jueves, 7 de mayo de 2026

Colombia, retando la democracia.

 Colombia, retando la democracia.

Colombia es sin duda alguna uno de los países más sufrido del hemisferio, no es que el resto la haya pasado muy bien, pero en ese pueblo han incidido factores tan contrarios al estado de derecho, que es obligado preguntarse cómo ha sido posible que el sistema democrático haya sobrevivido tantos avatares.
No faltaran quienes arguyan que la democracia colombiana tiene muchos problemas, sin embargo, el censurador tendrá que admitir que soportar fuerzas irregulares que durante décadas han practicado la violencia extrema, incluyendo secuestros, asesinatos, masacres por acciones terroristas, reclutamiento forzoso de menores, abusos sexuales, todo, al ritmo de bandas que trafican enormes cantidades de estupefacientes, demanda una temperancia social y política de gran firmeza.
Este tema lo he tratado con suma frecuencia con mi amigo el intelectual antioqueño Horacio Puerta Calad, un hombre que adora a su país y su región y que repite con orgullo que Colombia fue el país del hemisferio que con más bríos sostuvo el bipartidismo, interrumpido, desgraciadamente, por la subversión castrista en la década del 60.
Para este antioqueño es importante que Colombia siga funcionando en los parámetros de la democracia liberal, que se respeten los derechos ciudadanos, que la separación de poderes no se convierta en una ficción y el que el país salga del desorden institucional que dejara el presidente Gustavo Petro, señalando que una eventual elección de Iván Cepeda terminaría de socavar los valores tradicionales de la nación, criterio que comparte el autor.
Debemos tener en cuenta que las instituciones colombianas, ojalá no se malogren, han soportado unos acuerdos de paz que han beneficiado a quienes contrariaban al estado, a pesar de lo cual, respetaron la voluntad de la mayoría ciudadana que en el 2022 eligió a Gustavo Petro, un líder político que combatió el sistema que ha estado presidiendo.
Los partidos políticos tradicionales han ido perdiendo fuerza, un proceso que se ha ido repitiendo en otras naciones como Venezuela, Peru y el resto del hemisferio, tal parece que el electorado no se percata de la importancia de los Partidos, fuente de estabilidad y cantera de funcionarios que se suponen obligados por su militancia, a cumplir ciertas normas éticas, aunque sabemos que siempre no lo hacen.
Este año, como corresponde en toda democracia, los colombianos elegirán a sus gobernantes en un ambiente político mucho más contrariado que el de los pasados comicios, como lo evidencia la veintena de atentados ocurridos en menos de 48 horas en áreas muy sensibles del país, a lo que debemos agregar que cada elección presenta actores y condiciones diferentes que pueden generar circunstancias impredecibles.
Estos comicios son mucho más complejos y pueden influenciar en el futuro del país de una forma particularmente determinante, razón por la cual, el electorado debe tomar una conciencia muy clara y precisa de sus responsabilidades, asumiendo que el voto es derecho y deber y que parte fundamental de ambas condiciones es estar debidamente informado sobre partidos y personas, incluida, las obras de vida de los aspirantes.
Puerta Calad y quien escribe, solo advierten sobre aquellos que tienden a denostar completa y absolutamente lo establecido. Cierto que hay innumerables situaciones y casos que enmendar, lo que dista mucho de promover cambios estructurales que propicien el establecimiento de una dictadura o impulsar reformas judiciales que lo único que procuran es el fin de la independencia de ese poder público.
Votar a cambio de prebendas es una gigantesca irresponsabilidad, así como hacerlo por una persona que puede agradar, restando importancia a sus propuestas. El elector está obligado de elegir a conciencia, para que no suceda lo que, a los votantes de Nicaragua y Venezuela, que eligieron mal, y ahora solo pueden fingir que ejecutan ese derecho.
El caso cubano fue distinto, pero no menos negativo. La ciudadanía se dejó encantar por una boa constrictora que les ha oprimido la existencia por completo.  
Por supuesto que los candidatos comparten la responsabilidad del futuro con sus electores, los candidatos deben ser sinceros en sus propuestas y proponer los cambios y ajustes necesarios sin temor alguno. La honestidad del postulante es fundamental, una mala gestión electoral puede conducir al votante a ejercer equivocadamente su derecho, influenciado por la falta de perspectivas y anhelos.


Pedro Corzo
Periodista
(305) 498-1714
TWITTER: @PedroCorzo43

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