen tiempo", dice otra. "Y lo que no compres en tiempo y forma, se lo llevan los de adentro", remata la primera.
Jesús, un señor alegre, dueño de una de las mejores discotecas de música cubana de los años 50, interpela a su vecina que viene con paso difícil, apoyada en un bastón: "¿Marta Elena, y de la OFICODA (registro de consumidores) qué?".
"Aquello parece que va a hablar Fidel", responde la mujer. "La gente reclamando sus dietas, imagínate, raspándole lo posible al Gobierno".
"¿Pero tú resolviste?", insiste Jesús. "¡Claro! —contesta con satisfacción Marta Elena— por eso vengo a marcar, porque me justificaron la dieta especial, un poquito más de comida para la casa".
 Carlos Pérez acaba de salir con su jabita de nylon, sobresalen las colas de dos jureles y en el fondo marcan sus formas los muslos con contra muslos de pollo congelado. Alguien lo ayuda con los huevos. Van a ser la 1:00 de la tarde. Al menos durante los próximos días el abuelo masticará.
"Nos tuvieron durante semanas como el cocodrilo, con la boca abierta esperando el bocado", dice.

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