POR: GUIJE CUBA
El 5 de septiembre en la Historia de Cuba
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• 1896 -
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- Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 503-504 nos describe los acontecimientos del 5 de septiembre de 1896 en la Historia de Cuba:
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“El ataque al caserío de Dimas por las fuerzas libertadoras al mando inmediato del general Antonio Maceo se prestó a diversas conjeturas. La operación allí realizada era exponente de planes que no consistían solamente en el propósito de hostilizar al enemigo. El Lugarteniente, a despecho del estado de relativa indefensión en que se hallaba Dunas, no se esforzó por entrar en la población ni la noche del 3 de septiembre de 1896 ni al día siguiente. ¿Por qué? ¿Cuáles eran las intenciones que se ocultaban tras la aparente ofensiva tomada por el caudillo en las inmediaciones de Dimas o San Pedro de Murias?
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“Lo que detrás de aquello había estuvo de manifiesto en el general Maceo el 5 de septiembre de 1896. Al cabo de algunas horas de reconocimientos infructuosos, vueltas las tropas libertadoras a Tumbas de Estorino, los planes del Lugarteniente se encontraron sometidos a estudio. Su presencia en los confines occidentales era debida a la necesidad y al deseo de llegar hasta Cabo Corrientes, para recibir allí la expedición del general Juan Rius Rivera. Todo tenía que girar alrededor de tal objetivo. Cualquier intento del adversario encaminado a cortar el paso a la hueste insurrecta entrañaría, sin duda alguna, razón de sobra para que las armas de uno y otro bandos chocasen de manera violenta.
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“Los cubanos supieron el 5 de septiembre de 1896 que el batallón Wad-Ras, que la víspera del ataque a Dimas había marchado de este pueblo al de Arroyos de Mantua, se aprestaba a impedir o por lo menos a entorpecer el avance hacia Cabo Corrientes. Tener Maceo noticia de tales actos preparatorios y ponerse en actividad extraordinaria fue cosa de un solo momento. Nada le haría retroceder. ¿Cómo iba a resignarse a desistir de la satisfacción de un anhelo alimentado día tras día con fervorosa pasión? La suerte estaba echada, y era por lo mismo inmodificable el intento primordial en la serie de jornadas iniciada en Puerta de la Muralla.
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“El Lugarteniente se hizo cargo de la situación. Tenía por tablero de sus planes inmediatos la campiña mantuana. Meditó. Procuró que no fallase su objetivo de dirigir personalmente el aprovechamiento de la expedición de Rius Rivera. Llegó a inquietarle la incertidumbre respecto de la llegada del barco insurrecto. Pero a poco se repuso. Infundió a sus subalternos fe plena en el buen suceso de la empresa. Los cubanos se hallarían en trance de tomar precauciones inusitadas, de llevar a efecto reconocimientos cuidadosos y de enfrentar a pecho descubierto al enemigo. En ello residía el secreto de las esperanzas lisonjeras abrigadas por el caudillo oriental, y a ello debían llegar sus huestes.”
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- José Miró Argenter en “Cuba Crónicas de la Guerra (La Campaña de Occidente) - Tomo III: Segunda Edición” de la Editorial Lex, 1942, páginas 79-80 describe los acontecimientos del 5 de septiembre de 1896 en la Historia de Cuba:
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“El día cuatro se repitió la exploración del campo enemigo, aunque sin resultado eficaz. Pero, al siguiente, se tuvieron noticias fidedignas de que la columna acampada en los Arroyos hacia aprestos para impedir el paso de los expedicionarios, si intentaban nuevamente cruzar por aquella demarcación. Con este motivo el Cuartel general se movió con presteza a fin de situarse en Santa Isabel, Norte de los Arroyos, antes de que el enemigo se opusiera a nuestro plan con otro movimiento análogo. A Maceo le interesaba sobremanera examinar las condiciones estratégicas de aquel distrito a fin de establecer una base de operaciones, que podía ser de más o menos duración según el tiempo que emplearan nuestros correos en traer la noticia oficial del anunciado desembarco. ¿Pero era un hecho lo de la expedición? ¿Podía considerarse con el carácter de suceso positivo? Esta era la incógnita que interesaba descifrar. Hasta entonces, por ningún rumbo, se pudieron adquirir noticias de la expedición, ni se sabía tampoco que el buque portador hubiese señalado su proximidad a nuestras playas.
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“Como antecedente oficial no existía más que la carta cifrada de la Delegación y la seriedad de los hombres que mantenían el propósito de prestarnos eficaz ayuda. La incertidumbre dominaba los ánimos más esperanzados. Unicamente nuestro caudillo tenía aun fe en el suceso, y disponía las cosas para que el negocio no fracasara por falta de medidas previsoras o por impaciente celo. Pero era también indudable que el enemigo estaba muy alerta, avisado por la permanencia del grueso insurrecto en aquella comarca, y que dentro de brevísimo plazo se ventilarían reñidas peleas en el litoral o en las estribaciones de la montaña, si Maceo persistía en el propósito de no moverse de la zona mientras no supiera en definitiva el resultado de la expedición. Dictó órdenes urgentes para que fueran conducidos al Cuartel General los pertrechos de la expedición de Leyte, que quedaron bajo la custodia de Varona, jefe de la brigada de Occidente. Envió destacamentos de infantería sobre Mantua para que reconocieran las vías de comunicación y hostilizaran el caserío. El pueblo de Mantua estaba también fortificado. Meses atrás, en día memorable para el invasor, nos había festejado ruidosamente con repiques de campanas y otros testimonios elocuentes del público alborozo, y su Ayuntamiento, reunido en pleno, levantó el acta histórica de la invasión. La guerra era la misma; variable la fortuna.”...
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