miércoles, 14 de septiembre de 2016

UN DIA COMO HOY, EN LA HISTORIA DE CUBA.

POR: GUIJE CUBA


El 15 de septiembre en la Historia de Cuba

• 1639 -




Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 523-524 nos describe los acontecimientos del 15 de septiembre de 1639 en la Historia de Cuba:

   “El maestre de campo Alvaro de Luna y Sarmiento llegó a La Habana con su hermano el conde de Salvatierra, que estaba nombrado virrey de México. Inició su mando el 15 de septiembre de 1639. Tomó la dirección del país en situación no muy halagüeña. La necesidad de defender la Colonia era grande. La Habana, sobre todo, demandaba la adopción de medidas urgentes que la pusiesen a salvo de frecuentes agresiones de los extranjeros.

   “Baldías habían resultado las prudentes iniciativas concebidas en la Corte respecto de la defensa de la plaza de La Habana. Desde 1635 el virrey de México tuvo instrucciones para aumentar los situados de Cuba con la suma de treinta mil pesos anuales, a fin de amurallar la ciudad. Mas aquellas providencias no pasaron de tales por el momento. El maestre de campo Francisco Riaño y Gamboa, que ocupaba la Capitanía General, no se decidió a iniciar los trabajos, bien por la insuficiencia del subsidio proveniente de México, bien por carecer de personal técnico para dirigir la fábrica en proyecto.

   “Poco después de hallarse Alvaro de Luna en Cuba llegaron a la Isla noticias de la insurrección de Portugal contra la dominación española, procedentes del Brasil y acompañadas del rumor de que portugueses y holandeses, aliados, atacarían La Habana. Por determinación propia y para cumplir órdenes regias, concebidas y dictadas por el conde-duque de Olivares, Luna desarrolló una doble acción: la encaminada a resistir el anunciado ataque de portugueses y holandeses y la dirigida contra los portugueses residentes en Cuba. En lo primero, abasteció de armas y municiones las fortalezas existentes en La Habana, las mejoró y apresuró la construcción de torreones en La Chorrera y Cojímar, al Oeste y al Este, respectivamente, de la capital de la Isla. En lo segundo, emprendió con criterio inflexible la expulsión de los portugueses, cuyos bienes confiscó.

   “El maestre de campo Alvaro de Luna demostró que su buen deseo era capaz de mucho. Se desentendió de las cosas de justicia, cuya administración confió al auditor Fernando de Aguilar, y se consagró a dirigir el mejoramiento de los medios defensivos de la plaza y sus inmediaciones. Ideó convertir los bosques y las malezas que circundaban La Habana en reductos naturales mientras no fuesen levantadas las murallas. Llegó a prohibir, para satisfacer su propósito, que se abriesen nuevas sendas por allí, y completó la norma con una sanción tan severa como la consistente en la pena de muerte para quien violase el precepto. Con todo aquello, lo mismo que con posteriores esfuerzos, Luna pretendía colocar a La Habana en situación defensiva.”

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