miércoles, 29 de junio de 2016

UN DIA COMO HOY, EN LA HISTORIA DE CUBA.

POR: GUIJE CUBA


Natalicios cubanos:



Gómez Carbonell, María: -Nació en La Habana el 29 de junio de 1903. Cultivadora de las letras cubanas desde muy joven. Se graduó en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana en 1924. Su tesis de grado fue “La Numismática y su Significación”. De su vida universitaria son sus celebradas conferencias sobre “El Mío Cid”, “William Shakespeare”, “Simón Bolívar, cumbre de América”, “La Lírica de Martí”. Obtuvo todos los premios de su carrera universitaria. Una vez graduada se presentó a un concurso de la Fundación Piedad Zenea, logrando el Premio Extraordinario por su obra Juan Clemente Zenea. Fundó en 1925 el colegio de 1ª y 2ª enseñanza Néstor Leonelo Carbonell. Las materias de su predilección en la enseñanza fueron: Literatura, Gramática e Historia. Desempeñó una cátedra interina de Lógica y Cívica en el Instituto de Segunda Enseñanza. Fundó la Alianza Nacional Feminista, y fue electa presidenta de la misma. Ha pronunciado más de trescientas conferencias sobre feminismo. Son notables sus discursos sobre “La Mujer, camino del mañana” y los que pronunciara en Santiago de Cuba en honor del Dr. Bravo Correoso; en la inauguración del Congreso Intelectual de la Mujer; en el banquete organizado por el Club Femenino de Cuba en honor de la mujer electa en los comicios de 1935 y el que pronunciara en el gran mitin del Conjunto Nacional Democrático en el Teatro Nacional. Escribió versos sentidos de carácter elegíaco como “Se fue papó” y “Viejecita Blanca” y otros de carácter patriótico como la “Oda al Niágara”, “Mi tierra”, etc. 

Guije.com - estudios en la cultura y la historia de Cuba El 29 de junio en la Historia de Cuba

• 1856 -

- Ascensión Aerostática de Matías Pérez.



Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 367-368 nos describe los acontecimientos del 29 de junio de 1856 en la Historia de Cuba:

   “Las ascensiones aerostáticas constituían a mediados del siglo XIX espectáculos de entretenimiento más que esfuerzos científicos. Elevarse sobre el suelo era arriesgar la vida. Gente inclinada al peligro utilizaba este modo de atraer curiosos, ya en busca de notoriedad, ya para procurarse el sustento.

   “La Habana de aquellos tiempos era presa de excitación al solo anuncio de que tal cual atrevido piloto se disponía a correr el riesgo grave de ascender por los aires en la débil barquilla de un globo. No se ignoraba que el hombre en disposición de elevarse hasta las nubes estaba jugándose la vida. Pero esto era una de las causas de la curiosidad e inquietud de quienes se preparaban a ser espectadores. El día señalado para una ascensión aerostática era de inusitado bullicio.

   “Entre los hombres que quisieron deparar a La Habana la fuerte sensación del espectáculo de ascensiones aerostáticas se halló un portugués llamado Matías Pérez y conocido también por Rey de los Toldos, de seguro que en atención a la industria a que se dedicaba. Se empeñó en ejercitarse en tan peligroso género de aventuras. No le bastó ascender una vez a la vista del pueblo habanero. Quiso demostrar cómo era cierto que bajo su humilde condición de artesano se ocultaba un espíritu fuerte. Quizá el buen éxito de su primera excursión le permitió sentirse dueño absoluto de sus destinos y capaz de repetir la, operación cuantas veces lo desease. En medio de la pública curiosidad Matías Pérez preparó su segunda ascensión.

   “El 29 de junio de 1856 la ciudad de La Habana estuvo desde temprano sobre aviso para presenciar la segunda ascensión aerostática del portugués Matías Pérez. El piloto se halló presto a cumplir su temerario ofrecimiento, sin sentirse arredrado ni mostrarse remiso en ningún momento. Pero la suerte se manifestó adversa. Matías Pérez hizo su segunda ascensión, que fue la última, pues desapareció en el espacio, para caer más tarde, teniendo en cuenta el rumbo en que dejó de vérsele, en el mar. Un biógrafo, que en realidad no lo fue de Matías Pérez, por lo mismo que no dijo de él otra cosa, refirió que de su mortal empresa no quedó sino un cuaderno de exageradas décimas, que se imprimió en elogio del heroísmo inaudito que alguien le atribuyó.”

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