lunes, 9 de mayo de 2016

UN DIA COMO HOY, EN LA HISTORIA DE CUBA.

POR: GUIJE CUBA


Natalicios cubanos:

Un laboratorio de Botánica siglo XIX


Gómez de la Maza y Jiménez, Manuel: -Notable botánico. Nació en La Habana el 10 de mayo de 1867. Cursó en la Universidad de La Habana los estudios de Medicina y Ciencias Naturales; fue catedrático de Botánica y secretario hasta su muerte de la misma. Publicó varias obras. Murió en 1916.



Morales Lemus, José: -Nació en Gibara el 10 de mayo de 1808 y falleció en Nueva York el 23 de junio de 1870.

El 10 de mayo en la Historia de Cuba

• 1916 -



- De la Iglesia Católica en Cuba: El 24 de septiembre de 1915 los Veteranos de la Independencia elevaron al Vaticano una petición, solicitando la proclamación de la Virgen de la Caridad del Cobre, como Patrona de la República de Cuba. El 10 de mayo de 1916 Su Santidad Benedicto XV firma un edicto proclamando a la Santísima Virgen, bajo la advocación de la Caridad del Cobre, como Pa­trona Principal de la República de Cuba.

• 1896 -



- El grueso del ejército del general Antonio Maceo acampó en la hacienda Santa Rita, Consolación del Sur.

• 1895 -

Diario de José Martí en Cuba.



José MartíMáximo Gómez y acompañantes llegan al campamento de Travesía. Permanecen en este campamento hasta el 12 de mayo.

• 1878 -




• 1869 -

- Incendio en Guáimaro.



Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 267-268 nos describe los acontecimientos del 10 de Mayo de 1869 en la Historia de Cuba:

   “Guáimaro, el modesto pueblo de Camagüey donde se votó la constitución de Cuba republicana, descollaba por este y otros sucesos dignos de grata memoria. Joaquín de Agüero lo había escogido para fundar en el una escuela, para crear en pleno oscurantismo colonial un templo del saber, donde el criollo recibiese educación. Después, el 4 de noviembre de 1868, el día en que la sociedad camagüeyana se sumó a la contienda armada contra la soberanía de España en Cuba, Guáimaro, conquistado por el filo de los machetes libertadores, resultó uno de los primeros timbres de honor labrados por los patriotas de aquella tierra heroica.

   “Para Guáimaro fue un feliz acontecimiento el habérsele escogido para celebrar la reunión de preeminentes revolucionarios de Oriente, Camagüey y Las Villas, proclamar la República, votar la Constitución y organizar los poderes públicos. El desarrollo de esas novedades se inició el 10 de abril de 1869, y por espacio de un mes aquel pueblo quedó erigido en asiento del gobierno de Cuba libre. Pudo creerse que el destino protegía la estabilidad de las incipientes instituciones en Guáimaro. Pero pronto la buena ventura se tornó en irreparable desgracia. El 10 de mayo de 1869 el General en Jefe del Ejercito Libertador hizo llegar al comandante de armas de Guáimaro la orden de que sin perdida de momento incendiase la población, arrasándola hasta convertirla en cenizas, advertido de que con su cabeza respondería de la ejecución de mandato tan extremo.

   “"El Comandante obedeció -dijo José María Izaguirre-, y al obscurecer empezó su obra de destrucción sobre aquel hermoso caserío de doscientas casas, la mayor parte de tapia y teja, y muy bellas. Horror daba ver aquella gran conflagración, donde se consumían tantos sudores, de donde brotaban tantas lágrimas. Confieso que el corazón se me oprimía al ver al fulgor de las llamas salir de las casas incendiadas a las pobres mujeres llevando a sus hijitos de las manos, y en la cabeza un lío de ropas, único bien que podían salvar de aquel desastre. La población entera, incluyendo su bonita iglesia, quedó reducida en pocas horas a un montón de escombros."

   “Hasta aquel día en Guáimaro permaneció el gobierno presidido por Carlos Manuel de Céspedes. La orden de incendio fue grave y extrema, como la demandaban las circunstancias en términos muy apremiantes. El general Quesada, al disponer la destrucción de Guáimaro, complementaba el acuerdo de que se abandonase por los cubanos el pueblo libre donde se había firmado la constitución de la República. Sabía que los españoles abrigaban el propósito de echarse sobre Guáimaro, dispuestos a convertirlo en pasto de la furia de que era encarnación el conde de Valmaseda. El sufrimiento y la abnegación de los libertadores no reconocían límites, y el sacrificio propio acabó por triunfar de los planes del enemigo.”

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