sábado, 21 de mayo de 2016

UN DIA COMO HOY, EN LA HISTORIA DE CUBA.

POR: GUIJE CUBA


El 21 de mayo en la Historia de Cuba

• 1897 -



- Desembarcó el “Dauntless” en Punta Brava, Oriente, mandada por el comandante Serapio Arteaga. Sigue conducida por Ricardo Delgado a la playa de Bacuranao, Habana, a donde llegó el 24. Este barco llevó otras expediciones a Cuba.

• 1870 -

- Ignacio Agramonte.



Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 289-290 nos describe los acontecimientos del 21 de Mayo de 1870 en la Historia de Cuba:

   “El esfuerzo bélico de los cubanos en pos de la soberanía internacional pasó por las vicisitudes anejas a todo empeño humano. Habría sido pueril ilusión esperar qué en una obra de varones movidos por altas aspiraciones colectivas no se hubiesen manifestado disparidades y choques. En la guerra iniciada en octubre de 1868, tan rica en grandes talentos y caracteres, la falta de absoluta armonía acompañó a los separatistas desde el principio hasta el fin. Sin embargo, sus propósitos y renunciaciones no dejaron de constituir un afán magno.

   “Ignacio Agramonte era uno de los hombres más puros y valiosos de la Revolución. Era el jefe natural de los patriotas de Camagüey. Llevaba en sí las mejores esencias de la Revolución. Representaba el espíritu democrático del separatismo. Desde antes de la proclamación de la República algunas de sus ideas chocaron con algunas de las ideas de Carlos Manuel de Céspedes, menos inclinado que Agramonte a la adopción en tiempo de guerra de instituciones concebidas para días de paz. Ciertamente, en Guáimaro el pensamiento político de Agramonte pudo más que el de Céspedes.

   “En el curso de la guerra Agramonte mostró con reiteración su inconformidad ante hechos que se producían en el bando insurrecto. Su desazón no provenía del deseo de imponer su voluntad: provenía del ansia de ver avanzar su causa rectamente. En 21 de mayo de 1870 se dirigió a los representantes de Camagüey en la Cámara a fin de excitarlos al cumplimiento de sus deberes cívicos. No bastaba que ellos, acordes con observaciones que él les había hecho, intentasen interpelar a los miembros del gabinete de Céspedes. Obligación de ellos, y de él, era procurar por todos los medios asequibles poner coto a excesos que perturbaban la existencia republicana y desacreditaban la causa libertadora.

   “Como habló a camagüeyanos, a sucesos camagüeyanos se refirió Agramonte en 21 de mayo de 1870. El territorio de Camagüey era teatro de movimientos revolucionarios que, según Agramonte, entrañaban desaciertos dañosos para la República. ¿Hasta dónde llevarían a los patriotas -preguntaba Agramonte- las contemplaciones y la falta de energía de la Cámara? La Cámara, a juicio del convencional de Guáimaro, no podía permanecer impasible en presencia de abusos públicos en el seno de la Revolución, como Cuba no se hallaba inmota frente a las injusticias del régimen colonial. Cuba se había alzado contra los excesos de la dominación española. La Cámara, nacida de semejante rebelión, debía ser severa en el tratamiento de las malas cosas que ocurrían en las filas separatistas.

   “Agramonte creó escuela en la Revolución. La escuela de Agramonte tenía por finalidad mantener entre los libertadores los principios que ellos habían defendido al lanzarse a una cruenta lucha contra el gobierno de España. Y esto, al cabo, era saludable para la Revolución, madre de la República. De la pureza de la Revolución tenía que depender principalmente la grandeza de la República. Y Agramonte era un insigne servidor de la Revolución y de la República.”

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