viernes, 11 de noviembre de 2016

Donald Trump no tiene varita mágica





Dr. Darsi Ferret
Miami, Florida. 10 de noviembre de 2016.
El resultado de las elecciones presidenciales de EEUU muestra una longeva realidad; que el ser humano se resiste a los cambios, se aferra a la comodidad o seguridad de los esquemas y paradigmas conocidos. El voto por Donald Trump, en general consistente en hombres blancos caucásicos de valores religiosos conservadores, manifiesta la resistencia mayoritaria de ese sector demográfico a la evolución de la nueva época globalizada que vive la humanidad. Situación que resulta toda una quimera, ya que es imposible frenar los nuevos tiempos o cambiar la dirección de la dinámica global.
El discurso simplista, rabioso, discriminatorio, agresivo y manipulador del electo Presidente, conectó con arraigo en los sentimientos de rechazo, miedos, complejos, resentimientos e inseguridades que arrastran de modo progresivo muchos de esos blancos norteamericanos, en la medida que su supremacía ha ido menguando durante los últimos años, como consecuencia normal e invariable de la modernidad.
Para ese componente de la población aún mayoritario de hombres blancos religiosos de clase media y baja, más que incomodidad resultaron intolerables el cúmulo de transformaciones inesperadas que se han ido instaurando en la realidad nacional, y que asumen como amenaza directa a su estatus privilegiado dentro del país, e igualmente en la actual disputada condición primordial de la nación frente al resto de los países.
La conquista y ocupación por ocho años de la Casa Blanca por un negro la tragaron pero no la digieren. Tampoco les resulta aceptable la posibilidad de que una mujer con visión y proyección globalizada fuera la sustituta en la Oficina Oval. Se aterran ante el incremento continuo de su mezcla con inmigrantes latinos y de otras nacionalidades, con los que deben compartir, además, la igualdad de libertades y derechos. Les resulta inquietante la mayor preponderancia en las exigencias y desempeño en todos los ámbitos de las mujeres. También el aumento en la presencia y fuerza de los reclamos de la población afroamericana, de los gay y transgéneros, del sector mayoritario de los jóvenes. Salir a enfrentarse y derrotar todos esos elementos desestabilizadores del viejo orden, sirvió de catalizador para que cerraran filas detrás del candidato Donald Trump, como su esperanza de regreso, o añoranza de vuelta atrás.
Lo tragicómico de este melodrama es que de las promesas y esperanzas salidas de la dura campaña por la presidencia solo se cumplirá el retorno de un "igual" a la Casa Blanca. El resto es retórica y pura fantasía.
Los fanatizados votantes de Trump asocian erróneamente el "Hacer Grande a EEUU Otra Vez" con el "quiero de vuelta lo que me corresponde por derecho divino". Se trata de algo así como: mi lugar social prioritario y por encima de los "otros", con mi nación de potencia más poderosa a nivel mundial sin competencias. Lo aberrante es que aspiran regresar a la Era anterior pero conservando el teléfono Smartphone, las computadoras, satélites y otros determinantes artefactos de la actual época. Todo un imposible.
Es precisamente la indetenible Globalización, el Internet, las redes sociales y demás tecnologías modernas las que han arrollado con sus fuerzas transformadoras los paradigmas que hasta hace poco garantizaron el viejo status quo. La administración de un Donald Trump solo podría retrotraernos al EEUU al que se refería manipuladoramente y que anhelan los resentidos, si tuviera la capacidad mágica de sellar el país y desterrar las tecnologías y dinámicas de la modernidad que le acompañan. De lo contrario, con su uso las mujeres cada vez reclamarán más derechos de participación y para hacer con sus cuerpos lo que decidan; los jóvenes protestarán con más fuerza ante las prohibiciones del consumo de marihuana; los negros en contra de la discriminación y por la igualdad de derechos; los gay por el casamiento entre personas del mismo sexo y la posibilidad de adopción en igualdad con las parejas heterosexuales; los latinos y otros inmigrantes por la aspiración de compartir el sueño americano mientras huyen despavoridamente de la miseria en sus países; los empresarios seguirán con sus fabricas donde más rentable les sean; los consumidores comprarán los productos más baratos sin importarles el Made in...
Aunque el Partido Demócrata resultó perdedor en los tres órganos en disputa (Oficina Oval, Senado, Congreso) el resultado electoral no se relaciona con una causa partidista. Fue el propio Trump quien desató la guerra total contra la formación republicana, a la que no lo unen lazos ideológicos y solo la utilizó de vehículo para entrar en la contienda. Relacionar la victoria del multimillonario y egocéntrico Showman con el voto de castigo contra el stablishment también es un error, en todo caso podría definirse como "voto nostálgico", por lo perdido.
A nivel de país, sencillamente en el mundo multipolar que se vive luego de la caída del Muro del Berlín, EEUU no cuenta con soluciones unilaterales para ninguno de los grandes desafíos a los que se enfrenta la Humanidad. Hablar de derrotar al terrorismo es similar a decir que se va a erradicar la prostitución. En el Medio Oriente se da la guerra a los grupos radicales extremistas en medio de profundos conflictos religiosos, étnicos, hegemónicos, tribales, sociales y culturales, que inmiscuyen a la vez en varios bandos a enemigos y aliados. Tener solución para el tema del narcotráfico internacional, la trata de personas y el tráfico de armas, es tan idealista como aquella aspiración de instaurar el comunismo y eliminar los Estados. Tampoco hay modo de resolver el problema migratorio, menos con el cuento infantil de expulsar a todos los indocumentados y tapar los huecos de entrada al territorio nacional con la construcción de muros. Así como alocado resulta la estigmatización de 1.500 millones de musulmanes para atenuar el choque de culturas.
La única alternativa que tiene realmente la nación norteamericana para lidiar con los problemas globales es construir alianzas con el resto de las naciones amigas y responsables. En el nuevo contexto mundial se hace obligatorio trabajar de modo multilateral y cooperar en los asuntos de seguridad, lucha contra el terrorismo internacional, narcotráfico, migración ilegal y demás flagelos mundiales.
En el tema económico, EEUU no padece ninguna decadencia, por el contrario, cada vez se reafirma más como la potencia hegemónica mundial. En esta nueva Era es por mucho la nación líder en las tecnologías, en las grandes industrias del conocimiento, y hasta ocupa el primer lugar global desde hace unos pocos años en la producción petrolera. Un solo dato ilustrativo: de las 500 empresas más poderosas del mundo, 133 son estadounidenses. Las declaraciones de que hay que prohibir o limitar la entrada de bienes o productos importados de otras naciones, o que se traerán de vuelta las fábricas nacionales asentadas en otros países es mera historieta con fines electorales.

Lo ocurrido en las urnas este 8 de noviembre no es otra cosa que una simple desaceleración del ritmo evolutivo que de modo indetenible seguirá la nación norteamericana sin importar quien esté en la Casa Blanca. La sociedad de EEUU cada vez será más moderna, diversa y heterogénea. A pesar de los lamentos de determinado grupo demográfico, no habrá saltos al pasado y continuará su proceso de liderazgo en medio de esta época globalizada que se está imponiendo con sus nuevos preceptos y esquemas postindustriales. La victoria de Hillary Clinton en el conteo del voto popular, con el favor de la mayoría de las mujeres y la suma de las demás minorías que componen la población norteamericana es un reflejo de este hecho.

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