miércoles, 21 de julio de 2021

Apuntes para una historia de las manifestaciones populares

  21 de julio de 2021
 
Cuba Insight
A publication of the Cuban Studies Institute
 

Apuntes para una historia de las manifestaciones populares 
anticastristas en Cuba

  

                                                 *Por Vicente Morín Aguado

I-Antecedentes.

La oposición popular al movimiento social que Fidel Castro llamó Revolución, comenzó tan pronto como los cubanos mas suspicaces apreciaron dos rasgos de su actuación política: el rechazo a los mecanismos democráticos tradicionales, consagrados por la constitución de 1940, que El Comandante juró restaurar desde el juicio seguido contra su persona por los sucesos del Moncada en 1953 y, el ataque, primero gradual y muy pronto masivo, contra la propiedad privada.

El apoyo mayoritario al carismático líder de verde olivo ha opacado ante la historia otras verdades evidentes: En abril de 1959 habían alzados en Pinar del Río combatiendo al castrismo, bajo el liderazgo del joven Fernando Pruna Bertot; le siguieron centenares de guerrilleros en el Escambray al centro del país, contra los cuales Castro envió una oleada de decenas de miles de milicianos y, en vísperas del desembarco por Bahía de Cochinos, más de 20 mil presuntos opositores fueron apresados en un operativo policial a todo lo largo del país.

Entonces se habían consumado los requisitos básicos previstos por Carlos Marx y Federico Engels en El Manifiesto del Partido Comunista (1848), al definir la dictadura del proletariado: la casi totalidad del país era propiedad del estado y los partidos políticos habían sido suprimidos junto con las libertades individuales, creándose el estado despótico totalitario de un solo partido. 

El 16 de abril de 1961 El Comandante proclamó, bayonetas en alto, El socialismo. 

II-Las primeras voces callejeras después del silencio absoluto.

Implantado el nuevo régimen al estilo de Lenin y Stalin, bajo sustento económico y militar soviético, la oposición pública fue silenciada totalmente. La condición de isla y el dominio sobre los medios de comunicación, contribuyeron decisivamente a callar todo brote de resistencia en el país. 

Tal silencio no significó la ausencia de un evidente rechazo al socialismo, la prueba está en las siete mil 365 víctimas del régimen, meticulosamente registradas por la ONG Archivo Cuba, multiplicadas por tres al hablar de prisioneros políticos.

Escapar del presidio insular llegó a ser la única opción para tantos opositores, desde aquel momento y hasta ahora, las únicas manifestaciones masivas antigubernamentales en el país han estado asociadas al asunto migratorio.

Los sucesos de la embajada del Perú, cuya consecuencia directa fue la crisis del Mariel en 1980, demostraron que el adoctrinamiento revolucionario, muy a pesar de vivir Cuba su luna de miel con la URSS, no había logrado la deseada unanimidad de apoyo al socialismo y tampoco aparecía el hombre nuevo, pilar de la sociedad que estaba siendo diseñada a pulso según preconizó el Che Guevara fusil contra fusil.

La siguiente asonada popular ocurrió el 5 de agosto de 1994, abarcando los barrios cercanos al mar en la capital cubana, por lo cual se le ha llamado “el maleconazo”.  Ese día expresaron su desesperación varios miles de cubanos, ante la frustración de un esperado convoy de embarcaciones que supuestamente abriría un portal migratorio. Se vivían los inicios dramáticos del llamado periodo especial.

Desaparecida la Unión Soviética y con ella los subsidios millonarios que sustentaban una economía francamente parasitaria, se impusieron largos apagones, la carestía de productos básicos había contraído el mercado nacional, comenzando la dolarización con una apertura al turismo, respuestas emergentes para las cuales no estaba preparada la población. 

El “maleconazo” está siendo comparado erróneamente con los acontecimientos actuales, nada mas falso. Los hechos quedaron circunscritos a un área reducida de la ciudad y no hubo consignas políticas, ni reclamos concretos al régimen. Una semana después, el astuto Comandante abrió las costas cubanas a los balseros, originándose otra crisis migratoria que, optando diversas variantes, permanece viva.

El resultado más importante de ambos acontecimientos masivos fue la renovación del núcleo esencial del exilio, radicado en los Estados Unidos. Estos emigrantes no habían perdido nada con la llegada de la revolución, expresaban el anhelo por lo que de alguna manera sabían que podían alcanzar, imposible en la Cuba socialista.

Estamos hablando de lo que, al paso del tiempo, se ha llamado El Bloqueo Interno.

III-La rebelión del 11 de julio de 2021.

Precisamente la reciente rebelión popular está centrada en reclamar el fin del bloqueo interno, que puede resumirse en las consignas coreadas por miles de voces, desafiando la represión:

¡Patria y Vida! ¡Abajo el comunismo! ¡Escuchen al pueblo! ¡No tenemos miedo!

Se unen otras frases del lenguaje marginal, muy en boga, pidiendo la renuncia del presidente marioneta del Partido Comunista, Miguel Díaz-Canel.

A pesar de vivir la tragedia del Covid-19 en su mayor expansión, combinada con una carestía crónica de alimentos, insumos médicos y otras necesidades básicas, los manifestantes expresaron escasamente esas carencias, el sentido eminentemente político prevaleció, algo que mucho preocupa a los represores.

Sin obviar las causas directas de su justo reclamo, los cubanos han madurado al punto de señalar con acierto la solución de sus desventuras: cambiar el sistema imperante desde hace 62 años.

Anteriormente varios conatos de manifestaciones masivas fueron resueltos por el actual gobierno antes de que cobraran fuerza, pero adelantaron el camino hasta hoy, en particular citamos la convocatorio a la marcha de los girasoles en octubre 2019, ahogada al detener casi 500 activistas, y los cientos de jóvenes concentrados frente al ministerio de cultura el 27 de noviembre pasado, engañados bajo la promesa de un diálogo que jamás se realizó, recibiendo a cambio hostigamiento de todo tipo.

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*Vicente Morín Aguado es periodista independiente asociado al Havana Times.  Este es el octavo de varios trabajos exclusivos para el Instituto de Estudios Cubanos de Morin Aguado que ahora reside en los Estados Unidos.
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