martes, 21 de junio de 2016

UN DIA COMO HOY, EN LA HISTORIA DE CUBA.

POR: GUIJE CUBA


El 21 de junio en la Historia de Cuba

• 1896 -



- Desembarcó el “Comodoro” en las playas de Camacho, Cárdenas, mandada por el comandante Pablo F. Rojo y el coronel Ricardo Trujillo al frente de 16 hombres, 400 armas, 500,000 tiros y otros pertrechos de guerra. Este barco llevó a Cuba varias expediciones.

• 1895 -



- Desembarcó el “Virginius” en la punta Turquina, cerca de Tunas de Zaza, mandada por los generales Carlos Roloff y Serafín Sánchez, a costa de muchos esfuerzos y a la postre de innumerables obstáculos. Traía unos 132 jóvenes cubanos que habían salido con anterioridad de La Habana y de Matanzas y venían ahora a contribuir con su sangre a la liberación de la patria. Además, un cuantioso porque de guerra.

• 1871 -



- Desembarcó el “Virginius” en la punta Turquina, dirigida por el general Rafael de Quesada, en la cual venían sesenta venezolanos y seis cubanos con numeroso parque y 50 burros equipados para acémilas, por lo que fue denominada “expedición de los burros”. Salió de Puerto Cabello (Venezuela) y recibida en la costa del sur de Oriente por el general Máximo Gómez y un batallón de fuerzas patriotas de Holguín. Estos expedicionarios siguieron para Camagüey a incorporarse, pero teniendo que batirse en Ciego de Lora.
El vapor “Virginius” en viaje posterior fue apresado por el español de guerra “Tornado”, siendo conducido a Santiago de Cuba. Más información en el día 6 de noviembre de 1873.

• 1791 -

- Temporal en la Región Occidental.



Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 351-352 nos describe los acontecimientos del 21 de junio de 1791 en la Historia de Cuba:

   “En los momentos en que el capitán general Luis de las Casas y el intendente José Pablo Valiente se afanaban por encauzar al país por senderos de progreso la mano de la fatalidad se dejó sentir sobre Cuba. El año de 1791 se presentó excesivamente lluvioso desde el mes de abril. Todo pareció anormal entonces. Las labores del campo, limitadas siempre en esos días primaverales, se vieron casi por completo interrumpidas. Pudo observarse cómo los mejores deseos del hombre rodaban por tierra. Hasta a la desesperación hubo quien llegó, imposibilitado de consagrar sus iniciativas y actividades al trabajo útil y productivo.

   “De mal en peor fueron las cosas día tras día. Según avanzó el año„ en su curso natural, se acentuó el desastre producido por la estación lluviosa. Al llegar el verano, el quebranto se convirtió en furiosa amenaza y en inminentes desastres. El 21 de junio de 1791 el torrente de las aguas pluviales, rebasando todos los cauces, llegó a su colmo. Los campos se anegaron totalmente, los ganados perecieron en gran parte, las siembras quedaron destruidas y muchas vidas peligraron.

   “"Multitud de vecindarios y familias, incomunicados por las aguas, no salieron -observó Jacobo de la Pezuela- de un presente de hambre sino para desesperarse con una perspectiva de ruina y de miseria; porque la inundación, recrudecida con el furor de los vientos y chubascos a semejanza del diluvio antiguo, así destruyó arbolados y selvas seculares como plantaciones, viviendas y ganados, arrebatando las corrientes a muchos infelices sorprendidos por avenidas repentinas. En las topografías balas de todo el territorio que se extiende desde Jaruco y la Ciénaga de Zapata hasta el cabo de San Antonio, haciendas, casas, animales, todo desapareció, destruido o maltratado; sin que a tan espantosa inundación apenas resistiera la compacta y vigorosa vegetación de la caña, como para reparar después tantos desastres."

   “La tormenta duró, en su máximo desencadenamiento, hasta el 22 de junio. Tras ella surgió la hombría de bien de Luis de las Casas. El hombre severo, que reprimía con mano de fierro la vagancia y cuantos otros excesos padecía Cuba, puso entonces de manifiesto su grandeza. Las zonas de Wajay, Santiago de las Vegas, Bejucal, Santa María del Rosario, Güines, Managua y Puentes Grandes, no menos que el territorio de la tenencia de gobierno de Filipina, recién creada, recibieron del Capitán General alientos y ayudas decisivos, bastantes para reponerse en poco tiempo del estado de penuria en que quedaron.”

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