miércoles, 9 de septiembre de 2015

Guantánamo y la militarización de sus playas


Se han creado cotos de caza exclusivos para militares y dirigentes de alto rango
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Familias enteras, como esta, son frecuentemente molestadas por guardias fronterizos (foto de archivo)
Familias enteras, como esta, son frecuentemente molestadas por guardias fronterizos (foto de archivo)
GUANTÁNAMO, Cuba – Entre las opciones veraniegas preferidas por los cubanos está ir a la playa, y los guantanameros no son la excepción. Pero siendo la suya una de las pocas provincias cubanas con costas al norte y al sur, a los habitantes de la capital provincial y a los que residen en los municipios de El Salvador, Niceto Pérez, Manuel Tames y Yateras les resulta muy difícil darse un baño en el mar.
El primer obstáculo radica en que las mejores playas se encuentran dentro del territorio ocupado por la base naval norteamericana. El segundo, que aquellas bajo administración cubana situadas cerca también se encuentran militarizadas para mantener bien controlado lo que las autoridades denominan “perímetro fronterizo”.
La militarización de las playas guantanameras comenzó poco después del triunfo del castrismo. Primero los propietarios de fincas aledañas a la base fueron obligados a reubicarse en otras zonas, y luego fueron confiscadas las casas de veraneo.
Los huracanes y la falta de mantenimiento han vuelto ruinas las antiguas instalaciones (foto del autor)
Los huracanes y la falta de mantenimiento han vuelto ruinas las antiguas instalaciones (foto del autor)
Ahora esos lugares son un coto exclusivo para militares y dirigentes cubanos de alto rango. Vienen a cazar venados o reses que viven en estado salvaje, algo que para un cubano común constituiría “delito de sacrificio ilegal de ganado mayor”.
Hasta finales de la década de los años ochenta del pasado siglo, se podía viajar desde Guantánamo hacia Baconao, en la vecina Santiago de Cuba, por una carretera que bordeaba la costa sur de ambas provincias. Pero desde entonces los militares tomaron el control de esta zona de espectacular belleza. Quien sea visto en ella es detenido y acusado de inmediato de intentar una “salida Ilegal del país”, es decir, otro delito.
Inclusive Yateritas, un balneario situado a unos 40 km de Guantánamo, está vedado. No sólo los ciclones y la indolencia se han ensañado con sus instalaciones, sino que además cualquiera que se aventure a penetrar en ella puede ser interceptado por un guardia fronterizo. Lo menos que puede pasar es que le militar ordene marcharse de allí, aunque no existe un cartel que prohíba la estancia ni nada que identifique la zona como militar.
Las playas de San Antonio del Sur e Imías están lejos de Guantánamo Ciudad, y un pasaje cuesta entre 15 y 30 pesos por persona (0.70 y 1.25 dólares, para un salario promedio mensual de 21 dólares). El resto son pequeñas y pedregosas, y balnearios abandonados.
Las playas de Guantánamo sufren, entre los militares, el abandono y la contaminación (foto del autor)
Las playas de Guantánamo sufren el impacto de la militarización, el abandono y la contaminación (foto del autor)
Pero incluso allí, a pesar de ser zonas autorizadas para el baño, es común que los militares de fronteras hagan a los bañistas salir del agua para que se identifiquen, y quien se niegue a hacerlo puede ser detenido y acusado por desobediencia. De esto no se libran tampoco los miembros de la Federación Cubana de Pesca Deportiva que suelen ir al lugar.
En varias oportunidades los pescadores se han quejado ante la dirección del MININT de la provincia por el proceder de las autoridades quienes, de manera incorrecta y a sabiendas de que pertenecen a una organización no gubernamental, autorizada por el gobierno cubano, les prohíben pescar en “El Batebate”, área rocosa al este de Tortuguilla, la única donde pueden hacerlo. Pero esto, como casi todo en las playas de Guantánamo, sólo se hace si los militares lo permiten.
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ACERCA DEL AUTOR

Roberto Jesús Quiñones Haces

Roberto Jesús Quiñones Haces

Nació en la ciudad de Cienfuegos el 20 de septiembre de 1957. Es Licenciado en Derecho. En 1999 fue sancionado de forma injusta e ilegal a ocho años de privación de libertad y desde entonces se le prohíbe ejercer como abogado. Ha publicado los poemarios “La fuga del ciervo” (1995, Editorial Oriente), “Escrito desde la cárcel” (2001, Ediciones Vitral), “Los apriscos del alba” (2008, Editorial Oriente) y “El agua de la vida” (2008, Editorial El mar y la montaña). Obtuvo el Gran Premio Vitral de Poesía en el 2001 con su libro “Escrito desde la cárcel” así como Mención y Reconocimiento Especial del Jurado del Concurso Internacional Nósside de Poesía en 2006 y 2008 respectivamente. Poemas suyos aparecen en la Antología de la UNEAC de 1994, en la Antología del Concurso Nósside del 2006 y en la selección de décimas “Esta cárcel de aire puro”, realizada por Waldo González en el 2009.

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