sábado, 28 de mayo de 2016

UN DIA COMO HOY, EN LA HISTORIA DE CUBA.

POR: GUIJE CUBA


Natalicios cubanos:




Collazo Tejada, Enrique: -Nació en Santiago de Cuba el 28 de mayo de 1848 y murió en La Habana el 13 de marzo de 1821. Enviado a España, ingresó en la Academia de Artillería y siéndole denegada la separación al estallar la guerra de los Diez Años se fugó a Francia para poder venir a Cuba a luchar por su independencia. Fue ayudante de Máximo Gómez. Después del "Zanjón" emigró a Jamaica hasta 1887, en que regresó a su tierra. En la guerra del 95 luchó bajo el mando del general Calixto García. Fue asambleísta en "Yaya" y alcanzó el grado de general. En la República ocupó varios altos puestos, entre ellos el de Representante. Escribió y publicó obras históricas. Como patriota prestó eficaces servicios a la revolución tanto en el 68 como en el 95, indiscutible su cubanidad y su sinceridad. Tristemente célebre en 1892 por su carta a José Martí, cuya injusticia y crueldad desmedida él mismo supo, más tarde, desmentir con su conducta reconociendo al Apóstol. Como historiador, un brillante recopilador de anécdotas, episodios y efemérides que han servido para ir completando el conocimiento de la epopeya libertadora.

Guije.com - estudios en la cultura y la historia de Cuba El 28 de mayo en la Historia de Cuba

• 1896 -

- En Consolación del Norte fue destruido en lucha el poblado de San Andrés.



• 1825 -

- Facultades Omnímodas.



Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 303-304 nos describe los acontecimientos del 28 de Mayo de 1825 en la Historia de Cuba:

   “La situación política de Cuba en 1825 era una de las más complejas en que estuvo colocada la Colonia a lo largo de sus luchas contra la Metrópoli. Estaban reconstituido el trono férreo de Fernando VII, derrocado el régimen constitucional y perseguidos y castigados liberales y revolucionarios. Las aspiraciones emancipadoras eran reducidas a intentos infructuosos.

   “En Cuba había alteradores que deseaban remover el régimen políticosocial de la Isla. Pero entre ellos no existía espíritu de solidaridad. "La división -escribió el camagüeyano Manuel Villanova- no conocía límites: Montalvo y Barreto combatían a Arango; Antonio Zambrana, imberbe aún, injuriaba y ridiculizaba en un folleto a su maestro el Padre Varela, que era el más respetable, el más eminente de los cubanos; José Dimas Valdés denunciaba a sus compañeros de conspiración...". La falta de unidad en los propósitos renovadores era segura garantía del predominio de España en la Isla.

   “El país vivía profundamente conturbado. Se hallaba a la merced de una sola voluntad, armada de una real orden de 28 de mayo de 1825. Esta pragmática, destinada a conservar la autoridad de la Corona y la tranquilidad pública, invistió al Capitán General del lleno de las facultades que se concedían a los gobernadores de plazas sitiadas. Cuba era una plaza sitiada permanentemente en cuanto a la vida y seguridad de sus naturales. Se pretendía castigar sin contemplación ni disimulo los anhelos de cuantos, en busca de una suerte mejor, se esforzaban por contravenir el estado de cosas dominante.

   “El uso de las facultades omnímodas estaba al parecer coartado por la obligación de guardar y respetar las leyes y atender la buena administración de justicia. Sin embargo, estas prescripciones no pasaron de la categoría de vanas palabras, condenadas al desprecio de los mismos encargados de velar por su recta aplicación. Causa de gravísima transformación fue el régimen organizado al amparo de aquella funesta real orden. Los españoles de Cuba dejaron de producir cubanos españoles y comenzaron a engendrar cubanos insurgentes. Así se desarrolló la última fase de la colonización de Cuba por España, según señaló Francisco Figueras, teniendo por símbolos el cuartel y la cárcel, por normas las ordenanzas militares y por gobernantes a unos generales que de los tercios de Flandes solían conservar únicamente la rudeza y la crueldad.

   “Mientras crecían los cubanos insurgentes engendrados por los españoles que usufructuaban la Colonia hubo la apariencia de una paz absoluta. No faltaban quienes de buena fe creyesen que los espíritus habían recobrado la calma y que los criollos se resignaban a soportar la opresión a que estaban reducidos por la real orden de 28 de mayo de 1825. Como subrayó Manuel Villanova, la voz de Félix Varela clamando por la independencia de su patria apenas se oía y los versos de José María Heredia aceptaban que feroz tiranía eclipsaba la estrella de Cuba.”

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