jueves, 25 de agosto de 2016

UN DIA COMO HOY, EN LA HISTORIA DE CUBA.


POR: GUIJE CUBA

Natalicios cubanos:



Pérez de Zambrana, Luisa: -Nació en el Cobre (finca Melgarejo) el 25 de agosto de 1835 y falleció en Regla el 25 de mayo de 1922. Poetisa que se crió y educo en pleno campo sin otros maestros que sus libros y su vocación. Huérfana muy joven se trasladó a Santiago de Cuba y colaboro en “El Orden”, “El Diario” y otras publicaciones de la localidad. En 1856 publicó su primer tomo de “Poesías”, que fueron bien recibidas por la crítica y el público lector. Se casó con el doctor Ramón Zambrana y bajo la sombra de su esposo empezó a colaborar en todas las revistas y periódicos de La Habana. En 1860 dio un segundo tomo de “Poesías” (que prologó la Avellaneda). Su primera composición, fue escrita a los catorce años, “Amor materno” y las más destacadas, según la crítica, son: “Al campo”, “Noches de luna”, “La Caridad”, “El sabio en su patria” y “La estrella de la tarde”. Tradujo varias obras, publicó un “Tratado de Urbanidad” y las novelas “Angela” y “Estrella”, dejando inédita “La hija del verdugo”. En 1920 fueron recogidas y editados sus poesías en un tomo que prologó Enrique José Varona. Murió pobre y olvidada.

Guije.com - estudios en la cultura y la historia de Cuba El 25 de agosto en la Historia de Cuba

• 1871 -

- Fusilamiento de Juan Clemente Zenea.





Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 481-482 nos describe los acontecimientos del 25 de Agosto de 1871 en la Historia de Cuba:

   “El deseo de lograr lo mejor para su patria era uno de los sentimientos dominantes en Juan Clemente Zenea al estallar en Cuba la insurrección encabezada por Carlos Manuel de Céspedes. Para el brillante poeta fue como un llamado del honor cívico la mera noticia del alzamiento del 10 de octubre de 1868. En seguida se situó en Nueva York, seguro de que allí podría trabajar eficazmente por la independencia de la Isla.

   “La fatalidad guió un día los pasos de Zenea hacia el abismo. Conoció en la emigración revolucionaria que laboraba en los Estados Unidos grandezas y miserias humanas. Creyó que sería útil que él se pusiese al habla con los compatriotas que en Cuba sostenían la brega libertadora. Accedió a insinuaciones pacificadoras del notable abogado habanero Nicolás Azcárate. Y se decidió a aceptar un salvoconducto español para venir al campo revolucionario.

   “Estuvo en el seno de la Revolución. Comprendió que era imposible entablar negociaciones de paz con España que no se basasen en el reconocimiento de la independencia de Cuba. Resolvió regresar a Nueva York. Recibió entonces el encargo de conducir algunos pliegos cerrados para la Junta Revolucionaria y el de acompañar desde la Isla hasta los Estados Unidos a Ana de Quesada, la esposa de Carlos Manuel de Céspedes.

   “Cuando se preparaba para tomar en un lugar de las costas de Cuba una pequeña nave Zenea fue capturado por tropas españolas. El salvoconducto que secretamente había aceptado de nada le valió. Fue considerado prisionero de guerra y sometido en La Habana a cautiverio y proceso severísimos.

   “"Un cruento vía crucis -dijo Salvador Salazar-, sufriendo todas las tristezas, soportando todos los vejámenes, lejos de los seres queridos, presintiendo el trágico desenlace, anciano física y moralmente por la amargura y la indignación a los treinta y ocho años de su vida: eso es, eso grava sobre la conciencia española los ocho meses de bartolina del pobre poeta. Ocho meses disputándose la presa la horda de chacales hambrientos y la dignidad española; ocho meses de horrible forcejeo para apagar en una noble frente la llama de la vida; para arrancar de un pobre cuerpo enfermo y débil un corazón saturado de grande e intenso amor, de un sentido de la ternura profundamente misericordioso; para callar un plectro que cantó, en la basa elegíaca que fue la esencia de un alma que el dolor hizo inmortal, los mejores versos de nuestro parnaso...

   “Al fin, el vate infortunado cayó, fusilado en uno de los fosos de la fortaleza de La Cabaña, en La Habana, el 25 de agosto de 1871. La furia de los ciegos servidores de la Colonia se descargó sobre su cuerpo. Su alma dejó huella durable en la Tierra.”

Adolfo Dollero en “Cultura Cubana (Pinar del Río)”, Imprenta de Seoane y Fernández, La Habana, 1921, página 75 se refiere a la condena del poeta Juan Clemente Zenea:

   “A fines de 1870 el poeta Juan Clemente Zenea fue comisionado para lograr un acuerdo con Céspedes y el Gobierno Español; pero a pesar del salvoconducto que había recibido por el último, fue aprehendido a principio de 1871 y ajusticiado el 25 de Agosto del mismo año, bajo el pretexto que había sido condenado desde 1853, y que no era menos insurrecto de los que combatían en la manigua.

   “Una verdadera monstruosidad!”

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