domingo, 24 de julio de 2016

UN DIA COMO HOY, EN LA HISTORIA DE CUBA.

POR: GUIJE CUBA


El 24 de julio en la Historia de Cuba

• 1896 -


- En los días 24, 25, 26 y 27 de julio de 1896 tuvo lugar la famosa acción de Hierba de Guinea, iniciada por las tropas cubanas en el demolido ingenio “Perseverancia”. Al frente de los cubanos estaban el general Calixto García y bajo su comando los jefes Periquito Pérez, Agustín Cebreco, García Vélez, Francisco de P. Valiente y Thomas y Mario G. Menocal. Las españolas, mandadas por el general Linares y los coroneles Vara del Rey, general Sandoval y teniente coronel Garrido.

• 1895 -


- La primera expedición que debía salir de Fernandina (Estados Unidos) para iniciar la guerra de emancipación a fines de 1894 era compuesta de tres yates de recreo: “Lagonda” “Amadís” y “Baracoa”, en los cuales iban a embarcar las figuras cimeras cubanas, y entre ellas José Martí, que tanto había laborado para su organización, fracasó por haberse apoderado el gobierno americano de las embarcaciones y embargado el armamento. Posteriormente Gonzalo de Quesada y Benjamín Guerra instaron al entonces coronel Emilio Núñez a salvar el desastre de la pérdida total, como así lo hizo. Y de los restos gloriosos del primer fracaso, en esta etapa, se pudo organizar otra expedición, que condujeron a los generales Carlos Roloff y Serafín Sánchez, desembarcando con éxito el 24 de julio de 1895 en Tunas de Zaza.

• 1731 -

- Sublevación de Esclavos en El Cobre.


Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 417-418 nos describe los acontecimientos del 24 de Julio de 1731 en la Historia de Cuba:

   “Al descubrimiento de minas de cobre a tres leguas de la ciudad de Santiago de Cuba, hallazgo debido a Hernández Núñez Lobo en el siglo XVI, no tardó en suceder su laboreo. Se inició con negros esclavos adquiridos por cuenta del rey de España. Merced a la riqueza subterránea encontrada y al empleo de numerosos elementos en el beneficio de la misma, empezó a formarse el pueblo denominado Santiago del Prado del Cobre. Quienes apreciaron allí la existencia del cobre en grandes cantidades estuvieron acertados. El tiempo se encargaría de confirmar hasta los juicios más optimistas y halagüeños.

   “Las minas de El Cobre en los primeros períodos de su explotación pasaron por las más variadas vicisitudes. La administración de aquella industria se halló alternativamente en manos de agentes del Gobierno y de empresarios particulares. Uno de éstos, Juan Eguiluz, acabó por no poder cumplir las condiciones del contrato celebrado. Los delegados reales, en consecuencia, se apoderaron de los bienes dados por Eguiluz - en garantía, y en la masa de los mismos se contaron doscientos setenta y cinco esclavos: hombres y mujeres y negros y mestizos.

   “Los funcionarios de Santiago de Cuba pusieron escaso celo en el cuidado de las minas al tomar el manejo de cuanto a ellas concernía y cuanto había quedado allí procedente de Eguiluz. Un abandono absoluto, una negligencia imperdonable y un desdén culpable se exhibieron en torno a la gestión de los gobernadores de la región oriental de Cuba respecto de la riqueza natural confiada a su administración. Las consecuencias de tal conducta no podían sino ser funestísimas. Era muy exagerado el desprecio con que aquellos agentes de la Corona observaban los intereses públicos cuya guarda les estaba encomendada. A ningún espíritu previsor podía escaparse el peligro que todo ello entrañaba.

   “Los esclavos incautados a Eguiluz no fueron una excepción en el procedimiento seguido por los funcionarios de Santiago. No hubo para aquéllos sino un tratamiento pésimo, generador de violentas actitudes de defensa y venganza. Si no quisieron o no pudieron preverlo los llamados a ello, la realidad se encargó de demostrarlo plenamente. El 24 de julio de 1731 los esclavos de Santiago del Prado del Cobre se sublevaron, proclamándose libres. Entonces, aunque tampoco con mucha diligencia, vinieron las autoridades a tomar las medidas que el buen juicio aconsejaba, vistas las cosas, por supuesto, desde el punto de mira del orden jurídico a la sazón imperante. El coronel Pedro Jiménez, que gobernaba en Santiago de Cuba, logró sofocar por el momento la insurrección, pero no pudo borrar las huellas de tan grave suceso.”

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