viernes, 4 de noviembre de 2016

TRES TRAMPAS QUE HUNDIRÁN A HILLARY


Por Alfredo M. Cepero
Director de www.lanuevanacion.com
En el largo proceso de una zigzagueante campaña electoral que ha mantenido en vilo a la población norteamericana, la semana pasada ha sido sin dudas la más desastrosa para las aspiraciones presidenciales de Hillary Clinton. En el corto período de tiempo de siete días salieron a la luz tres trampas de la vida política de Bill y Hillary Clinton. Como ya es de conocimiento general, estos tramposos han hecho del engaño un modo de vida en su carrera desenfrenada hacia el enriquecimiento personal y la acumulación de poder político. Me refiero a los recientes aumentos de primas de la Ley de Seguro Asequible (Obamacare), a la reapertura de la investigación criminal por el FBI del escándalo de los correos electrónicos de la candidata demócrata y a las revelaciones sobre el enriquecimientos personal de los Clinton al amparo de una fundación caritativa. 
El Obamacare que Hillary defiende como propio fue aprobado sin un solo voto republicano y utilizando el engaño por parte del mentiroso en jefe. En su proceso de venta del proyecto, Obama le aseguró a unos crédulos norteamericanos que podrían mantener tanto su médico como los seguros de salud que tuvieran en el momento en que fuera aprobada la ley. En el colmo del cinismo por parte del vendedor y al amparo de la ignorancia de los compradores, Obama llegó a vaticinar que cada familia norteamericana se ahorraría un promedio de 2,500 dólares en primas al año. 
Y todavía más desconcertante fue el hecho de que, a pesar de las revelaciones de su arrogante arquitecto Jonathan Gruber sobre las artimañas utilizadas en su venta, el pueblo norteamericano siguió creyendo en las mentiras de Obama sobre su proyecto bandera. Finalmente, el castillo de naipes se vino abajo cuando la semana pasada fueron anunciados no sólo los aumentos siderales de las primas sino los incrementos abusivos de los deducibles del Obamacare. 
Aunque los muy pobres recibirán ayuda del gobierno para pagar las primas con dinero de nosotros los contribuyentes, la clase media queda abandonada a una suerte más incierta aún que la que tenía antes de la aprobación de la ley. A quienes digan que la ley no fue auspiciada por Hillary sino por Obama los refiero a recientes declaraciones de la candidata demócrata donde dijo que "antes de Obamacare este proyecto se llamó Hillary Care en 1993", cuando la señora era Primera Dama. Estos acontecimientos son ominosos para las probabilidades electorales de Hillary porque cuando los votantes sienten que le asaltan los bolsillos tiran la ideología por la borda. 
La segunda revelación dañina de la semana pasada fue el correo electrónico de Doug Band, la mano derecha del ex presidente Clinton en el torrente de cash generado por la organización "Clinton Inc.", que fue dado a la publicidad por Wikileaks. A través de Clinton Inc., Bill y Hillary han creado la primera maquinaria política del Siglo XXI al estilo de Tammany Hall, que prostituyó la política norteamericana por una buena parte de los Siglos XIX y XX. También es importante mencionar que la otra promotora de estas actividades de generación de cash es Huma Abedin, por su parte la mano derecha de Hillary Clinton.
Y, por aquello de que no hay honor entre ladrones, el correo revelado por Wikileaks detalla la pelea de "perros y gatos" entre Doug Band y la aprendiz de delincuente Chelsea Clinton. Cuando Chelsea acusó a Band de utilizar el nombre de su padre para el enriquecimiento propio, Band le disparó con todos sus cañones y le dijo que quién se había enriquecido de manera grotesca había sido Bill Clinton. Citó como ejemplo los 50 millones de dólares ya generados y los 66 millones pendientes de ser recibidos en los próximos once años, gracias a las operaciones de Clinton Inc., manejadas por Doug Band. 
Sin embargo, la bomba nuclear de estas elecciones hizo explosión el viernes 28 de octubre. Ese día, el Director del Buró Federal de Investigaciones envió una carta a los líderes de la Cámara de Representantes anunciando su decisión de reabrir la investigación criminal contra Hillary Clinton. Una investigación que muchos analistas consideraban concluida cuando James Comey declaró el 5 de julio que no habían bases para recomendar un enjuiciamiento de la candidata demócrata. Desde julio, Comey había sido objeto del fuego concentrado de los republicanos. A partir de esta nueva decisión, se convirtió en un hombre entre dos fuegos, ahora del fuego concentrado de los demócratas y sus aliados en la prensa de izquierda.
