viernes, 17 de marzo de 2023

MI TESTAMENTO

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MI TESTAMENTO 

Por Luis Rodríguez Pérez (esposo de Angélica Garrido) 

en Facebook el 16 de marzo de 2023


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María Cristina y Angélica Garrido


(No voy agredir a nadie, no voy a intentar escapar, no voy a insultar a nadie; lo que me acontezca, es por la LIBERTAD) 


Como los campesinos de mi niñez, que miraban al cielo despejado y decían, para sorpresa de todos: 

-" Por ahí viene una tempestad" 


Así, ahora, que no he parado de sufrir, que padezco la angustia sin nombre por la salud de mi esposa, profetizo, el instinto me asegura, que viene para mi persona un feroz y despiadado ataque. No sé, si termina en prisión o si termina en mi muerte. No soy dramático, ya lo verán. Por esto, les dejo mi Testamento, lo que más me importa:  


Angélica Garrido Rodríguez y María Cristina Garrido Rodríguez, son hermanas. Ambas, viven en Quivicán, provincia Mayabeque. Angélica, tiene 44 años y dos hijos de 17 y 18 años de edad respectivamente; Mari, tiene 42 años de edad; ella, tiene una hija de 22 años (recién graduada en la Universidad) y un varón y una hembrita, jimaguas, de 12 años. 


El 11 de Julio del 2021 marcharon junto a su pueblo, pidiendo, Libertad. La manifestación fue extraordinariamente pacífica, sin dudas, gracias a que los agentes represivos no estuvieron presentes. Tan pacífica fue que, junto al pueblo, representantes del gobierno en el municipio, buscando un diálogo o algo que detuviera la manifestación, se encontraron marchando también. Así ocurrió la manifestación aquella: el pueblo y los representantes del gobierno (una minoría muy insignificante) caminaron juntos, mezclados, y no ocurrió ningún incidente de violencia, ni una falta de respeto entre ellos. Ese día, no se rompió una vidriera, no se le dobló una rama a un árbol; parecía una fiesta, un carnaval; todo era alegría; era el sabor nuevo e intempestivo de la LIBERTAD. 


Al otro día, cuando las hermanas salieron de compra, fueron abordadas por dos autos (un patrullero y el carro personal del jefe de la policía municipal), también frenaron junto a ellas, tres motos con personal de la Seguridad del Estado (DSE) y oficiales de Departamento Técnico de Investigación (DTI). María Cristina, activista por los derechos humanos y con experiencia en el trato y carácter de estos "animales", conocedora de que le podían "fabricar" un delito, estiró sus brazos como una invitación pacífica a que la esposaran. Angélica, en cambio, nobel en estos asuntos políticos y represivos, además de encontrarse aún profundamente impresionada por los acontecimientos del día anterior, se alejó unos pasos y gritó: - ¡Quivicán, ayuda!


Al momento, un agente la agarró por detrás y con fuerzas por el cuello, mientras que otro, le tapaba la boca con sus manos. Tan violenta fue la escena, que Angélica perdió el conocimiento. Cuando volvió en sí, se sintió proyectada contra el pavimento, provocándole una lesión en la parte posterior del cráneo. Al recuperar nuevamente la conciencia, se hallaba sentada en el asiento trasero del auto del jefe de la policía, siendo forzada su cabeza hasta casi tocar el piso del carro; en idéntica posición, a su lado, viajaba su hermana; sin dudas, no querían que en su traslado, el pueblo las viera. Camino a la estación municipal de la policía, uno de los agentes que las acompañaba y que las forzaban a ir en esa dolorosa posición, extira uno de los brazos de Angélica y lo sostiene con firmeza, para que un compañero suyo, que viajaba en el asiento delantero, pudiera, sin impedimentos, doblar hacia atrás los dedos de ella, hasta hacerlos quebrar. A las súplicas de dolor de Angélica, él torturador le decía: - "Grita, grita ahora, que a tí te encanta gritar".


Después de unas horas, son trasladadas a un centro de investigación, en San José de las Lajas, muni…

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