jueves, 5 de mayo de 2016

Paliza e impunidad a ritmo de reguetón




Si tienes un buen padrino, quizá puedas incluso golpear a una anciana sin que nada te pase

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El Dany, al frente y vestido de blanco, junto al expelotero Víctor Mesa, el músico Elito Revé y otros (Facebook)
El Dany, al frente y vestido de blanco, junto al expelotero Víctor Mesa, el músico Elito Revé y otros (Facebook)
MIAMI, Estados Unidos.- Todo indica que colgó la foto en Facebook como prueba de lo impune que se siente ante la ley luego de haber atacado, en pandilla y a batazos, a un joven desarmado y a su abuela de 82 años. Fue quien encabezó la banda de los cuatro delincuentes que cometieron la fechoría. Y aparece en la foto junto al funcionario que lo libró de la cárcel, su protector ante las instancias oficiales, según los afectados.
Aseguran las víctimas que este desalmado quiso enviarles un mensaje bien explícito: “Conmigo no se metan, porque tengo padrino”. Y en tal caso, el presunto padrino es Víctor Mesa, amigo personal de Antonio Castro, el benjamín de la dictadura castrista, y consentido muy especial del régimen, no obstante a ser uno de los mayores perdedores de la historia como capitán del equipo Cuba de béisbol.
La antecedencia (digamos chismográfica) de este suceso es lo que menos importa. Se trata de un problema de rivalidad entre reguetoneros. El organizador y autor material de la agresión, Daniel Muñoz, llamado El Dany en el mundillo del reguetón, perteneció al grupo Los 4, del cual se separó y con cuyos miembros ha sostenido desde entonces diferencias públicas. El agredido, Javier Pons, es uno de los actuales integrantes de esa agrupación. Sea cual fuere la naturaleza de anteriores intercambios verbales entre ellos, el hecho es que el agresor aprovechó que la víctima estaba solo para atacarlo en pandilla. La abuela del agredido, Gladys Reyes Díaz, quiso mediar entre los malhechores y su nieto, para evitar males mayores, pero ella misma recibió una golpiza que la dejó con un brazo fracturado y cuatro puntos de sutura en una mano.
Los agredidos aseguran que presentaron denuncia (con pruebas incluidas) ante las autoridades policiales. Y en principio, El Dany fue conducido a la estación de policía. Pero fue justo ahí donde al parecer entró el padrino en escena.
Muy pocas horas después, la acusación naufragaba en la costa, sin novedad en el frente para los agresores, en tanto su cabecilla –que ahora integra un nuevo grupo de reguetón llamado “Yomil y El Dany”– estaba libre de culpas y haciendo alarde de su impunidad mediante Facebook, con la foto de referencia, publicada bajo el rótulo: “Seguimos en combate, jejeje. Hay Yomil y El Dany Pa´Rato”.
En Cuba, los recursos, organizaciones, instituciones, disposiciones o medios que debieran servir de garantía para el buen desenvolvimiento de la sociedad, están repartidos en pequeños feudos particulares desde el principio mismo del gobierno revolucionario. A cada cual según su jerarquía o su parentela o sus proximidades y complicidades con la corte del dictador en jefe. Los de mayor alcurnia se apoderaron del tesoro nacional o de las residencias o de las principales fuentes económicas. El resto, siempre en escala descendiente, se lo reparten los lacayos fieles: desde el administrador de una fábrica hasta un suboficial de la policía, pasando por una larga cadena de sicarios, chivatos y funcionarios de baja estofa. No sé en qué renglón de esta última categoría debe ser ubicado Víctor Mesa (tal vez en más de uno), pero tampoco eso es lo importante.
Lo verdaderamente sustancial radica en el papel que sujetos como él (y son muchos, cientos de miles) están jugando hoy en el traspaso de la nación cubana a un estado mafioso, con un doble soporte: arriba, el gran poder político-militar, integrado por oficiales de alto rango, ministros y otros jerarcas; abajo, una red canalla de pandilleros que le sirve de infraestructura y de fiel bastión, dada a medrar bajo la sombra de la ley imponiendo sus reglas sucias e incivilizadas.
Ya se conoce que nuestra Isla huele a podrido por todos sus poros. Lo que no siempre tenemos presente es que las llagas más dañinas y duraderas no son las que más sobresalen. Tarde o temprano, la costra visible tiende a caer por sí sola. ¿Pero cuánto tiempo nos llevará erradicar la infección que subyace bajo la superficie?
La víctima, Gladys Reyes Díaz, de 82 años (Foto: maxxyes.com)
La víctima, Gladys Reyes Díaz, de 82 años (Foto: maxxyes.com)
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ACERCA DEL AUTOR

José Hugo Fernández



José Hugo Fernández

José Hugo Fernández es autor, entre otras obras, de las novelas El clan de los suicidas, Los crímenes de Aurika, Las mariposas no aletean los sábados y Parábola de Belén con los Pastores, así como de los libros de cuentos La isla de los mirlos negros y Yo que fui tranvía del deseo, y del libro de crónicas Siluetas contra el muro.

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