¿Qué deseo suicida pudo haber impelido a este hombre a tomar dos decisiones tan impopulares y de tanto riesgo para su prestigio profesional? Admito que, a partir de ahora, estoy entrando en el campo de la especulación. Pero una especulación compartida por analistas políticos de reconocida objetividad y de amplios conocimientos en estos asuntos. Con un legado tambaleante en tantos aspectos de su desempeño presidencial, Barack Obama está determinado a impedir a toda costa una presidencia de Donald Trump. La orden a la Secretaria de Justicia, Loretta Lynch, ha sido, por lo tanto, impedir cualquier enjuiciamiento de Hillary. Y Loretta Lynch no es sólo la jefa de James Comey, sino la única que tiene la última palabra en cuanto al enjuiciamiento de la Clinton por los delitos supuestamente cometidos por ella. De ahí la negativa de Comey a recomendar en aquel momento un enjuiciamiento que habría puesto en tela de juicio la imparcialidad de su jefa. 
Pero, tal como ocurre con harta frecuencia, el libreto que escribimos los seres humanos es cambiado muchas veces por acontecimientos más allá de nuestro control. En este caso por una investigación criminal que, a todas luces, nada tenía que ver con los delitos de Hillary en el manejo de sus correos electrónicos. El FBI estaba conduciendo una investigación sobre los delitos del depredador sexual Anthony Weiner, ex marido de Huma Abedín, como ya hemos establecido la mano derecha de Hillary. Este personaje sujeto a cualquier tipo de extorsión había compartido con su ex esposa una computadora portátil en la cual habían quedado rastros sobre la forma en que Huma había participado en la trampa de los correos. Computadora que Huma no reveló cuando fue entrevistada por el FBI y que ahora Weiner ha entregado en forma voluntaria. 
Informado por sus subordinados sobre la existencia de estas nuevas pruebas, Comey tomó la decisión drástica de mandar su carta a los líderes de la cámara baja. Quienes conocen los mecanismos de investigación del FBI afirman que tiene que haber sido algo de suma importancia para que Comey diera este drástico paso. Una decisión que lo sitúa en franca confrontación con la Secretaria de Justicia. Pero, después de haberse entrevistado por más de media hora en privado con Bill Clinton, la Lynch ha perdido todo tipo de credibilidad.
La opción para el Director del FBI era mantener cerrada la investigación y esperar por los resultados del 8 de noviembre o dar la voz de alerta antes de las elecciones presidenciales. Optó por romper un silencio que, de haberlo mantenido, pudo haberlo convertido en el hombre que facilitó la elección de una presidente que podría ser sometida a juicio político. Estoy seguro de que recordó los infortunados acontecimientos de Watergate. En noviembre de 1972, Richard Nixon le propinó una soberana pateadura a George McGovern cuando le ganó 49 de los 50 estados. Veintidós meses más tarde, en septiembre de 1974, Nixon se vio obligado a renunciar ante la amenaza de ser sometido a juicio por la Cámara de Representantes. Para Comey llegó la célebre hora de "sálvese el que pueda" y se dio a la tarea de salvar el poco buen nombre que aún le queda.
Tiene, sin embargo, que arreglar el entuerto que él mismo ha creado. Ya no tiene marcha atrás si quiere impedir la crisis constitucional en que se ha convertido este infortunado incidente. Con su entrega de la computadora, no hay dudas de que Weiner está cooperando. Con su negativa a reconocer la existencia de la misma durante sus declaraciones ante el FBI Huma mintió y podría verse expuesta a largas penas de privación de libertad. Es hora de ponerlos a cantar a los dos para determinar la responsabilidad directa y probable culpabilidad de Hillary Clinton. Estos dos sujetos saben que los Clinton han lanzado por la borda a sus anteriores cómplices de tropelías. Por lo que estoy seguro que cantarán como canarios.
Por su parte, Donald Trump debe concentrarse en destacar estas violaciones de la legalidad y de la moralidad sin excederse en adjetivos ni sucumbir a provocaciones. Limitarse a exponer sus programas para salvar a América de la catástrofe en que se encuentra. La Hillary irá hacia abajo arrastrada por la fuerza de gravedad de sus propios delitos que ya no pueden ser ignorados ni siquiera por quienes la defienden en la prensa controlada por la izquierda. Podríamos estar en el umbral de un nuevo amanecer de esperanza.
11-2-16
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