sábado, 30 de julio de 2016

UN DIA COMO HOY, EN LA HISTORIA DE CUBA.

POR: GUIJE CUBA

El 30 de julio en la Historia de Cuba

• 1810 -

- Un Emisario de José Bonaparte.



Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 429-430 nos describe los acontecimientos del 30 de Julio de 1810 en la Historia de Cuba:

   “A bordo del bergantín mercante San Antonio llegó a La Habana en julio de 1810 un joven mexicano, de aspecto simpático y maneras cultísimas, que, a su decir y al de su pasaporte, venía a esperar oportunidad para trasladarse a Veracruz. Se llamaba Manuel Rodríguez Alamán y Peña. Por su porte, llamó extraordinariamente la atención del oficial encargado de reconocer los buques entrados en puerto. Ocurrió algo que pudo juzgarse providencial, lo mismo en la advertencia hecha sobre la persona del viajero que en las medidas adoptadas a consecuencia de ello. En efecto, todo tendió a esclarecer las sospechas que la mera presencia del desconocido suscitó, como si su secreto designio hubiese sido adivinado por las autoridades de La Habana.

   “El oficial encargado de reconocer el San Antonio se creyó obligado a tomar precauciones. Comenzó por llevar al recién llegado a la presencia del marques de Someruelos, capitán general de la Isla. En la casa del Gobierno, y sin que pudiera aclararse nada sobre el verdadero fin de su viaje, Someruelos mandó al oficial que reintegrase a Rodríguez Alamán al San Antonio, para que recogiese allí cuanto componía su equipaje, y ordenó al juez Francisco Filomeno, presente en la Capitanía General, que sin perdida de momento se trasladase al bergantín y, asistido de escribano y testigos, interrogase al sospechoso viajero y examinara minuciosamente sus papeles y prendas.

   “El 19 de julio, ya en tierra Rodríguez Alamán, se llevaron a cabo las diligencias conducentes al esclarecimiento de su conducta. El juez Filomeno apuró los recursos de su habilidad hasta descubrir los antecedentes y proyectos de quien resultaba emisario de José Bonaparte, soberano usurpador de España, donde, además, había prestado servicios a la misma causa el recién llegado. Se supo entonces, por las pruebas ocupadas y por las declaraciones del propio Rodríguez Alamán, que la finalidad de su viaje consistía en poder alcanzar a prelados, virreyes, capitanes generales, gobernadores, audiencias, consulados y cabildos de Cuba, México, Guatemala, Santa Fe, Mérida de Yucatán, Caracas y Puerto Rico unos treinta y tres pliegos enderezados a conseguir la adhesión a José I, rey de España y sus dominios, desconociendo para ello los proclamados derechos de Fernando VII, a quien los habitantes de la Isla habían jurado fidelidad.

   “La desaparición de Rodríguez Alamán fue suceso inevitable desde que se evidenció el motivo de su presencia en Cuba. Ya sólo se ocuparon las autoridades de La Habana en cumplimentar los requisitos indispensables para terminar condenándolo, como lo condenaron en la mañana del 28 de julio de 1810, a muerte, con arreglo a providencias hacía poco dictadas por la Junta Central de Sevilla. La indignación del pueblo de que habló un historiador español se vio apaciguada por las palabras del confesor de Rodríguez Alamán según las cuales éste reconocía la justicia de la sentencia. El 30 de julio de 1810 fue ahorcado en La Habana el emisario de José Bonaparte, Manuel Rodríguez Alamán y Peña, que sufrió la primera pena capital impuesta por infidencia en Cuba en el siglo XIX.”

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