domingo, 26 de junio de 2016

UN DIA COMO HOY, EN LA HISTORIA DE CUBA.

POR: GUIJE CUBA


El 26 de junio en la Historia de Cuba

• 1897 -

- El Presidente McKinley y Cuba.



Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 361-362 nos describe los acontecimientos del 26 de junio de 1897 en la Historia de Cuba:

   “La ascensión de William McKinley a la presidencia de los Estados Unidos pareció anunciar un cambio radical en la política de Washington acerca de Cuba. Una de las preocupaciones de McKinley al asumir el Poder Ejecutivo tuvo que ser la ad_ opción de medidas enderezadas a solucionar el conflicto hispanocubano. El Partido Republicano, que lo llevó a la Casa Blanca, contrajo con el pueblo el compromiso de emplear activamente su influencia y sus buenos oficios para restablecer la paz en la Isla y darle independencia. A raíz de su elección, en conversación con el senador Henry Cabot Lodge, fervoroso adicto a la revolución cubana, McKinley evidenció su conocimiento de la escabrosa situación y su anhelo de verla resuelta.

   “El Presidente empezó por llamar la atención de. España hacia el modo de hacer la guerra en Cuba. En 26 de junio de 1897 el secretario de Estado, John Sherman, dirigió una nota al ministro de España en Washington. La amistosa actitud del gabinete de Washington y la observancia por su parte de las leyes de neutralidad necesitaban verse ayudadas por el modo de llevar la guerra por parte de España. Este procedimiento debía tender tanto a atraerse la expectante indulgencia de la Unión como a ganar la confianza de los cubanos en las ventajas del régimen colonial.

   “A la nota de Sherman respondieron el plenipotenciario hispano en Washington con la suya de 30 de junio de 1897 y el ministro de Estado de España con una real orden de 4 de agosto de 1897. Fue ésta, probablemente, uno de los últimos documentos en cuya redacción colaboró Cánovas del Castillo, asesinado cuatro días después en el balneario de Santa Agueda. La real orden, preñada de referencias a pasajes de la historia de los Estados Unidos, no correspondió a la exigencia que la provocaba. En resumidas cuentas, hizo estribar la cesación de la contienda armada en la persecución que las autoridades norteamericanas desenvolviesen contra los revolucionarios de Cuba refugiados en la Unión.

   “McKinley buscaba con ahínco el encauzamiento diplomático de la situación embarazosa creada por la insurrección antillana. A este efecto, designó enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de la Unión en Madrid a Stewart Lyddon Woodford, general de la Guerra de Secesión, abogado excelente y hombre público de importancia en Nueva York. Woodford quedó acreditado cerca del gabinete de Madrid en 13 de septiembre de 1897. Diez días después, el 23, entregó en San Sebastián al duque de Tetuán, ministro de Estado, la nota contentiva de los puntos de vista cuyo desarrollo le había encomendado su gobierno. La lucha armada de Cuba contra España constituía el centro alrededor del cual debía girar la actividad del nuevo legado de los Estados Unidos en la corte hispánica.”

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