martes, 9 de agosto de 2016

UN DIA COMO HOY, EN LA HISTORIA DE CUBA.

POR: GUIJE CUBA


Natalicios cubanos:




Valiente Cuevas, Porfirio: -Nació en Santiago de Cuba el 9 de agosto de 1807 y falleció en Kingston, (Jamaica), el 12 de noviembre de 1870. Abogado, discípulo de Félix Varela y de la Luz y Caballero. En su ciudad natal fue consejero del gobernador general Lorenzo, quien implantó, por su consejo, la Constitución de 1812 en la zona de su mando y que al sobrevenir la pugna entre ese gobernador y el capitán general (el déspota Tacón) fue a Madrid a exponer la verdad de la situación en Cuba, mereciendo por ello ser extrañado de los dominios españoles. Anduvo viajando por Europa y América, estudiando sus instituciones políticas y sociales, hasta 1840 en que pudo regresar a Cuba. Ardiente revolucionario que consagró su vida a la independencia de su patria con “El Lugareño”, Anacleto Bermúdez y Pintó y en la Junta Cubana de Nueva York. En 1868 editó y repartió gratuitamente su obra en francés “Reformas en los islas de Cuba y Puerto Rico”, con un prólogo de Laboulaye, y fue Ministro Plenipotenciario de Cuba (República en Armas) en Francia e Inglaterra durante la revolución de Yara. Achacoso y enfermo, tuvo que retirarse a Kingston, en donde le sorprendió la muerte.

Guije.com - estudios en la cultura y la historia de Cuba El 9 de agosto en la Historia de Cuba

• 1633 -

- Muerte del Almirante Miguel Redin.




Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 449-450 nos describe los acontecimientos del 9 de Agosto de 1633 en la Historia de Cuba:

   “Durante el mando de la isla de Cuba por Juan Bitrián de Viamonte y Navarra, almirante de galeones y caballero de Calatrava, mando iniciado el 7 de octubre de 1630, las aguas antillanas fueron teatro de frecuentes contiendas. En los primeros meses del gobierno de Bitrián, y aun antes de llegar él a la Colonia, se desarrollaron repetidos sucesos de aquella índole. Los holandeses jugaron entonces papel importante. Ya en actitud defensiva, ya en actitud amenazadora, rondaron por las inmediaciones de Cuba a fines de 1630 y comienzos de 1631. Ocho urcas de bandera holandesa, dos de más de quinientas toneladas, todas de treinta a cuarenta piezas y con ochocientos combatientes, se presentaron a la vista de La Habana a mediados de abril de 1631.

   “El vecindario de La Habana tuvo al alcance de sus ojos a las naves holandesas por espacio de un mes. El enemigo situado en el Golfo no se opuso a que sucesivamente entrasen en la bahía las flotas de Veracruz, Honduras y Campeche que había estado aguardando. Estas flotas venían tan bien preparadas para combatir que la adversaria prefirió no mostrarse agresiva. Los barcos holandeses se retiraron de las inmediaciones de La Habana con rumbo a Matanzas. Y en Matanzas, viéndose amenazados por gente que había despachado Bitrián, soltaron unos cuarenta prisioneros españoles procedentes de un buque de Puerto Rico.

   “Sin embargo, el holandés enemigo no se alejó apresuradamente. Permaneció unos trece días contemplando a distancia La Habana, aunque sin amagos de acometividad. Para la gente de la plaza era imposible, en situación tan especial, conocer los designios de la armada extraña. Pero la inquietud que producía su presencia a la vista de la capital de la Isla al fin desapareció cuando, el 4 de junio de 1631, se alejó de las costas de Cuba.

   “Las amenazas de los holandeses sobre Cuba no terminaron entonces. Aunque Bitrián logró poner las cosas de manera que no tenían en la Isla fácil presa aquellos perturbadores de la normalidad colonial, sus ataques no se echaron de menos. El 9 de agosto de 1633 la almiranta de galeones de Cartagena peleó con una urca holandesa de mayor porte. La lucha, atroz y sangrienta, dejó en pésimo estado ambas naves. Pero la adversidad se mostró más dura para con los españoles, que sufrieron la pérdida del almirante Miguel Redin, destrozado por un cañonazo.”

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