lunes, 5 de mayo de 2025

«Una de mis pasiones es luchar contra el comunismo»


«Una de mis pasiones es luchar contra el comunismo»

«No existe el socialismo ‘seguro’. Si es seguro, no es socialismo. Y si es socialismo, no es seguro. Las señales del socialismo apuntan cuesta abajo a menos libertad, menos prosperidad, cuesta abajo a más desorden, más fracaso».

Margaret Thatcher

Es hija de cubanos —mamá y papá— y nació en Florida, Estados Unidos, dieciocho años atrás (2007).

Creció alejada, aparentemente, de los problemas que atañen a la isla de sus raíces, víctima de una feroz dictadura impuesta por Fidel Castro y sus esbirros el 1 de enero de 1959. Para ella, insisto aparentemente, eran ajenos la miseria, la represión, las torturas, el calvario que diariamente sufren los compatriotas residentes en esas sometidas fronteras donde disentir es prácticamente un delito de lesa humanidad.

Ella es una joven bien contemporánea, inmersa en las inmediatez tecnológica que nos rodea e invade nuestros recodos más íntimos; ella es una joven hermosa y sencilla, noble y humilde, inteligente e impermeable a los elogios que, en no pocos casos, envanecen y envenenan al ser humano; ella, mi sobrina por adopción, discreta, suspicaz, amante de las letras fue capaz de inyectarme una alta dosis de orgullo hacia su persona —digamos, que otra más.

Guerrera desde pequeña —supo sobreponerse a una escabrosa y muy delicada situación de salud— se encuentra en el umbral de la educación superior; de hecho ya fue merecedora de Licenciatura en Lengua Inglesa, lo que implica que transcurrido un lustro tendremos en la familia —familia adoptiva, pero familia al fin— otra graduada universitaria.

Sucede que le orientaron, como trabajo de clases, dar a conocer cinco de sus pasiones y, sin titubeos expuso: «Una de mis pasiones es luchar contra el comunismo».

«El libro negro del comunismo» (1997)—autores: Nicolas Werth, Jean Louis Panné, Jean-Louis Margolin, Karel Bartosek, Andrzej Paczkowski— denuncia, por ejemplo, que, a nivel mundial, el engendro macabro, fracaso total en sus múltiples intentos, ha provocado más de noventa y cinco millones de muertes por disímles causas: ejecuciones, hambre provocada, hambruna, guerra, deportaciones y trabajos forzados…

Enmudecí por escasos segundos cuando Lichy, mi esposa, me hizo el comentario de la respuesta de nuestra querida muchacha. Luego exploté eufórico, sorprendido y la imagen de ella creció tanto que se convirtió, mágicamente, en una colosal pequeña gigante.

El patriotismo no solo nace, sino se hereda y se instala en el occidente torácico provocando sentimientos que destrozan las tan nombradas noventa millas de su consanguíneo terruño; el mismo donde satisfacer las necesidades básicas se ha convertido en un hecho delictivo.

Gracias por tanto orgullo, mi niña.

Eres un ser de luz.


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