domingo, 19 de junio de 2016

UN DIA COMO HOY, EN LA HISTORIA DE CUBA.

POR: GUIJE CUBA


• Natalicios cubanos:



Zambrana Vázquez, Antonio: -Nació en La Habana el 19 de junio de 1846 y falleció aquí el 27 de marzo de 1922. Abogado, profesor, periodista y orador. Desde los primeros días de la revolución de Yara se incorporo al movimiento insurrecto. Miembro destacado de la Asamblea de Guáimaro y Secretario de la misma. En Nueva York publicó su libro “Revolución de Cuba”, dio conferencias, acompaño al general Manuel de Quesada, paso a México y Chile en comisión de servicio para la República en Armas y donde quiera hizo resonar su verbo caudaloso, despertando el entusiasmo y simpatía por la causa cubana. Después del pacto del Zanjón se afilio al Partido Autonomista y en Baracoa, en donde tenía bufete abierto, desplegó una activísima campaña en el periódico “La Paz”. Fue electo diputado en 1887, pero su acta no fue aprobada por el Congreso español. En La Habana había fundado también el periódico “El Cubano”. Se expatrió y fue catedrático y magistrado en Centro América en donde el fogoso constituyente de Guáimaro pasó toda la guerra última de independencia. En 1906 regresó a Cuba y en La Habana le sorprendió la muerte.

Guije.com - estudios en la cultura y la historia de Cuba El 19 de junio en la Historia de Cuba

• 1896 -

- Lomas de Tapia, Pinar del Río.



Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 347-348 nos describe los acontecimientos del 19 de junio de 1896 en la Historia de Cuba:

   “La polémica sostenida en 19 de junio de 1896 en las lomas de Tapia por españoles e insurrectos fue el resultado de un laborioso plan ideado desde La Habana. Después de la acción, tan desgraciada para las armas cubanas, de San Gabriel de Lombillo, los soldados españoles se movieron inusitadamente alrededor de las posiciones ocupadas por las huestes del general Antonio Maceo. Aun cuando en el parte de lo ocurrido en San Gabriel de Lombillo no había alardes desmesurados de triunfo, Weyler creyó verse en vísperas de algo muy desastroso para los libertadores. ¡Como se refocilo ante la esperanza, tan solo la esperanza, de que sus nuevos proyectos relativos a la campaña de Vuelta Abajo se traducirían en golpes certeros!

   “La prensa habanera, en eco de lo que en la Capitanía General se concebía y se anunciaba, hablo de los extraordinarios aprestos encaminados a reducir a la impotencia al Lugarteniente. Se supo así cuanto se disponía y se tramaba, y, en verdad, no fue escaso el servicio que las indiscretas noticias oficiosas prestaron a la causa revolucionaria. Unido esto, al movimiento de tropas españolas en las zonas de Bahía Honda y Cayajabos, cuando los confidentes de los libertadores se hallaban en guardia, los últimos presumieron lo que les aguardaba. No pudo sorprenderles el hecho de que el 18 de junio se encontrase el valle de Tapia convertido en un vasto campamento enemigo. Aquel día, como impacientes los sostenedores de la Colonia, hubo preparativos y amagos de combate.

   “El general José Miro vio y contó lo sucedido en las lomas de Tapia el 19 de junio de 1896. A las seis de la mañana fueron tiroteados los insurrectos por el camino del ingenio Recompensa. Poco después también lo eran los exploradores que envió por aquel rumbo el coronel Sotomayor. El general Maceo no estaba en el campamento: había ido, con su escolta, a visitar a Hugo Roberts, herido en el combate de San Gabriel. A las siete el Jefe de Estado Mayor practicó un reconocimiento por el camino de Manuelita, y precisó que eran dos columnas las que iniciaban el ataque: una venía por San Claudio, y la otra, seguramente la que tiroteó a los vianderos, traía el rumbo de Bramales para converger sobre Manuelita. La primera disparó un cañonazo en la loma Vigía, como señal de antemano convenida con la de Bramales. Sotomayor, con cuarenta tiradores, se situó en el camino de Manuelita para reforzar la vanguardia del general Bandera, y Miró, con los elementos restantes, ocupó el camino de Lechuza para detener el avance de los españoles por este lado.
   “Unos y otros quedaron en situación de empeñar ruda pelea. La inició el general Bandera con su escolta en tanto el coronel Sotomayor reforzaba la línea de Manuelita. Los españoles se obstinaron en invadir todo el frente de Tapia, para reunir las dos columnas en Manuelita, y llevaron a, cabo su propósito a costa de violenta refriega. Sotomayor se replegó sobre Lechuza. Bandera abandonó su posición al cabo de empeñada resistencia. Los españoles se adueñaron en aquella primera parte de la acción de todo el valle de Tapia, reanudaron por la tarde la ofensiva y desalojaron a los insurrectos de los cerros cuya ocupación constituía para ellos una amenaza seria. A despecho de la hostilidad insuperable de los cubanos, que apenas sumaban doscientos, lograron algunas ventajas. Un aguacero torrencial puso término a la polémica, que costó dieciséis bajas a las huestes de Maceo. Así y todo, eso no fue sino una tregua: el Lugarteniente estaba empeñado en no permitir que el adversario estableciese base alguna de operaciones en las lomas de Tapia.”

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