martes, 30 de agosto de 2016

UN DIA COMO HOY, EN LA HISTORIA DE CUBA.

POR: GUIJE CUBA

 Natalicios cubanos:




O'Farrill, Juan Ramón: -Nació en La Habana el 31 de agosto de 1861. Doctor en medicina y patriota. Emigró a Estados Unidos antes de que las autoridades hispanas, a las que había sido delatado, pudieran aprehenderle. Durante la guerra del 95 prestó los más eminentes servicios, no sólo con su pluma de periodista, sino con su celo en recabar fondos para las expediciones, amparar a familias emigradas, conspirar y demás deberes, por todo lo cual fue miembro de los centros que en la emigración sostenían la causa de Cuba. Bajo la República apenas ha tenido algún que otro puesto relacionado con la Sanidad y electo concejal del Ayuntamiento de su ciudad natal.

 El 31 de agosto en la Historia de Cuba

• 1896 -





- Entraron en el pueblo de Bolondrón las fuerzas cubanas al mando del general Eduardo García.

• 1895 -

- Sao del Indio.



Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 493-494 nos describe los acontecimientos del 31 de Agosto de 1895 en la Historia de Cuba:

   “La llegada del general Antonio Maceo a Ramón de las Yaguas, en la madrugada del 31 de agosto de 1895, había sido cuasi providencial. La suerte de la próxima polémica entre españoles e insurrectos iba a estar influida por aquel suceso, en absoluto inesperado por la columna procedente de Guantánamo. La acariciada captura del general José Maceo en la prefectura de La Casimba se transformaría en rudísima brega. Las huestes cubanas podían hacer morder el polvo a quienes soñaban con un desastre para ellas.

   “A la cinco de la mañana del 31 de agosto comenzó la lucha. Los españoles, que no habían dado importancia al tiroteo con que José Maceo quiso saludarlos desde la víspera, tomaron al amanecer el camino de La Pimienta, firmes en el designio de sorprender al caudillo en la prefectura de La Casimba. El primer percance que sufrieron provino de una emboscada dispuesta por José Maceo en el Palmar de Ampudia. La columna de Guantánamo avanzó, haciendo funcionar el cañón de que iba provista. Antonio Maceo entró en acción. Ordenó a Agustín Cebreco muy hábiles maniobras, tendientes a reforzar a José Maceo. Los doscientos hombres con que Cebreco arre metió por San Prudencio, en tanto José Maceo ocupaba la margen derecha del Baconao y la altura de Trucucú, depararon extraordinaria intensidad a la brega.

   “Los españoles acometieron y resistieron brava y obstinadamente. A los ataques de José Maceo y Agustín Cebreco opusieron admirable fortaleza, trabándose entre unos y otros feroz lucha. Rechazados más de una vez, redoblaban el ataque. Pero, en lo más crítico de la pelea, en los instantes en que más intenso resultaba el choque, Antonio Maceo tuvo la gloria de decidir la suerte de la acción. Atacó la columna de Canellas por retaguardia, rompió después el fuego por el centro, ocupó la altura de Sao del Indio y el cauce del Baconao por el paso de Camacho y obligó al enemigo a desandar parte de lo que había recorrido y a guarecerse en los montes de La Casimba después de sufrir gran número de bajas. La lucha, en medio de todo eso, fue terrible.

   “"Empeñada la lid -narró el cronista de la Revolución- en toda la línea, viéndose los rostros unos y otros, y oyéndose las mutuas imprecaciones como si con ellas se quisiera recargar el acento de la fusilería, se tomaron posiciones a paso de ataque y se recobraron a pecho descubierto, sin decidirse la victoria por ninguno de los dos bandos. Era mayor el encono allí donde luchaban cubanos contra cubanos; la gente de los Maceo con los hombres de las Escuadras, cual si unos y otros sintieran por igual la enormidad de la injuria y se inculparan recíprocamente el fratricidio. En la tremenda impiedad del encarnizado choque, aquellas tropas mercenarias hacían gala de su vigor y osadía, retando a las más animosas del partido opuesto. Querían que la pelea fuera con ellos solos, y no con los quintos de España: ¡admirable valor, pero grande la ignominia!"

   “La acción se decidió en favor de las armas cubanas. La posición de Antonio Maceo en las alturas de Sao del Indio, aprovechada por él con su habitual acierto, resultó inapreciable. Su gente llevó el denuedo a la temeridad. En su afán de apoderarse de la pieza de artillería de la columna de Guantánamo, arrolló a los que la defendían, penetró hasta el cuerpo de sanidad y se apoderó de cuantioso bagaje y del botiquín del enemigo. Nueve horas, desde las cinco de la mañana hasta las dos de la tarde, duró aquel combate, tan glorioso para las armas libertadoras. Ya a las fuerzas de Canellas, vencidas y maltrechas, no quedó sino el camino de la retirada.”

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