domingo, 11 de septiembre de 2016

UN DIA COMO HOY, EN LA HISTORIA DE CUBA.

POR: GUIJE CUBA


El 11 de septiembre en la Historia de Cuba

• 1896 -

Calixto García en Baire.



Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 515-516 nos describe los acontecimientos del 11 de septiembre de 1896 en la Historia de Cuba:

   “Calixto García recibió a fines de agosto de 1896, hallándose en la zona de Tunas, cartas de Estrada Palma que le anunciaban la próxima llegada a Cuba de una expedición con armas y municiones para Oriente. Dos horas después supo el General que la expedición ya estaba en tierra cubana. Estas noticias hicieron concebir a García la esperanza de tener cañones con cuyos disparos haría a los ingenios de su departamento pagar buenas contribuciones a la Revolución. Sin contar con semejante fuerza coercitiva, obedeciendo órdenes del General en Jefe, él había paralizado la molienda en algunas fábricas de azúcar. Aquello le dolía, pero no dudaba de la justicia de la medida: era una iniquidad, a su juicio que moliesen los ingenios en Oriente y no en Occidente.

   “Pocos grandes hombres hubo tan generosos como Calixto García en la consideración de las ideas y los hechos de sus pariguales. A veces, realizando operaciones militares ordenadas por Máximo Gómez en oposición a su criterio, al alcanzar el buen éxito previsto por el General en jefe, se complacía en decir que la victoria era de éste, y no suya. A Tomás Estrada Palma tributaba el homenaje de su agradecimiento y de su admiración por la brillantez de sus esfuerzos en el exterior: el triunfo de la Revolución estaba seguro y próximo y a Estrada Palma pertenecería una gran parte de la gloria de la magna empresa. Estas ideas de García se robustecieron en los días en que se situó en Baire con las armas y municiones a fines de agosto de 1896 llegadas a Cuba.

   “En Baire se hallaba Calixto García el 11 de septiembre de 1896. Se sentía contento por estar en uno de los lugares históricos para las armas cubanas. Llevaba seis días allí, al pie de lo que había sido Baire, en medio de un espléndido potrero, como si no hubiese guerra. Ya toda la expedición había salido de la sierra. El General se preparaba para llevar más adelante los. pertrechos. De Guá, Bayamo, Tunas, Holguín, Mayarí y Cuba numerosas fuerzas bajaban a buscar armas y municiones. Mucho se había trabajado, pero todo quedaría compensado viendo a toda la gente libertadora bien equipada.

   “Calixto García fue informado en Baire de que un bando de Weyler prohibía la zafra. La noticia lo asombró. ¿Que se proponía el Capitán General? El caudillo cubano se alegraba, pues así ni él ni sus compañeros se verían obligados a destruir la riqueza del país. Ellos tendrían que hacer esto para impedir la molienda. Weyler los libraba de un gran dolor. Ciertamente, era admirable la entereza de los altos jefes de la Revolución, patriotas cabales: bajo la aflicción que les producía reducir a cenizas los medios de producción de la Isla, puesto que tamaño sacrificio era indispensable en el empeño de transformar a Cuba, lo afrontaban con ánimo viril.”

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