Cuba cuenta con una de las poblaciones penales más altas del mundo, con casi cien mil internos y unas 200 cárceles. El gobierno no ha permitido nunca la inspección internacional de dichas instalaciones.
Los centros de internamiento de la isla carecen de las condiciones de salubridad necesarias. El hacinamiento, la mala alimentación y la deficiente atención médica han sido causa de frecuentes brotes de tuberculosis, enfermedades diarreicas agudas y otras transmitidas por parásitos como la escabiosis.
Como advierte Human Rights Watch, el Covid-19 presenta un mayor riesgo para las poblaciones que viven muy cerca unas de otras. El riesgo es particularmente agudo en cárceles y centros de detención, donde las poblaciones bajo custodia incluyen a personas mayores y con afecciones de salud crónicas graves, lo que significa que tienen un mayor riesgo de contraer el Covid-19.
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